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The dreams trip – El viaje de los sueños

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Décima Reseña de Viaje de los sueños.

Del 24 de junio al 4 de agosto de 2010

Del 24 de junio al 4 de agosto de 2010

Los días que se sucedieron en Acapulco, fueron marcados por

momentos buenos y malos. Siempre o casi siempre, a un buen

momento sucedía una mala noticia o viceversa. Esa fue la constante

de esos días.

El día que me robaron la cámara conocí a Martín Tanzarelli y por

consiguiente a su esposa Claudia (Hoy padres de Camila Cloe). Un

matrimonio Argentino – uruguayo que me dieron una gran mano en

esta ciudad. El día que recibo noticias de fondos frescos desde Perú,

mi esposa me avisa que la suegra se había caído y su salud no era

la mejor.

Fueron días de emociones fuertes. El mundial de futbol implicaba

la mayoría de los días, siguiendo desde aquí a nuestra selección.

Como siempre sufriendo hasta el ultimo minuto.

De pronto como uruguayo esa es nuestra forma de vivir las cosas.

Muchos de los días fueron espectaculares, el entorno donde me

alojaba, en la mitad de un cerro, desde el cual observaba todo a la

bahía a mis pies, con grandes charlas con Martín y Claudia donde

recordábamos nuestras tierras, en atardeceres magníficos y noches

de cenas típicas, donde discutíamos de Maradona y nunca nos

poníamos de acuerdo, de pescas y de familias en la lejanía.

La familia suya estaba en Los Ángeles, California, por lo cual

siempre hablamos de planes y posibilidades al llegar hasta allí.

La confianza que desarrollamos juntos me hacia pensar esperanzado

en la entrada en USA, y que podría resolver el tema de recursos para

el resto del viaje.

Una nueva noticia me daba energías nuevas: la posibilidad de

encontrarme con mi hijo, Sebastian en Vallarta.

Eso daba la necesaria fuerza para seguir camino.

Solucione el tema de la cubierta trasera que estaba desgastada

después de 20.042 klmts y logre arreglar la rueda donde siempre me

daba problemas. El herrero donde trabajaba Martín, logro hacer una

buena soldadura de aluminio y por lo pronto habíamos dado en la

solución para la trasmisión trasera.

Durante los días sucesivos surgió por intermedio de Oscar Ayala, de

El Mundo en Dos Ruedas, un contacto en la ciudad de Morelia.

De pronto allí podía encontrar la cubierta delantera que también se

veía maltrecha. La Cimarrona estaba preparada para seguir camino,

como siempre gracias a los amigos y en este caso a Iván Ayala, ese

peruano que junto a su familia son todo corazón.

Los últimos días fueron momentos de planear rutas y contactos para

adelante. Martín se mostraba preocupado por la frontera que había

elegido para cruzar a USA, le parecía Tijuana demasiada peligrosa.

Por lo pronto mi preocupación era llegar a Motul de Morelia y al

contacto de Oscar, para luego continuar hasta Guadalajara y llegar a

Vallarta para reencontrarme con Sebastian.

De a poco las cosas se clarificaban y podía disfrutar de mejores

momentos con quienes me alojaban: días de playa, de pesca y de

embarcarnos en la búsqueda del pez vela, el cual nunca pudimos

obtener. Lo único eran buenos ejemplares de pez sapo lo que

obteníamos. Cuando terminan las semifinales del mundial de futbol

decidí continuar rumbo a Morelia. La despedida de Martín y Claudia

fue cargada por la emoción de los días compartidos, y en la mañana

salimos a la ruta.

La ruta hacia Morelia tuve que hacerla entre la carretera libre y la

ruta de peajes, tratando siempre de esquivarlos. Como había sido la

constante no pague ningún peaje. Un camionero me había dicho el

secreto y hasta ahora me daba resultado.

Hicimos varios kilómetros cuando llegue en la noche a la Pemex de

Nueva Italia. Allí conocí a Julio Villanueva quien me recomendó que

no siguiera y que descansara allí, era un lugar seguro a las afuera de

la ciudad. Mas tarde estaba como si nos conociéramos toda la vida

con el personal: José García, Sergio y Jorge Ramírez.

Fue una noche intranquila donde me despertaba con cualquier ruido,

la experiencia del robo en Acapulco, había dejado su huella. Ahora

seria como la liebre, dormía con un ojo abierto y las orejas paradas.

En la mañana continúe camino hacia Morelia donde arribe como a

las tres horas. Recién comenzaba su día de labor la ciudad, ubique

al representante de Motul y me presente ante su gerente.

Aquí Motul estaba dedicado al segmento de lubricantes de autos,

igualmente me dieron una camiseta, refrescos y vituallas para el

camino. Desde el local me comunico con Luis García Chacon, el

amigo de Oscar. De inmediato me fue a buscar a un lugar que

coordinamos. Cuando llegue hasta allí, Luis había llegado con una

honda shadow. Después de las formalidades me llevo hasta su casa,

en un parque privado. La casa era deslumbrante, estilo colonial con

segmentos modernos.

-Esta es tu casa –me dijo

Y así fue como comenzó mi estadía en Morelia.

Luis era abogado, vivía en la casa con Fara su hija, una joven muy

delicada y dulce.

Luis era un fanático de las motos, ya había estado en Alaska y en

setiembre acompañaba a Oscar en el periplo hacia Ushuaia.

Su viaje a Alaska le había traído bastantes problemas conyugales,

pero ya los habían superado. Ahora vivía en bastante armonía con

su esposa y familiares.

Allí me quedaron grabadas imágenes del parque de sequoias en

USA, por lo cual se hacia una parada ineludible.

Luis era un excelente anfitrión, como toda la gente que lo rodeaba,

tenia un aura de buena persona y hacia todo lo posible para que mi

estadía fuera la mejor. El sábado fuimos a comer y ver el partido

Uruguay – Alemania con su esposa Mela y su suegro, Miguel Bernal.

Ya con su buena cantidad de años a cuesta, Miguel era un personaje

que engalanaba la cultura de Morelia y también de México.

Su padre había sido un músico afamado, fundador del conservatorio

de música que llevaba su nombre, afincado en la ciudad.

En honor a el, Miguel organizaba un movimiento musical anual

donde llegaban músicos de todas partes, desde sinfónicos hasta

jazz.

Era uno de los acontecimientos anuales de la ciudad y Miguel vivía

para hacer eso.

En la nochecita fuimos a conocer el casco antiguo de Morelia, la

ciudad de las mil iglesias y patrimonio de la humanidad. Se veía

un trabajo muy grande en la conservación de edificios y que la

alcaldía realmente trabajaba para su comunidad, reducto cultural de

todo México. Allí se respiraba el arte en sus calles. Fue una tarde

hermosa, esperando la iluminación de la iglesia principal a cargo de

la alcaldía, desde una cafetería donde nos rodeaba toda la vida de la

ciudad, con gente tan heterogénea.

Luis me mostró todo lo que le fue posible, con su grandeza organizo

una reunión familiar en su casa para ver la final de la copa del

Mundo.

Esa ocasión sirvió para conocer todo el resto de su familia. Había

acordado partir el lunes temprano rumbo a Guadalajara, en la

búsqueda de la cubierta delantera que en Morelia tampoco había.

En la mañana estaba partiendo hacia allí levando el calor solidario

de un amigo en el camino, esperaba encontrarme con Luis al regreso

en Uruguay y poder devolver tal ejemplo de hospitalidad.

Ya en Guadalajara me aboque a encontrar la cubierta delantera,

después de muchas vueltas di con ella.

Con la cubierta a cuesta desembarque en la Gomería Alemán

Llantas donde Carlos y Sergio me armaron la rueda gratuitamente.

Estos dos mexicanos no podían creer de donde había venido.

Luego de un rato de charla y bromas salí a buscar un alojamiento.

Ahora la Cimarrona estaba casi completa, lo que me aseguraba

el andar en carretera un poco mas tranquilo, sin estar pensando

cuando iban a reventar las cubiertas.

El cuerpo de Bomberos me negó el alojamiento por lo cual seguí

adelante buscando una estación de servicio donde dormir.

Al fin en las afueras conseguí una que me permitieron dormir.

La desventaja de dormir en las estaciones de servicio es que a las

seis tenes que estar en pie, pues entra otro turno y no te conocen y

además los ruidos de los camiones te despiertan constantemente.

Así que temprano estaba de nuevo en pie de batalla y luego de

desayunar estábamos prontos con La Cimarrona a emprender

camino. Anduve muchísimo camino, tenía la meta de llegar a

Vallarta lo más pronto posible. De esa manera el martes estaba allí.

Sebastián llegaba el jueves, por lo cual tenia un día y pico para

buscar algo donde alojarme y algo para hacer. Lo de hacer quedo

en nada, Vallarta estaba en mala temporada y vivían del turismo

esencialmente. Por lo cual estaban todos los comercios muertos.

Conseguí un hotelucho de mala muerte y me aloje con la moto. Me

dedique a conocer la ciudad y esperar que mi hijo llegara.

El jueves de mañana estaba presenciando el atraque del Mariner

of Sea. Espere que bajara Sebastián, pero pasaba el tiempo y no

aparecía. Impedido por las autoridades portuarias de ir hasta el barco

para contactarlo, logre que alguien fuera con un papel, donde anote

su nombre completo, hasta el barco. Allí lograron encontrarlo y al

rato con su pinta de latin lover apareció en el portón, donde esperaba

impaciente. Nos confundimos en un gran abraso. La alegría de

ambos era inmensa. Lo había dejado en casa junto a Raquel y su

hermana y ahora estaba ahí. Nos sentamos a charlar de ambas

aventuras un buen rato, hasta que decidimos buscar un lugar donde

comer. Como ya conocía la parte céntrica nos trasladamos hasta

allí y luego de un paseo donde nos íbamos poniendo al día de toda

nuestra vida, encontramos un lugar con wify, donde nos sentamos a

almorzar.

Fue una casualidad que en casa encontráramos a Alexa y

pudiéramos comunicarnos con ella. Fue uno de los momentos

mágicos del viaje. Mientras almorzábamos entre bromas y diretes en

la lapto estaba Ale compartiendo con nosotros todo ese momento,

como si estuviera allí. Para ella como para nosotros fue emocionante

y totalmente disfrutable el momento.

Al fin del almuerzo pasamos a ver La Cimarrona por el hotel y

acompañe a Seba de nuevo hasta el barco.

Permanecimos un buen rato hablando de planes y otras yerbas,

hasta que se despidió para regresar a su trabajo. En la empresa eran

muy exigentes y Seba no quería arriesgar su puesto. De nuevo otro

abraso apretado y lo mire alejarse hacia el Crucero, hasta que se

perdió en el camino. Me fui para el hotel con el corazón contento y

orgulloso del hijo que tenia. Lo habia visto bien y con la cabeza clara.

Luego de un rato en el hotel comencé a preparar las cosas para

seguir a la frontera con USA. Los Ángeles eran la próxima meta.

Deje todo listo para salir en la mañana.

Al otro día, luego de la aventura de esquivar peajes y a algunos

llorarles para que me dejaran pasar llegue en la tardecita a Culiacán.

La pase de largo y en las afueras me arrime a la PEMEX La báscula,

donde conocí a Héctor Carillo, quien era vigilante del lugar. Se sentó

cerca de la moto y la vigilo durante toda la noche. Mientras me subía

al techo y armaba mi cama sobre el. Fue una noche tranquila, donde

me encontraba seguro desde la altura, con una luna espectacular, de

tinte rojizo, que me cobijo hasta la mañana.

Fue la primera vez que dormía de un tirón en una estación, había

podido relajarme completamente y la brisa que soplaba me ayudo a

descansar. En el cambio de turno y luego de despedirme de Héctor

me dedique a hacer el desayuno. Un café con leche y un trozo de

pan eran suficientes para continuar camino. Puse rumbo a Guaimas

buscando acortar camino hacia Ensenada, en la Baja California

Norte. Quería conocer La Bufadora y su entorno. El desierto me

empezó a alcanzar de manera paulatina. La aventura de los peajes

me habia llevado a andar por entre los canales de riego, con tal de

no pagarlos. El costo superaba ampliamente el gasto de gasolina

diario. Al caer la tarde llegaba a Guaimas, enclavado en un paisaje

hermoso, desde su puerto se llegaba hasta Santa Rosalía en la Baja

California, por intermedio de un Ferry.

600 pesos por mi, y 1300 pesos por la moto dictaminaron que

siguiera viaje, rodeando el golfo hacia Ensenada. Le dimos duro en

la noche cruzando el desierto rumbo a San Luís, luego desviando

hacia puerto peñasco y adentrándome en el desierto cada vez mas.

La nota destacable fue el cruce de un par de coyotes por la carretera.

Otra noche en un techo de estación de servicio y en la mañana de

vuelta a enfrentar el desierto. Paso por Durango, destruido por el

temblor de abril y continúo por el desierto. Fueron momentos muy

duros para la Cimarrona, llegamos a 100 grados Fareheit en la

sombra, según testimonio de José Gutiérrez en el Choial. José era

un mexicano de Tijuana, que durante años anduvo por mal camino.

Se comió cuatro años en prisión, donde se dedico a leer y adquirir

conocimientos. Hoy en día esta en busca de un camino nuevo,

aunque las posibilidades son escasas, cuidando un rancho,

perdido en el desierto… Hablamos de todo, filosofía, política, fútbol

y…desierto.

Me aseguro que todas las personas terminan donde empezó todo.

Hasta ahora sigo reflexionando sobre esa rica charla en el desierto

inhóspito y solitario.

Después de enfriarnos un rato, comienzo la trepada de la montañas

que me separan del Pacifico. En una hora me termino poniendo

dos camperas para paliar el frío, hasta que por fin desemboco en

Ensenada. Fue algo magnifico bajar hacia la ciudad y reencontrarme

con el océano.

Pase la noche en un camping, donde me di un hermoso baño de

agua caliente que alejo el frío de mis huesos. Estaba cerquita de la

Bufadora, y esperaba despertar temprano para conocerla.

Al amanecer junto todo el bagaje y pongo marcha entre los

acantilados de la costa, llegando a la Bufadora. El mar estaba calmo

y el lugar sin gentío, por lo cual me quede largo rato contemplando el

juego del mar y las rocas…y el resoplido final. Era como una ballena

al llegar a la superficie, lanzando todo el líquido interior para respirar

de nuevo.

Al final pensé…bueno arrancandoga hacia Tijuana!

De vuelta los acantilados, hasta llegar a Tijuana, comienzo a

preguntar por donde llego a la frontera, hasta que un conductor me

dice que lo siga, que me dejaba en camino a la divisoria. Fue tan

certero que me dejo directo en los Estados Unidos. Nunca vi la salida

de México, ni su aduana. Directo a un funcionario norteamericano

que me derivo en una oficina con otro. Ambos hablaban ingles y yo

español por lo que se hizo difícil el entendimiento hasta que vino

una rubia que empezó a comprender lo que decía. Al fin me dieron

permiso hasta enero del 2011. Go to Los Ángeles!!!…Agarre la cinco

y me perdí en la freeway rápidamente rumbo a Pomona, parada

obligada para contactar a la gente de Motul. Estaba en tiempo de

cambio de aceite y eso era esencial, por encima de todo el resto.

Llegue en la noche por lo que estuve dando vueltas largo rato hasta

que un mexicano me presto un teléfono. Me empecé a contactar

con los números que Martín me había dado. Su amigo Javier estaba

lejos, Silvana no estaba en la ciudad y a los padres de el no quise

molestarlos. El mexicano me ayudo a esconderme detrás de la

estación de servicio, fuera de la vista de la patrulla y pude pegar

el ojo de a ratos pendiente de todos los movimientos que habían,

arrimado contra la pared, con las piernas extendidas.

Por la mañana me tome un café y fui hasta Motul donde

magníficamente fui recibido por Patty León, secretaria de Dave

Walman, quien era director de la compañía para toda la costa oeste.

Patty arreglo la entrega de aceite, liquido de freno y engrasador

de cadena y una camiseta, amen de que una compañera me diera

dinero para alguna comida. Había tocado sus corazones y por

primera vez en el camino sentía que era posible conseguir ayuda

para continuar el camino. Me dirijo hasta un taller de ventas de

partes automotrices Budget Auto Wrecking donde Ernesto Mendivil y

Octavio Duarte, (los dos mexicanos) me autorizan a cambiar el aceite

y algún detalle más de la Cimarrona.

En la tarde me dirijo hacia San Pedro, lugar donde era posible que

Sebastián desembarcara del crucero. En el camino me encuentro

con José Castro de Sound Centro, un salvadoreño que me ayuda y

me presta su teléfono para comunicarme con el consulado uruguayo

quien me deriva con un club de cultura uruguaya. Después de varias

llamadas y el “nos hubieras avisado quince días antes que venias…

y ahí podíamos hacer algo para ayudarte” prosigo hasta San Pedro.

Una vidrieria, también colabora para el camino. No me podía dar

trabajo pero si un poco de ayuda monetaria.

Sentado en el cordón de la vereda, observo que los dientes del plato

están demasiado filosos, por lo que me dirijo hasta un taller de motos

que había visto en la pacific avenue. Así llego a Century, pregunto a

quien me atiende (el en ingles y yo en español) mostrándole el plato

que posibilidades hay de conseguir un plato igual.

- Un momento – me dice y se dirige al fondo.

Vuelve con un hombre barbado y con los pelos tipo Eisten, pero

oscuro.

- Uruguayo?… y en una zanelita…Que grande!!!

Ese era Claudio Rosso, un argentino en los Ángeles, trabajaba de

mecánico en el lugar. Después de ponerlo al tanto de mi situación,

me propone que venga a la salida del trabajo, que en su casa tiene

algún lugar donde puedo quedarme y allí veríamos que tiene la moto.

Estoy al firme a la salida y lo sigo hasta Newoork. Claudio vive en

una casa rentada, junto a su esposa Marcela Occhione, sus hijos

Sebastián Leandro e Isabella.

Me empieza a mostrar el taller y las motos que ha conseguido por

aquí, revolviéndose en la compra, venta y reparación de motos,

desde su casa y el trabajo en Century.

Se comunica con su grupo de amigos y en los días sucesivos

voy conociendo a los miembros de Los Crotos, grupo motero al

que pertenece. Una noche llega Fernando, un uruguayo. Luego

conozco a Gonzalo “chiquito” Oderda. Un argentino con el corazón

tan grande como su físico. Claudio me lleva al taller de Osvaldo

donde me pongo a reparar el plato trasero. Osvaldo me atiende de

sobremanera, pero no podía solucionar el tema del mal estado del

plato y del piñón.

Claudio organiza un asado entre sus amigos, donde conozco al resto

del grupo, Osvaldo Quinteros, Gustavo Cesareo. Mas tarde viene el

otro Osvaldo con Su esposa y su hija. El chiquito me saca del apuro

de un principio de encaminar el carbón para el asado.

Entraña, chorizos y asado muy similar a nuestra tierra era el plato

fuerte. El tío de Claudio se arrimo también con su esposa.

El entusiasmo era enorme, el hecho de llegar hasta allí y en una

Zanella, tenia un valor mayor para los argentinos.

Pasamos una tarde espectacular, entre bromas, vino y cervezas.

Los días sucesivos sirven para poner la moto a punto para seguir

adelante, salgo en algunos paseos con ella conociendo Holiwood y el

paseo de las estrellas.

Claudio se conecta con un uruguayo Daniel Sosa y empiezan a

hacer una movida en busca de generar recursos.

Mientras sigo las visitas y voy a ver a Chiquito en su taller.

Atlantis Motor Bike en Subset Bvard, Silver Lake. El patrón, John Q

queda enloquecido con la aventura. Al final cargamos la moto en una

camioneta y paso la noche en lo de Gonzalo “chiquito”. La sorpresa

fue encontrarme con dos enormes peceras con igual de tamaños de

peces. En la casa había otro argentino, Javier Saldeña que resulto

ser amigo de la familia de Martín Tanzarelli. Javier se dedicaba a

hacer Tatuajes.

Estuvimos hasta tarde entre historias y bromas. Gonzalo había

tenido casi una historia paralela a la mía, abriéndose camino por si

mismo.

Recibo de parte de Ramón Farias una llamada poniéndose a

disposición en San Francisco, el panorama se empezaba a clarificar.

Empezaba a tener gente adelante, lo que me daba gran entusiasmo.

Todos teníamos la expectativa puesta en el domingo, en la gente

uruguaya. Daniel había mandado mails para mucha gente y toda

la familia de Claudio auguraba buenos presagios. Igualmente tenia

mis reservas, los uruguayos en el camino habian sido pocos, salvo

el grupo de Costa Rica, no había encontrado eco en otros. La

hermana de Marcela una noche me llevo a unas tiendas donde se

compra todo por un dólar, me lleno de comida para el camino y otros

accesorios. No sabía como agradecerle ese acto. Todos ellos habian

demostrado una gran onda para conmigo.

El domingo se presento Daniel Sosa e Irma, dos uruguayos de

ley y comenzamos a preparar la chorizada. Teníamos chorizos

argentinos, salvadoreños e italianos, amen de unas costillas

marinadas tipo México. Con el “chiquito” llegaron John Q y dos

amigos norteamericanos en sendas motos, además Adán Galván y

Fernando López. Osvaldo y familia y los locales Claudio y Familia.

Osvaldo se descolgó regalándome una campera de cuero, un par de

guantes para el frío y una camiseta.

Fue una tarde donde compartimos un gran momento contando

historias. Cada uno hizo su aporte al viaje lo que nos ponía rumbo

a San Francisco al otro día. Daniel e Irma estaban desilusionados,

los uruguayos eran una minoría. Trataba de hacerles comprender

que a lo largo del camino, fuera de mis amistades y alguno mas de

Uruguay, los que me habian dado la gran mano en el la ruta eran

argentinos y el resto de América. Uno nunca es profeta en su tierra.

Algo había recaudado y me permitía seguir en camino.

Esa noche empecé a juntar las cosas para seguir, dejaba un pedazo

de corazón con ellos.

Si hay algo que no tengo muy a menudo son palabras para

agradecer los actos que hace la gente para que cumpla mis sueños.

Esa gente queda grabada a fuego dentro de uno mismo y tal vez

tengamos la ocasión de retribuir algún día tales actos.

El agradecimiento en esta instancia para toda la gente maravillosa

que conocí en los Ángeles, quienes me han puesto en San Francisco

desde donde escribo esto.

San Francisco, sus momentos y su gente va para la siguiente

reseña.

Les mando un abraso antes de continuar hacia el norte.

Ernesto Urrestarasu.

Novena Reseña de Viaje de los Sueños

Del 10 de junio al 24 de junio del 2010
Casi siempre comienzo la reseña con algunas de las
reflexiones que surgen en el camino, a lo largo van
surgiendo numerosos pensamientos, muchas veces
marcados por la soledad en que te mueves y la añoranza
de tus afectos. Hoy me encuentro en uno de los lugares
más hermosos del camino, en la ciudad de Acapulco, con
una vista magnifica de la bahía, desde un lugar no menos
espectacular.
Lo grande de esto es muchas veces, como llego a estar
en esa posición, esas jugadas que te prepara el camino.
Donde no solo sientes que le sos simpático a alguien de
arriba, sino que te llega una energía tan positiva, que
llegas sentir su presencia. La gente se ríe cuando les
comento que viajo dentro de una gran energía positiva y
todo lo que toco lo convierto en oro.
Es esa energía la que te mantiene siempre por encima
de los eventos, que te hace sentir una fuerza de espíritu
indestructible y que además la trasmites a quienes te
rodean en ese momento. Hoy puedo decir que siento
el camino. Sentir el camino hace que uno este siempre
gozando de todas las cosas. Desde el momento que
haces un alto para que enfrié la moto y te encuentras
en silencio escuchando los sonidos de la selva o el
dialogo con las personas que se acercan mostrando su
realidad, en cualquier lado, entregando lo más simple
de sus vivencias. Allí es cuando percibes esa energía y
que por encimas de todo lo malo que hay en el camino
te mantiene dentro de un curso recto hacia tus metas.
Generalmente los eventos son siempre accidentales, lo
que hace de este punto la grandeza de ellos. Por otro
lado están los afectos, esa mochila que estando a lo
largo de todo el camino, hace que cada acción tuya te
retrotraiga una acción similar con tu esposa o tus hijos o
tus amigos. Desde lo que comes hasta el paisaje que ves,
te transporta hacia los tuyos. Y cuanto más te alejas de
ellos más cerca los tienes. Esta es la aventura, vivir entre
lo que dejaste y lo que va surgiendo, manteniendo un
equilibrio. Ese equilibrio lo da esa fuerza positiva que te
acompaña, poniéndote siempre en carrera hacia la meta
cada día más cerca. Donde ningún evento llega a ser tan
nocivo, te pueden jaquear pero nunca darte el mate.
Ahora es tiempo de relatar cómo he llegado hasta este
lugar tan magnífico.
Abandone el local de Eduardo en costa Rica de mal
humor. El “vengo temprano” de este hizo que lo estuviese
esperando hasta las 10,30 y nunca apareció. Salí sin
poder agradecerle lo que había hecho por un uruguayo,
y sin explicarle que se me había caído la cortadora de
pelo y una de las cuchillas sufrió el impacto. Eduardo,
Waldo y Jorge habían sido mis puntales en Costa Rica, su
solidaridad me ponían de vuelta en el camino.
Salía tarde y la meta era Nicaragua, le di duro hasta
la frontera y desde allí hasta Rivas donde llegue por la
noche. Un pueblo pequeño sin grandes construcciones,
luego de girar por varios lugares llego hasta el cuerpo de
bomberos voluntarios. Allí me dieron alojamiento por la
noche y entre los gurises hicimos buenas migas.
Allí estaban Francisco Alvarado, Eddy Silva, Dagoberto
Arana, Valesca Salazar, Joseph Selva, y Marconi
Calderón. Todos eran gurises voluntarios. El cuerpo de
bomberos de Rivas vive gracias a la colaboración de otras
entidades, pues no tiene recursos propios. Los equipos
son donaciones de otros países y estos muchachos
son honorarios. Muchos de los políticos les prometen
cosas pero nunca han tenido el debido respaldo y se
van revolviendo como pueden. Esa noche la pasamos a
resguardo gracias a ellos continuando hacia Managua en
la mañana. Fuimos disfrutando de sierras y selva en la
mañana hasta la capital. Anduve varias horas buscando
un lugar donde quedarme, al final llego a un restaurant
que se llamaba Gauchos del Sur, en la carretera
Masayam Km 10.
Restaurant uruguayo o argentino pensé y me metí para
adentro.
Allí me encontré con un lugar arbolado de mangos, con
dos o tres cuerpos de construcciones, donde ofrecían
todos los servicios, parrilla, pizas, bar y música en
vivo. Fui a dar con el dueño que me invito a almorzar.
Guillermo Daniel Díaz Echeveste resulto ser del cerro,
tenía 57 años y estaba acompañada de su hija Mónica,
ambos estaban al frente del restaurant. Guillermo
hacia varios anos en Managua, había tenido antes una
pizzería llamada Don Victorio por lo cual el restaurant
tenía dos nombres, las cosas no marchaban muy bien.
Trabajo no podían darme pero podía quedarme hasta
la mañana, contando con la cena de gallo pinto. Esta
comida tradicional en costa rica, es hecha a base de
arroz y frijoles, pero en el caso de los nicaragüenses no
le agregan ningún saborizante ni aderezo, lo que hace
difícil tenerle estima ya que se convierte en una comida
desabrida. Estoy podrido del gallo pinto me comentaba
uno de los cocineros.
Esa noche la pase debajo de un alero cerca del horno de
pizzas. En la mañana, temprano estaba haciendo ruta,
también no vino nadie temprano como para despedirme
de ellos. Puse rumbo a Honduras, al salir de Managua
había una moto con una pareja desparramados en la
carretera, sin casco. La piel se me erizo al pasar junto
a ellos. Seguí a buen ritmo hasta la frontera, durante el
camino dialogue con gente del FSLN, cansada de batallas
y de los pocos cambios conseguidos. Más tarde vi el
lugar donde les entregaron tierras a los que pelearon,
en un paramo, sin luz ni agua. Llegando a Jinotepe me
paro una patrulla de caminos para aplicarme una multa
por exceso de velocidad en un tramo de 40 kits/hora. Al
final no solo me perdonaron la multa sino que fui invitado
con biscochos y refresco .Eran Juan Manuel Garcia y
Dager Bravo dos policías montados en una Honda 125,
Los policías Nicas que andan en moto salen siempre en
pareja. Crucé la frontera con la imagen de Daniel Ortega
dueño de restaurantes y hoteles de primer nivel… y lo que
era cuando inicio su revolución.
Me seguí internando en honduras, cerca de la tardecita
estaba en Choluteca.
Me aproximo un centro de alineación para hacer las
preguntas del caso, se había terminado la plata y
necesitaba trabajar. El dueño del lugar empezó a
hablar de las posibilidades, cuando se acerco uno de
sus clientes a la charla. Este resulto ser argentino,
se llamaba Javier Scalso. Con Javier enseguida nos
llevamos bien, enterado de mi situación se ofreció para
darme alojamiento en su casa, luego me invito a tomar
unas cervezas y cena en un lugar de comida mexicana.
Yo legaba maltrecho, dando lastima, los vaqueros
agujereados por todos lados, habían soportado casi 5
meses de carreteras, y su efecto se sentía en todos,
inclusive en la Cimarrona.
Me moví con Javier para todos lados, el se iba al otro
día al norte a trabajar sus maquinas, pero mientras dejo
todo organizado para que tuviera a resguardo. Me regalo
un vaquero y me presento a su madrasta, Hilda quien
tenía un restaurant donde se hacía parilla argentina
y me dio 200 lempiras que me sostuvieron el tiempo
que estuve allí. Al otro día estábamos instalados en la
parrillada. La situación de Honduras no es buena pero me
fui amoldando a la situación. En el segundo día de estar
en el local conocí a dos ingenieros civiles, Javier Girón y
Ángel Boanerges, con quien compartí su mesa, charla y
unas cervezas. Al final me dejaron 500 lempiras de apoyo
al sueño con la consigna de que honduras era un pueblo
que aceptaba a cualquier extranjero, y que la delincuencia
que imperaba por el país era consecuencia de su propia
pobreza. Otro estado corrupto e iban…cuantos!!!.
Los días pasaron tranquilos en Choluteca, era época de
lluvias y por lo tanto llovía todos los días. Sabía que eso
era hasta que me pusiera a rodar nuevamente. Había
viajado contantemente bajo el sol. Mi mente sabia el
momento de partir, lo intuía siempre.
En el local de Hilda Chocón estaban Leonardo, Enrique,
Jefferson, Nixerella, Ingrid y Brenda Pradi, que eran el
estaf completo del lugar. Además allí conocí a Karen
hermana de Javier y su esposo Cesar Andino y a Enrique
esposo de Brenda que junto a Isis conformaban una
familia esplendida. Todos ellos de alguna manera hicieron
mi vida más fácil por allí. Con obsequios, con largas
charlas de la realidad catracho. Un día apareció Daniel
Socalzo, hijo de Hilda, dejándonos la invitación para
conocer Tegucigalpa. Acordamos hacerlo a la vuelta
para no tener que subir tanto hasta la capital ya que al
regreso era todo descenso. Por fin decido ir hacia el
Salvador, una mañana me despido de Hilda que me dio
500 lempiras para el viaje y arranco a hacer carretera.
Ese día le pegamos duro con la cimarrona, llegando hasta
San Salvador, donde busque apoyo para quedarme,
No lo conseguí y decidí continuar hasta el norte. En la
nochecita me detengo en una Shell y armo campamento
en las afueras de San Salvador, para continuar al otro día.
El guardia de la estación me convido esa noche con
unas tortillas típicas y café. A las 5:30 me despertó
para que siguiera camino, desayunamos juntos y nos
despedimos hasta el regreso. Había planeado llegar ese
día a la ciudad de Guatemala. Fue un largo trecho de
subidas y bajadas hasta alcanzarla, enseguida busque la
empresa de canela, representante de matul, el aceite de
la cimarrona.
En la nochecita me habían mandado a Yamaha para el
servicio gratuito. Llegue cerca del cierre, empapado por
uno de los aguaceros más grandes que sufrí en mi vida.
Guatemala es una ciudad en la altura por lo que el frio
tiene una presencia importante. En Yamaha quedo la
moto con todo su equipamiento, mientras afuera el agua
continuaba. Me puse la otra muda de ropa y salí a la calle.
La intención era hacer el servicio en la mañana, esa fue
la peor noche del viaje, sin el equipo para dormir tuve
que arreglarme en una Shell contra un muro, donde el
frio y el viento se colaban por los agujeros del vaquero.
Casi que no pude pegar un ojo. No encontraba acomodo,
el frio era demasiado. A las seis de la mañana estaba
en Burger King con un delicioso café con leche, había
pasado la peor noche del viaje. Luego del café fui por
la Cimarrona a Yamaha donde me dieron la sorpresa
de que no me correspondía el servicio gratuito. Tome la
cimarrona y me fui de allí, volviendo a Motul para que me
asesoraran sobre donde podría ir. Allí Andrés el gerente
me encamino en la ciudad y me dio 4 litros de aceite y
dos engrasa cadenas. Con eso salía buscar la parilla de
un uruguayo, llamada la estancia, de pronto podía hacer
algún mango para seguir camino. El dueño no me dio ni
la hora, tenía varios locales y estaba actuando de seudo
comentarista del mundial en la televisión local. La que me
dio una mano grande fue la encargada de los recursos
humanos, me dio una campera para la lluvia y me invito
con una hamburguesa del local.
Seguía estando en la calle, me dirigí a otra parilla, esta
de un argentino llamada la media cancha. Menos suerte,
pero al retornar veo un taller de motos y bajo. Les pido
para hacer un servicio y me atienden de buena onda. El
local de Moto Punto era un negocio familiar que estaba
a cargo del Lic. Jorge Alfonso Pantoja más conocido
como Poncho Pantoja. Poncho había sido comentarista
del campeonato mundial GP en canal 3 y luego se había
dedicado a la importación de motos y accesorios para
competición. Acuerdo con Poncho pasar al otro día, las
nubes presagiaban otro aguacero, por lo que me dirijo
a JKF una de las más grandes empresas de repuesto
en Guatemala en busca de el recambio de las cubiertas;
(Están hechas pelota).
Me contacto esa noche con gente del club de motos.
Estaban preparando una carrera en El Salvador para
ese fin de semana. Allí comparto charlas y relatos con
todos me dicen que van a ver lo que pueden hacer por
mí. Uno de los dirigentes del club me da 100 quetzales
en apoyo a la lucha. Esa noche volví a la Shell un poco
mejor armado, tenía todo el equipo seco y estaba con la
moto. Tenía toda la esperanza puesta en el otro día. Me
compre una hamburguesa para festejar las posibilidades y
prepare las cosas para pasar la noche.
Al otro día vuelvo a Moto Punto y cambio el aceite, allí
veo algunas de las maquinas increíbles que estaban a
la venta, una Kawasaki concours, Yamaha FZ1 y FZ6,
y Honda CBR 929. Vuelvo por repuestas de la gente de
repuesto las que son nulas, no me podían dar apoyo. Ese
día continúo la búsqueda por un par de cubiertas pero fue
una pérdida de tiempo, no logre nada.
Otra noche en la Shell ya con la intención de irme
de Guatemala. En la mañana salgo temprano, paso
por el taller de moto Punto y me despido de la gente.
Hago negocio con el aceite, Poncho con su amabilidad
característica me da 200 Q como colaboración para el
tanqueo. Esto eran todos los recursos a utilizar para llegar
a México.
Con el malestar de haber perdido el tiempo me hago
nuevamente a ruta. Tenía una fe barbará en que en
Guatemala iba a conseguir el apoyo necesario para dejar
a la Cimarrona en condiciones optimas para el resto
del camino. Esto no pudo ser así pero igualmente nos
sentíamos fuertes para seguir adelante. Si hay algo que
descubrí en el camino es que puedo perder una batalla,
pero no la guerra.
Me acercaba a la meta establecida cada vez más y con
ello crecía mi entereza. El instinto me llevaba al camino,
sentía que nada saldría mal. Que los malos momentos
eran solo eso: malos momentos. Al final después del
cruce de un puente desmoronado por el agua, sobre
unas tablas llegue a México. Estábamos contentos, creo
que ni yo podía creer que había llegado hasta aquí.
En ese momento sentí lo cerca que estaba del sueño.
Empecé a tener comunicaciones de mejor calidad, estaba
llegando a la civilización. Sentir que volvía a tener un
dialogo nuevamente con mis afectos en mi tierra, eso y
el lugar eran cosas que me hacían bien. En la noche Salí
de la frontera y comencé a buscar una gasolinera para
quedarme. A todas las que fui me dieron la negativa por
lo cual seguí adelante. Cerca de Hidalgo veo venir a una
moto como bólido en senda contraria, al rato la tenia al
lado. Pare y comenzamos a charlar. Era un muchacho
con una Suzuki 650 de competición con todos los
plásticos al mango, anaranjada metalizada, una maquina
elegante con toda la potencia para correr.
Hablamos de la posibilidad de alojamiento en hidalgo,
pero Alejandro me plantea que puedo pasar la noche en
su casa donde tienen otra casita vacía.
En ese momento empieza a llover y arrancamos para su
casa, donde llegamos empapados. Nos cambiamos y
estuvimos un buen rato de charla. El poblado se llamaba
Francisco de Imaderos y el piloto Alejandro de la Cruz
Barrios, el lugar era una especie de terreno que albergaba
la casa de varios parientes con todas sus familias. Allí
estaban sus tíos y hermano. La casa donde me dio
para quedarme estaba retirada de las principales y el
único amueblamiento era una cama de plaza y media.
El jolgorio de los pájaros y el cotorrerio de las voces de
las mujeres me despertó, junte todo salí afuera. El lugar
estaba bueno, varias construcciones alrededor de una
principal donde se encontraba el fogón, un enorme horno
a leña, un lavadero y una maquina de moler maíz. Todo
techado bajo un mismo recinto, que oficiaba de cocina.
A cargo de ella estaba Amalia, una viejecita de 74 anos
que cuando murieron los padres de Alejandro se hizo
cargo del. Alejandro se encargaba de moler el maíz por
las mañanas a todas las mujeres que venían y cobraba
una modesta suma por ello. Después de molerlo con un
poco de agua se obtenía una pasta que era usada en la
confección de las tortillas. Estas eran una constante a lo
largo del país. Todas las comidas se sirven con tortillas y
casi que sin cubiertos.
Además cuidaba de una hectárea de terreno donde tenía
sembrado maíz. Alguna vez estuvo trabajando en USA
donde se compro la moto y se vino con la madre – abuela.
Luego del desayuno puse ropa a lavar. Cada vez que
tenia la suerte de dar en una casa era de primer orden
aprovechar para lavar todo lo posible. Lo que no ayudaba
era que estaba nublado y el secado llevaría todo el día.
Por lo cual decidimos que era bueno quedarme otra
noche. Una de las tías, Floridalma, me convido con mole
de pollo para el almuerzo, El mole es un preparado tipo
guiso pero donde todo está licuado, además de
ingredientes como el cacao, conformando una pasta
oscura con el toque de chile jalapeño donde se reboza
cualquier carne. En la tarde Amalia se dedico a amasar
para sacar una horneada de pan dulce, en todo tipo de
moldes. Bauticé a los panes “Coqueiro” pues el molde era
una lata de sardinas ovalada de las grandes de esta
marca tan conocida. El resto de la tarde lo dedique a
internet. Comenzaba a estar con velocidades más altas lo
que beneficiaban el trabajo. A lo largo del camino había
dado con equipos tan malos y lentos que te sacaban las
ganas de trabajar. Pude respaldar más de mil fotos que
tenía en la cámara. Como era la regla en la noche volvió a
llover. En la mañana después de despedidas salí rumbo
a “Viva México” lugar donde se encontraba un reten de
aduanas para tramitar los papeles de la moto. Estando en
el lugar conocí a un uruguayo y un yanqui de los Ángeles,
bromeábamos del partido que iban a tener México y
Uruguay por la copa del mundo. Más adelante me
encuentro con un grupo de motos aparcadas en la vera de
la ruta, me detengo y me presento. Una de las motos iba
con problemas, saco un cable que uso de medidor de
tanque y veo que tiene gasolina y la maquina no encendía.
De pronto me fijo en la llave de paso de la nafta y veo que
esta para abajo.
- Cambia la llave para arriba, así la pones en reserva.
No prende porque solo queda gasolina para la reserva.
- doy estas directivas con autoridad y la maquina queda
marchando.
-vamos a desayunar a un lugar que queda a diez minutos,
venís?
- No tengo para el desayuno, solo el tanqueo para llegar a
Puerto Escondido.
- No importa, nosotros te invitamos.
De esta manera me enrole en la caravana, eran como
20 motos de todo tipo y color, conformado por seis de
Guatemala y el resto de Chápala. No sé donde me
llevaron, pero el restauran era un clásico en la zona,
con música en vivo, estaba lleno de gente y moteros.
Nos sirvieron carniza de cerdo, son platos con carne de
cerdo al horno, desmenuzada, acompañadas con tortillas
y una salsa verde picante y ensalada mixta. Me comí tres
platos y todavía me prepararon una bandeja para el viaje.
Pasamos un buen rato agradable entre bromas y cuentos
de ruta, Quedamos de comunicarnos por correo, nunca
supe quienes eran, más que su nacionalidad. Aquel
desayuno-almuerzo-cena me había retrasado un par de
horas, por lo que le di duro hasta Arriaga, al cual llegue
de noche. Me aloje en Defensa Civil, una especie de
entidad entre bomberos y 911. Me ofrecieron todas las
comodidades, y entre la charla se fue pasando el tiempo
hasta la hora de acostarme. En la mañana desayunamos
juntos y entre chanzas me despedí de esta buena gente.
Quedamos de vernos a la vuelta, poniendo proa hacia
Puerto Escondido. Me costó ponerme en camino, la
señalización es un poco extraña por aquí pues los
carteles te ponen el número de carretera y a la desviación
para entrar a cualquier pueblo tiene el mismo número
de ruta salvo excepciones. Los peajes son caros, por
lo que fui siempre por rutas de alternativa tratando de
esquivarlos, lo que pude lograr hacer positivamente.
La comida en ruta es cara, por lo que me plantee
mantener valores de un tercio del tanqueado para cada
comida. Es decir que si mi gasto de tanqueo es de
aproximadamente 60 pesos, tenía que sobrevivir con 20.
Lo que solo me deja margen de hacer una comida y un
frugal desayuno, solo tengo que equilibrar la distancia
tiempo entre ellas.
Había entrado por un costado de Chiapas, pero
quedaban muchos kilómetros para alcanzar la costa,
anduvimos todo el día entre montanas altas, subiendo
y bajando constantemente hasta alcanzar Puerto
Escondido finalmente. Un lugar de bahía tranquila con
montañas que abruptamente terminaban en el mar.
Me dedique a ponerme al día con internet y buscar un
lugar para dormir, que al fin conseguí en el local de la
alcaldía, un pasillo bajo techo nos iba a cobijar durante
un par de noches, bromeamos con los mexicanos del
lugar sobre el partido que teníamos al otro día. Les
recomendé que compraran vaselina para que no les
doliera tanto cuando lo empomáramos. Al otro día seguí
con internet y pude comunicarme con la familia y algún
amigo. Vi el partido entre sesenta mexicanos y fui el
único que grito el gol, por suerte ellos se clasificaron,
sino estaba difícil para mí más entre tantos mexicanos.
Pase esa noche nuevamente en Puerto Escondido para
continuar temprano la ruta. A la salida había un cartel que
anunciaba Acapulco a 340 Kilómetros, lo que presagiaba
un día duro con el calor y la distancia.
Anduvimos como tres horas entre selva y montañas, lleno
de curvas, subidas y bajadas; rodeados de vegetación
espesa y canto de aves.
De pronto aparece un cartel anunciando Acapulco a 360
kilómetros, no entendía nada, había navegado ciento y
pico de kilómetros y me quedaba más que al principio,
había algo mal. Me detengo prendo un cigarro y comienzo
a evaluar cuanto tanqueos tenía para llegar, por suerte el
dinero me alcanzaba justo con algún sobrante. Tendría
que trabajar en Acapulco para seguir adelante.
La Cimarrona sintió la dureza de los lomos de burro,
cruzamos cerca de cien para llegar hasta Acapulco; en
la tarde, casi entrada la noche estamos llegando, el plato
trasero venia a punto de romper sus agarres a la masa,
nuevamente como en Costa Rica necesitaba hacer la
misma reparación pero en condiciones peores. Se había
barrido gran parte del aluminio de la masa. Bajando el
cerro rumbo al mar veo un taller de motos, me estaciono
allí, eran como las ocho de la noche e intentaba esperar
hasta la mañana para reparar. Pase el tiempo hasta
que me quede dormido sentado en el murito, presa del
cansancio.
Siento un tironeo en la billetera, en el bolsillo de atrás y
abro los ojos, sorprendiéndome con el rostro de una joven
que intentaba sacarla; me incorporo de un salto, hecho
mano a la navaja la abro y salgo corriendo detrás de ella
mientras amenazo:
-
Te voy a cortar una mano, hija de puta!
Me detengo como a los treinta metros sabiendo que
nunca la alcanzaría, tenía como quince anos y corría
descalza. Vuelvo a la moto y en una inspección visual veo
que me han robado también el toldo de la carpa que la
cubría y el par de chinelas que me dio Hilda en Honduras,
bajo la vista y veo el sobre de la cámara abierto y sin ella.
-
La C… de tu madre, hija de puta…- grite desde lo
profundo.
No volví a dormir, la desazón por el robo de la cámara y la
impotencia de no poder hacer nada era mayúscula.
Repasaba las fotos que había perdido y seguía
maldiciendo, toda la entrada en México se había ido con
ella.
A las ocho abrió el taller enclavado en la loma:
-
Que necesitas? Me inquiere el dueño
-
Necesito hacer una reparación, yo mismo la hago,
solo necesito un martillo, ves? Y le señalo la rueda
trasera.
La observa y contesta:
-
Mira las herramientas no las presto, para eso abrí un
negocio, eso te cuesta 300 pesos
-
300 pesos, bueno, entonces gracias, que tengas
suerte.
Me monto en la moto y salgo en busca de otro lugar.
Preguntando a la gente y escoltado por una moto de
Policía de tránsito llego hasta el taller Motomar en Av.
Farallón, Moisés su dueño no estaba pero sus empleados
me permitieron hacer la reparación. Termine pasado el
mediodía por lo cual me despedí y salí con rumbo a la
estación de policía para denunciar el robo de la cámara.
Iba no se por donde cuando siento reiterada bocinas, giro
la cabeza hacia la izquierda y desde un utilitario blanco
me gritan:
-
En serio venís de Uruguay?
Y me hace una seña para aparcarnos adelante.
-
Sos uruguayo, venís desde allá en esta moto, vi las
banderas…cuando le cuente esto a mi mujer no lo va
a creer. Donde te alojas?
Allí le cuento mis peripecias, que voy a la policía a hacer
la denuncia, que no tengo donde alojarme y otras cosas
más.
-
Bueno, vemos que podemos hacer, porque no te vas
hasta Palladium donde trabajamos y ahí vemos, de
pronto te quedas en casa, tengo una habitación con
baño. Pero debes estar antes de las seis.
-
Sabes cómo llegar? – Dando instrucciones precisas
para llegar a Palladium, dado que vivía detrás de allí.
Así fue como conocí a Martin Tanzarelli, quien seria junto
a su esposa Claudia mis mecenas en Acapulco.
Retome la ruta con la alegría del encuentro, los policías
no me aseguraron que pudiera recuperar la cámara y
quedaron de mandar un mail en caso de hallarla.
De inmediato salí hacia Palladium, en busca de
Martin,”Subiendo la loma la vas a ver, un local enorme
blanco”. Empecé a subir buscando el lugar, me detengo a
preguntar a una pareja que estaba sentada en el muro de
la vereda, donde quedaba Palladium.
-
Dos cuadras para atrás – contestaron.
Al fin logre trepar hacia el lugar, Martín no había llegado
por lo cual en la espera tuve la oportunidad de apreciar
el lugar y sus vistas magnificas. Palladium era la más
grande discoteca de Acapulco enclavada en la cima de un
cerro con toda la ciudad a sus pies. El panorama era uno
de los más hermosos del viaje.
-
Comiste? – Inquirió Martin cuando llego
-
Bueno, vamos a buscar a la uruguaya y vamos a
comer algo.
Lo seguí hasta su casa a mitad del cerro, allí conocí a
Claudia Igartua, la uruguaya, con sus ocho meses de
embarazo a cuesta. La casa y el lugar que me asignaron
eran de maravillas, no lo podía creer. Me di un baño para
matar todo los bichos que había mantenido en el camino y
salimos a comer.
La amplitud de cabeza de Martin, que fueran tan abiertos,
el estar en un hogar, aun en construcción, en la espera
de una hija y el entorno que estaba me hacía sentir
eternamente agradecido. No tenía palabras ni gestos para
agradecer estos momentos. Tuve que rever mis valores
hacia los porteños, había encontrado a uno que tenía
un gran corazón y que a su vez estaba casado con una
uruguaya.
Los días en casa de Martín y Claudia eran los mejores
desde que había estado en Perú en casa de Iván.
Pude trabajar en la compu, ponerme al día con todo,
prepararme para seguir con todo blanqueado, surgían
contactos por parte de ellos pues sus familiares estaban
en los Ángeles, donde me dirigía, y sus conocimientos me
servirían para el futuro del viaje. Me mimaban en un hogar
y eso hacía que me sintiera de maravillas, poder bañarme
cuando quisiera y lavar los dientes a cada momento,
tener una cama y un baño, eran cosas que me parecían
increíbles y que nunca pensé en darles valor tan preciado.
Martin hasta me compro un par de lentes que hacían mis
tareas más fáciles, ese día casi me hace llorar, había
estado sin poder leer adecuadamente desde Puerto
Madryn, casi 16000 kilómetros atrás.
No es que uno se valla ablandando, pues mi espíritu
permanecía salvaje y indómito como al principio, sino
que empezaba a apreciar las pequeñas cosas, los gestos
simples que tenían las personas, sabia cuanta ayuda
necesitaba y cuan preciada era a la hora de llegar.
Esta pareja era un oasis de paz en el camino, estaban
ayudando a curarme y fortaleciendo para lo que seguía.
En las tardes íbamos a la playa, donde intentábamos
pescar con Martin algo, solo logramos sacar los peces
mas insólitos y feos de la bahía. Pasábamos hasta tarde
a la orilla del mar, saboreando la vista y liberando los
espíritus al son de las olas.
Hemos visto los partidos de Uruguay y Argentina
apoyando mutuamente nuestras selecciones en un hecho
sin parangones, (yo, hinchando por Argentina, realmente
insólito) gozando de sendos triunfos.
Esta convivencia había creado un lazo de aprecio y cariño
hacia ellos, ojala en el futuro nos volvamos a encontrar en
Uruguay y pueda devolver aunque solo sea una parte de
tantas gentilezas.
Estoy fuerte nuevamente, mañana o pasado sigo adelante
en busca de los Ángeles, mi meta futura, estamos en ruta.
Solo queda el agradecimiento de esta etapa a Poncho, su
carácter de buena persona nos hizo llegar hasta México y
a su equipo de Moto Punto.
A Hilda y su ayuda en el restaurant que con sus bondades
permitió seguir adelante.
Y en un capítulo aparte a Martin y Claudia que gracias
a ellos deje de ser un perro de la calle y volví a
rencontrarme con una familia.
Gracias a todos los amigos y familia que permiten
haber llegado hasta aquí, sin su apoyo este viaje habría
terminado hace rato.
A todos gracias, gracias…gracias y que la fuerza este con
vosotros.
Ernesto Urrestarasu.

Del 10 de junio al 24 de junio del 2010

Casi siempre comienzo la reseña con algunas de las

reflexiones que surgen en el camino, a lo largo van

surgiendo numerosos pensamientos, muchas veces

marcados por la soledad en que te mueves y la añoranza

de tus afectos. Hoy me encuentro en uno de los lugares

más hermosos del camino, en la ciudad de Acapulco, con

una vista magnifica de la bahía, desde un lugar no menos

espectacular.

Lo grande de esto es muchas veces, como llego a estar

en esa posición, esas jugadas que te prepara el camino.

Donde no solo sientes que le sos simpático a alguien de

arriba, sino que te llega una energía tan positiva, que

llegas sentir su presencia. La gente se ríe cuando les

comento que viajo dentro de una gran energía positiva y

todo lo que toco lo convierto en oro.

Es esa energía la que te mantiene siempre por encima

de los eventos, que te hace sentir una fuerza de espíritu

indestructible y que además la trasmites a quienes te

rodean en ese momento. Hoy puedo decir que siento

el camino. Sentir el camino hace que uno este siempre

gozando de todas las cosas. Desde el momento que

haces un alto para que enfrié la moto y te encuentras

en silencio escuchando los sonidos de la selva o el

dialogo con las personas que se acercan mostrando su

realidad, en cualquier lado, entregando lo más simple

de sus vivencias. Allí es cuando percibes esa energía y

que por encimas de todo lo malo que hay en el camino

te mantiene dentro de un curso recto hacia tus metas.

Generalmente los eventos son siempre accidentales, lo

que hace de este punto la grandeza de ellos. Por otro

lado están los afectos, esa mochila que estando a lo

largo de todo el camino, hace que cada acción tuya te

retrotraiga una acción similar con tu esposa o tus hijos o

tus amigos. Desde lo que comes hasta el paisaje que ves,

te transporta hacia los tuyos. Y cuanto más te alejas de

ellos más cerca los tienes. Esta es la aventura, vivir entre

lo que dejaste y lo que va surgiendo, manteniendo un

equilibrio. Ese equilibrio lo da esa fuerza positiva que te

acompaña, poniéndote siempre en carrera hacia la meta

cada día más cerca. Donde ningún evento llega a ser tan

nocivo, te pueden jaquear pero nunca darte el mate.

Ahora es tiempo de relatar cómo he llegado hasta este

lugar tan magnífico.

Abandone el local de Eduardo en costa Rica de mal

humor. El “vengo temprano” de este hizo que lo estuviese

esperando hasta las 10,30 y nunca apareció. Salí sin

poder agradecerle lo que había hecho por un uruguayo,

y sin explicarle que se me había caído la cortadora de

pelo y una de las cuchillas sufrió el impacto. Eduardo,

Waldo y Jorge habían sido mis puntales en Costa Rica, su

solidaridad me ponían de vuelta en el camino.

Salía tarde y la meta era Nicaragua, le di duro hasta

la frontera y desde allí hasta Rivas donde llegue por la

noche. Un pueblo pequeño sin grandes construcciones,

luego de girar por varios lugares llego hasta el cuerpo de

bomberos voluntarios. Allí me dieron alojamiento por la

noche y entre los gurises hicimos buenas migas.

Allí estaban Francisco Alvarado, Eddy Silva, Dagoberto

Arana, Valesca Salazar, Joseph Selva, y Marconi

Calderón. Todos eran gurises voluntarios. El cuerpo de

bomberos de Rivas vive gracias a la colaboración de otras

entidades, pues no tiene recursos propios. Los equipos

son donaciones de otros países y estos muchachos

son honorarios. Muchos de los políticos les prometen

cosas pero nunca han tenido el debido respaldo y se

van revolviendo como pueden. Esa noche la pasamos a

resguardo gracias a ellos continuando hacia Managua en

la mañana. Fuimos disfrutando de sierras y selva en la

mañana hasta la capital. Anduve varias horas buscando

un lugar donde quedarme, al final llego a un restaurant

que se llamaba Gauchos del Sur, en la carretera

Masayam Km 10.

Restaurant uruguayo o argentino pensé y me metí para

adentro.

Allí me encontré con un lugar arbolado de mangos, con

dos o tres cuerpos de construcciones, donde ofrecían

todos los servicios, parrilla, pizas, bar y música en

vivo. Fui a dar con el dueño que me invito a almorzar.

Guillermo Daniel Díaz Echeveste resulto ser del cerro,

tenía 57 años y estaba acompañada de su hija Mónica,

ambos estaban al frente del restaurant. Guillermo

hacia varios anos en Managua, había tenido antes una

pizzería llamada Don Victorio por lo cual el restaurant

tenía dos nombres, las cosas no marchaban muy bien.

Trabajo no podían darme pero podía quedarme hasta

la mañana, contando con la cena de gallo pinto. Esta

comida tradicional en costa rica, es hecha a base de

arroz y frijoles, pero en el caso de los nicaragüenses no

le agregan ningún saborizante ni aderezo, lo que hace

difícil tenerle estima ya que se convierte en una comida

desabrida. Estoy podrido del gallo pinto me comentaba

uno de los cocineros.

Esa noche la pase debajo de un alero cerca del horno de

pizzas. En la mañana, temprano estaba haciendo ruta,

también no vino nadie temprano como para despedirme

de ellos. Puse rumbo a Honduras, al salir de Managua

había una moto con una pareja desparramados en la

carretera, sin casco. La piel se me erizo al pasar junto

a ellos. Seguí a buen ritmo hasta la frontera, durante el

camino dialogue con gente del FSLN, cansada de batallas

y de los pocos cambios conseguidos. Más tarde vi el

lugar donde les entregaron tierras a los que pelearon,

en un paramo, sin luz ni agua. Llegando a Jinotepe me

paro una patrulla de caminos para aplicarme una multa

por exceso de velocidad en un tramo de 40 kits/hora. Al

final no solo me perdonaron la multa sino que fui invitado

con biscochos y refresco .Eran Juan Manuel Garcia y

Dager Bravo dos policías montados en una Honda 125,

Los policías Nicas que andan en moto salen siempre en

pareja. Crucé la frontera con la imagen de Daniel Ortega

dueño de restaurantes y hoteles de primer nivel… y lo que

era cuando inicio su revolución.

Me seguí internando en honduras, cerca de la tardecita

estaba en Choluteca.

Me aproximo un centro de alineación para hacer las

preguntas del caso, se había terminado la plata y

necesitaba trabajar. El dueño del lugar empezó a

hablar de las posibilidades, cuando se acerco uno de

sus clientes a la charla. Este resulto ser argentino,

se llamaba Javier Scalso. Con Javier enseguida nos

llevamos bien, enterado de mi situación se ofreció para

darme alojamiento en su casa, luego me invito a tomar

unas cervezas y cena en un lugar de comida mexicana.

Yo legaba maltrecho, dando lastima, los vaqueros

agujereados por todos lados, habían soportado casi 5

meses de carreteras, y su efecto se sentía en todos,

inclusive en la Cimarrona.

Me moví con Javier para todos lados, el se iba al otro

día al norte a trabajar sus maquinas, pero mientras dejo

todo organizado para que tuviera a resguardo. Me regalo

un vaquero y me presento a su madrasta, Hilda quien

tenía un restaurant donde se hacía parilla argentina

y me dio 200 lempiras que me sostuvieron el tiempo

que estuve allí. Al otro día estábamos instalados en la

parrillada. La situación de Honduras no es buena pero me

fui amoldando a la situación. En el segundo día de estar

en el local conocí a dos ingenieros civiles, Javier Girón y

Ángel Boanerges, con quien compartí su mesa, charla y

unas cervezas. Al final me dejaron 500 lempiras de apoyo

al sueño con la consigna de que honduras era un pueblo

que aceptaba a cualquier extranjero, y que la delincuencia

que imperaba por el país era consecuencia de su propia

pobreza. Otro estado corrupto e iban…cuantos!!!.

Los días pasaron tranquilos en Choluteca, era época de

lluvias y por lo tanto llovía todos los días. Sabía que eso

era hasta que me pusiera a rodar nuevamente. Había

viajado contantemente bajo el sol. Mi mente sabia el

momento de partir, lo intuía siempre.

En el local de Hilda Chocón estaban Leonardo, Enrique,

Jefferson, Nixerella, Ingrid y Brenda Pradi, que eran el

estaf completo del lugar. Además allí conocí a Karen

hermana de Javier y su esposo Cesar Andino y a Enrique

esposo de Brenda que junto a Isis conformaban una

familia esplendida. Todos ellos de alguna manera hicieron

mi vida más fácil por allí. Con obsequios, con largas

charlas de la realidad catracho. Un día apareció Daniel

Socalzo, hijo de Hilda, dejándonos la invitación para

conocer Tegucigalpa. Acordamos hacerlo a la vuelta

para no tener que subir tanto hasta la capital ya que al

regreso era todo descenso. Por fin decido ir hacia el

Salvador, una mañana me despido de Hilda que me dio

500 lempiras para el viaje y arranco a hacer carretera.

Ese día le pegamos duro con la cimarrona, llegando hasta

San Salvador, donde busque apoyo para quedarme,

No lo conseguí y decidí continuar hasta el norte. En la

nochecita me detengo en una Shell y armo campamento

en las afueras de San Salvador, para continuar al otro día.

El guardia de la estación me convido esa noche con

unas tortillas típicas y café. A las 5:30 me despertó

para que siguiera camino, desayunamos juntos y nos

despedimos hasta el regreso. Había planeado llegar ese

día a la ciudad de Guatemala. Fue un largo trecho de

subidas y bajadas hasta alcanzarla, enseguida busque la

empresa de canela, representante de matul, el aceite de

la cimarrona.

En la nochecita me habían mandado a Yamaha para el

servicio gratuito. Llegue cerca del cierre, empapado por

uno de los aguaceros más grandes que sufrí en mi vida.

Guatemala es una ciudad en la altura por lo que el frio

tiene una presencia importante. En Yamaha quedo la

moto con todo su equipamiento, mientras afuera el agua

continuaba. Me puse la otra muda de ropa y salí a la calle.

La intención era hacer el servicio en la mañana, esa fue

la peor noche del viaje, sin el equipo para dormir tuve

que arreglarme en una Shell contra un muro, donde el

frio y el viento se colaban por los agujeros del vaquero.

Casi que no pude pegar un ojo. No encontraba acomodo,

el frio era demasiado. A las seis de la mañana estaba

en Burger King con un delicioso café con leche, había

pasado la peor noche del viaje. Luego del café fui por

la Cimarrona a Yamaha donde me dieron la sorpresa

de que no me correspondía el servicio gratuito. Tome la

cimarrona y me fui de allí, volviendo a Motul para que me

asesoraran sobre donde podría ir. Allí Andrés el gerente

me encamino en la ciudad y me dio 4 litros de aceite y

dos engrasa cadenas. Con eso salía buscar la parilla de

un uruguayo, llamada la estancia, de pronto podía hacer

algún mango para seguir camino. El dueño no me dio ni

la hora, tenía varios locales y estaba actuando de seudo

comentarista del mundial en la televisión local. La que me

dio una mano grande fue la encargada de los recursos

humanos, me dio una campera para la lluvia y me invito

con una hamburguesa del local.

Seguía estando en la calle, me dirigí a otra parilla, esta

de un argentino llamada la media cancha. Menos suerte,

pero al retornar veo un taller de motos y bajo. Les pido

para hacer un servicio y me atienden de buena onda. El

local de Moto Punto era un negocio familiar que estaba

a cargo del Lic. Jorge Alfonso Pantoja más conocido

como Poncho Pantoja. Poncho había sido comentarista

del campeonato mundial GP en canal 3 y luego se había

dedicado a la importación de motos y accesorios para

competición. Acuerdo con Poncho pasar al otro día, las

nubes presagiaban otro aguacero, por lo que me dirijo

a JKF una de las más grandes empresas de repuesto

en Guatemala en busca de el recambio de las cubiertas;

(Están hechas pelota).

Me contacto esa noche con gente del club de motos.

Estaban preparando una carrera en El Salvador para

ese fin de semana. Allí comparto charlas y relatos con

todos me dicen que van a ver lo que pueden hacer por

mí. Uno de los dirigentes del club me da 100 quetzales

en apoyo a la lucha. Esa noche volví a la Shell un poco

mejor armado, tenía todo el equipo seco y estaba con la

moto. Tenía toda la esperanza puesta en el otro día. Me

compre una hamburguesa para festejar las posibilidades y

prepare las cosas para pasar la noche.

Al otro día vuelvo a Moto Punto y cambio el aceite, allí

veo algunas de las maquinas increíbles que estaban a

la venta, una Kawasaki concours, Yamaha FZ1 y FZ6,

y Honda CBR 929. Vuelvo por repuestas de la gente de

repuesto las que son nulas, no me podían dar apoyo. Ese

día continúo la búsqueda por un par de cubiertas pero fue

una pérdida de tiempo, no logre nada.

Otra noche en la Shell ya con la intención de irme

de Guatemala. En la mañana salgo temprano, paso

por el taller de moto Punto y me despido de la gente.

Hago negocio con el aceite, Poncho con su amabilidad

característica me da 200 Q como colaboración para el

tanqueo. Esto eran todos los recursos a utilizar para llegar

a México.

Con el malestar de haber perdido el tiempo me hago

nuevamente a ruta. Tenía una fe barbará en que en

Guatemala iba a conseguir el apoyo necesario para dejar

a la Cimarrona en condiciones optimas para el resto

del camino. Esto no pudo ser así pero igualmente nos

sentíamos fuertes para seguir adelante. Si hay algo que

descubrí en el camino es que puedo perder una batalla,

pero no la guerra.

Me acercaba a la meta establecida cada vez más y con

ello crecía mi entereza. El instinto me llevaba al camino,

sentía que nada saldría mal. Que los malos momentos

eran solo eso: malos momentos. Al final después del

cruce de un puente desmoronado por el agua, sobre

unas tablas llegue a México. Estábamos contentos, creo

que ni yo podía creer que había llegado hasta aquí.

En ese momento sentí lo cerca que estaba del sueño.

Empecé a tener comunicaciones de mejor calidad, estaba

llegando a la civilización. Sentir que volvía a tener un

dialogo nuevamente con mis afectos en mi tierra, eso y

el lugar eran cosas que me hacían bien. En la noche Salí

de la frontera y comencé a buscar una gasolinera para

quedarme. A todas las que fui me dieron la negativa por

lo cual seguí adelante. Cerca de Hidalgo veo venir a una

moto como bólido en senda contraria, al rato la tenia al

lado. Pare y comenzamos a charlar. Era un muchacho

con una Suzuki 650 de competición con todos los

plásticos al mango, anaranjada metalizada, una maquina

elegante con toda la potencia para correr.

Hablamos de la posibilidad de alojamiento en hidalgo,

pero Alejandro me plantea que puedo pasar la noche en

su casa donde tienen otra casita vacía.

En ese momento empieza a llover y arrancamos para su

casa, donde llegamos empapados. Nos cambiamos y

estuvimos un buen rato de charla. El poblado se llamaba

Francisco de Imaderos y el piloto Alejandro de la Cruz

Barrios, el lugar era una especie de terreno que albergaba

la casa de varios parientes con todas sus familias. Allí

estaban sus tíos y hermano. La casa donde me dio

para quedarme estaba retirada de las principales y el

único amueblamiento era una cama de plaza y media.

El jolgorio de los pájaros y el cotorrerio de las voces de

las mujeres me despertó, junte todo salí afuera. El lugar

estaba bueno, varias construcciones alrededor de una

principal donde se encontraba el fogón, un enorme horno

a leña, un lavadero y una maquina de moler maíz. Todo

techado bajo un mismo recinto, que oficiaba de cocina.

A cargo de ella estaba Amalia, una viejecita de 74 anos

que cuando murieron los padres de Alejandro se hizo

cargo del. Alejandro se encargaba de moler el maíz por

las mañanas a todas las mujeres que venían y cobraba

una modesta suma por ello. Después de molerlo con un

poco de agua se obtenía una pasta que era usada en la

confección de las tortillas. Estas eran una constante a lo

largo del país. Todas las comidas se sirven con tortillas y

casi que sin cubiertos.

Además cuidaba de una hectárea de terreno donde tenía

sembrado maíz. Alguna vez estuvo trabajando en USA

donde se compro la moto y se vino con la madre – abuela.

Luego del desayuno puse ropa a lavar. Cada vez que

tenia la suerte de dar en una casa era de primer orden

aprovechar para lavar todo lo posible. Lo que no ayudaba

era que estaba nublado y el secado llevaría todo el día.

Por lo cual decidimos que era bueno quedarme otra

noche. Una de las tías, Floridalma, me convido con mole

de pollo para el almuerzo, El mole es un preparado tipo

guiso pero donde todo está licuado, además de

ingredientes como el cacao, conformando una pasta

oscura con el toque de chile jalapeño donde se reboza

cualquier carne. En la tarde Amalia se dedico a amasar

para sacar una horneada de pan dulce, en todo tipo de

moldes. Bauticé a los panes “Coqueiro” pues el molde era

una lata de sardinas ovalada de las grandes de esta

marca tan conocida. El resto de la tarde lo dedique a

internet. Comenzaba a estar con velocidades más altas lo

que beneficiaban el trabajo. A lo largo del camino había

dado con equipos tan malos y lentos que te sacaban las

ganas de trabajar. Pude respaldar más de mil fotos que

tenía en la cámara. Como era la regla en la noche volvió a

llover. En la mañana después de despedidas salí rumbo

a “Viva México” lugar donde se encontraba un reten de

aduanas para tramitar los papeles de la moto. Estando en

el lugar conocí a un uruguayo y un yanqui de los Ángeles,

bromeábamos del partido que iban a tener México y

Uruguay por la copa del mundo. Más adelante me

encuentro con un grupo de motos aparcadas en la vera de

la ruta, me detengo y me presento. Una de las motos iba

con problemas, saco un cable que uso de medidor de

tanque y veo que tiene gasolina y la maquina no encendía.

De pronto me fijo en la llave de paso de la nafta y veo que

esta para abajo.

- Cambia la llave para arriba, así la pones en reserva.

No prende porque solo queda gasolina para la reserva.

- doy estas directivas con autoridad y la maquina queda

marchando.

-vamos a desayunar a un lugar que queda a diez minutos,

venís?

- No tengo para el desayuno, solo el tanqueo para llegar a

Puerto Escondido.

- No importa, nosotros te invitamos.

De esta manera me enrole en la caravana, eran como

20 motos de todo tipo y color, conformado por seis de

Guatemala y el resto de Chápala. No sé donde me

llevaron, pero el restauran era un clásico en la zona,

con música en vivo, estaba lleno de gente y moteros.

Nos sirvieron carniza de cerdo, son platos con carne de

cerdo al horno, desmenuzada, acompañadas con tortillas

y una salsa verde picante y ensalada mixta. Me comí tres

platos y todavía me prepararon una bandeja para el viaje.

Pasamos un buen rato agradable entre bromas y cuentos

de ruta, Quedamos de comunicarnos por correo, nunca

supe quienes eran, más que su nacionalidad. Aquel

desayuno-almuerzo-cena me había retrasado un par de

horas, por lo que le di duro hasta Arriaga, al cual llegue

de noche. Me aloje en Defensa Civil, una especie de

entidad entre bomberos y 911. Me ofrecieron todas las

comodidades, y entre la charla se fue pasando el tiempo

hasta la hora de acostarme. En la mañana desayunamos

juntos y entre chanzas me despedí de esta buena gente.

Quedamos de vernos a la vuelta, poniendo proa hacia

Puerto Escondido. Me costó ponerme en camino, la

señalización es un poco extraña por aquí pues los

carteles te ponen el número de carretera y a la desviación

para entrar a cualquier pueblo tiene el mismo número

de ruta salvo excepciones. Los peajes son caros, por

lo que fui siempre por rutas de alternativa tratando de

esquivarlos, lo que pude lograr hacer positivamente.

La comida en ruta es cara, por lo que me plantee

mantener valores de un tercio del tanqueado para cada

comida. Es decir que si mi gasto de tanqueo es de

aproximadamente 60 pesos, tenía que sobrevivir con 20.

Lo que solo me deja margen de hacer una comida y un

frugal desayuno, solo tengo que equilibrar la distancia

tiempo entre ellas.

Había entrado por un costado de Chiapas, pero

quedaban muchos kilómetros para alcanzar la costa,

anduvimos todo el día entre montanas altas, subiendo

y bajando constantemente hasta alcanzar Puerto

Escondido finalmente. Un lugar de bahía tranquila con

montañas que abruptamente terminaban en el mar.

Me dedique a ponerme al día con internet y buscar un

lugar para dormir, que al fin conseguí en el local de la

alcaldía, un pasillo bajo techo nos iba a cobijar durante

un par de noches, bromeamos con los mexicanos del

lugar sobre el partido que teníamos al otro día. Les

recomendé que compraran vaselina para que no les

doliera tanto cuando lo empomáramos. Al otro día seguí

con internet y pude comunicarme con la familia y algún

amigo. Vi el partido entre sesenta mexicanos y fui el

único que grito el gol, por suerte ellos se clasificaron,

sino estaba difícil para mí más entre tantos mexicanos.

Pase esa noche nuevamente en Puerto Escondido para

continuar temprano la ruta. A la salida había un cartel que

anunciaba Acapulco a 340 Kilómetros, lo que presagiaba

un día duro con el calor y la distancia.

Anduvimos como tres horas entre selva y montañas, lleno

de curvas, subidas y bajadas; rodeados de vegetación

espesa y canto de aves.

De pronto aparece un cartel anunciando Acapulco a 360

kilómetros, no entendía nada, había navegado ciento y

pico de kilómetros y me quedaba más que al principio,

había algo mal. Me detengo prendo un cigarro y comienzo

a evaluar cuanto tanqueos tenía para llegar, por suerte el

dinero me alcanzaba justo con algún sobrante. Tendría

que trabajar en Acapulco para seguir adelante.

La Cimarrona sintió la dureza de los lomos de burro,

cruzamos cerca de cien para llegar hasta Acapulco; en

la tarde, casi entrada la noche estamos llegando, el plato

trasero venia a punto de romper sus agarres a la masa,

nuevamente como en Costa Rica necesitaba hacer la

misma reparación pero en condiciones peores. Se había

barrido gran parte del aluminio de la masa. Bajando el

cerro rumbo al mar veo un taller de motos, me estaciono

allí, eran como las ocho de la noche e intentaba esperar

hasta la mañana para reparar. Pase el tiempo hasta

que me quede dormido sentado en el murito, presa del

cansancio.

Siento un tironeo en la billetera, en el bolsillo de atrás y

abro los ojos, sorprendiéndome con el rostro de una joven

que intentaba sacarla; me incorporo de un salto, hecho

mano a la navaja la abro y salgo corriendo detrás de ella

mientras amenazo:

-

Te voy a cortar una mano, hija de puta!

Me detengo como a los treinta metros sabiendo que

nunca la alcanzaría, tenía como quince anos y corría

descalza. Vuelvo a la moto y en una inspección visual veo

que me han robado también el toldo de la carpa que la

cubría y el par de chinelas que me dio Hilda en Honduras,

bajo la vista y veo el sobre de la cámara abierto y sin ella.

-

La C… de tu madre, hija de puta…- grite desde lo

profundo.

No volví a dormir, la desazón por el robo de la cámara y la

impotencia de no poder hacer nada era mayúscula.

Repasaba las fotos que había perdido y seguía

maldiciendo, toda la entrada en México se había ido con

ella.

A las ocho abrió el taller enclavado en la loma:

-

Que necesitas? Me inquiere el dueño

-

Necesito hacer una reparación, yo mismo la hago,

solo necesito un martillo, ves? Y le señalo la rueda

trasera.

La observa y contesta:

-

Mira las herramientas no las presto, para eso abrí un

negocio, eso te cuesta 300 pesos

-

300 pesos, bueno, entonces gracias, que tengas

suerte.

Me monto en la moto y salgo en busca de otro lugar.

Preguntando a la gente y escoltado por una moto de

Policía de tránsito llego hasta el taller Motomar en Av.

Farallón, Moisés su dueño no estaba pero sus empleados

me permitieron hacer la reparación. Termine pasado el

mediodía por lo cual me despedí y salí con rumbo a la

estación de policía para denunciar el robo de la cámara.

Iba no se por donde cuando siento reiterada bocinas, giro

la cabeza hacia la izquierda y desde un utilitario blanco

me gritan:

-

En serio venís de Uruguay?

Y me hace una seña para aparcarnos adelante.

-

Sos uruguayo, venís desde allá en esta moto, vi las

banderas…cuando le cuente esto a mi mujer no lo va

a creer. Donde te alojas?

Allí le cuento mis peripecias, que voy a la policía a hacer

la denuncia, que no tengo donde alojarme y otras cosas

más.

-

Bueno, vemos que podemos hacer, porque no te vas

hasta Palladium donde trabajamos y ahí vemos, de

pronto te quedas en casa, tengo una habitación con

baño. Pero debes estar antes de las seis.

-

Sabes cómo llegar? – Dando instrucciones precisas

para llegar a Palladium, dado que vivía detrás de allí.

Así fue como conocí a Martin Tanzarelli, quien seria junto

a su esposa Claudia mis mecenas en Acapulco.

Retome la ruta con la alegría del encuentro, los policías

no me aseguraron que pudiera recuperar la cámara y

quedaron de mandar un mail en caso de hallarla.

De inmediato salí hacia Palladium, en busca de

Martin,”Subiendo la loma la vas a ver, un local enorme

blanco”. Empecé a subir buscando el lugar, me detengo a

preguntar a una pareja que estaba sentada en el muro de

la vereda, donde quedaba Palladium.

-

Dos cuadras para atrás – contestaron.

Al fin logre trepar hacia el lugar, Martín no había llegado

por lo cual en la espera tuve la oportunidad de apreciar

el lugar y sus vistas magnificas. Palladium era la más

grande discoteca de Acapulco enclavada en la cima de un

cerro con toda la ciudad a sus pies. El panorama era uno

de los más hermosos del viaje.

-

Comiste? – Inquirió Martin cuando llego

-

Bueno, vamos a buscar a la uruguaya y vamos a

comer algo.

Lo seguí hasta su casa a mitad del cerro, allí conocí a

Claudia Igartua, la uruguaya, con sus ocho meses de

embarazo a cuesta. La casa y el lugar que me asignaron

eran de maravillas, no lo podía creer. Me di un baño para

matar todo los bichos que había mantenido en el camino y

salimos a comer.

La amplitud de cabeza de Martin, que fueran tan abiertos,

el estar en un hogar, aun en construcción, en la espera

de una hija y el entorno que estaba me hacía sentir

eternamente agradecido. No tenía palabras ni gestos para

agradecer estos momentos. Tuve que rever mis valores

hacia los porteños, había encontrado a uno que tenía

un gran corazón y que a su vez estaba casado con una

uruguaya.

Los días en casa de Martín y Claudia eran los mejores

desde que había estado en Perú en casa de Iván.

Pude trabajar en la compu, ponerme al día con todo,

prepararme para seguir con todo blanqueado, surgían

contactos por parte de ellos pues sus familiares estaban

en los Ángeles, donde me dirigía, y sus conocimientos me

servirían para el futuro del viaje. Me mimaban en un hogar

y eso hacía que me sintiera de maravillas, poder bañarme

cuando quisiera y lavar los dientes a cada momento,

tener una cama y un baño, eran cosas que me parecían

increíbles y que nunca pensé en darles valor tan preciado.

Martin hasta me compro un par de lentes que hacían mis

tareas más fáciles, ese día casi me hace llorar, había

estado sin poder leer adecuadamente desde Puerto

Madryn, casi 16000 kilómetros atrás.

No es que uno se valla ablandando, pues mi espíritu

permanecía salvaje y indómito como al principio, sino

que empezaba a apreciar las pequeñas cosas, los gestos

simples que tenían las personas, sabia cuanta ayuda

necesitaba y cuan preciada era a la hora de llegar.

Esta pareja era un oasis de paz en el camino, estaban

ayudando a curarme y fortaleciendo para lo que seguía.

En las tardes íbamos a la playa, donde intentábamos

pescar con Martin algo, solo logramos sacar los peces

mas insólitos y feos de la bahía. Pasábamos hasta tarde

a la orilla del mar, saboreando la vista y liberando los

espíritus al son de las olas.

Hemos visto los partidos de Uruguay y Argentina

apoyando mutuamente nuestras selecciones en un hecho

sin parangones, (yo, hinchando por Argentina, realmente

insólito) gozando de sendos triunfos.

Esta convivencia había creado un lazo de aprecio y cariño

hacia ellos, ojala en el futuro nos volvamos a encontrar en

Uruguay y pueda devolver aunque solo sea una parte de

tantas gentilezas.

Estoy fuerte nuevamente, mañana o pasado sigo adelante

en busca de los Ángeles, mi meta futura, estamos en ruta.

Solo queda el agradecimiento de esta etapa a Poncho, su

carácter de buena persona nos hizo llegar hasta México y

a su equipo de Moto Punto.

A Hilda y su ayuda en el restaurant que con sus bondades

permitió seguir adelante.

Y en un capítulo aparte a Martin y Claudia que gracias

a ellos deje de ser un perro de la calle y volví a

rencontrarme con una familia.

Gracias a todos los amigos y familia que permiten

haber llegado hasta aquí, sin su apoyo este viaje habría

terminado hace rato.

A todos gracias, gracias…gracias y que la fuerza este con

vosotros.

Ernesto Urrestarasu.

Cubanos están varados

pais2

Unos 15 cubanos se encuentran varados desde hace un mes en Puerto Obaldía, comarca Kuna Yala, en espera de que las autoridades panameñas o que la oficina de las Naciones Unidas para atender a los refugiados se pronuncien sobre su estatus.
Ernesto Urrestarasu, un motociclista uruguayo que se encontró con los extranjeros, contó que los señores están pasando páramos, pues solo están comiendo mangos y otras frutas tropicales y que las solicitudes enviadas al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) han sido en vano.
Los isleños llegaron procedentes de Colombia y se salieron de un grupo que realizaba un viaje a Ecuador. La meta es llegar a Estados Unidos.
Consultado al respecto, José Euseda, encargado de Acnur en Panamá, indicó que la entidad no es quien determina quién se queda en el país, sino el Gobierno de Panamá a través de la Oficina Nacional Para la Atención de los Refugiados (Onpar).
De parte de esta última oficina no se obtuvo respuesta, a pesar de que se dejó un mensaje. Sin embargo, Euseda insistió en que es difícil darles asistencia, cuando la intención de ellos es transitar por Panamá para llegar a Estados Unidos.

Fuente

Octava Reseña de Viaje de los Sueños

Desde el 6 de Abril al 4 de junio de 2010
Esta es la primera vez que tengo posibilidad de trabajar ante un computador durante más de un mes.
Han sido tiempos difíciles,  donde uno llega a replantearse todos los días su situación, los afectos, la lejanía del hogar, las futuras metas, lo que queda de camino. Todo hace un combo que  por más entereza que uno tenga, en momentos tambaleamos. Pero estoy cumpliendo un sueño, mi  sueño y eso me mantiene siempre con ganas de pelear hasta el final.
Pasan tantas cosas en un viaje de esta estilo que es difícil a veces mantenerse dentro de los objetivos de este, sin involucrarte emocionalmente con la realidad que viven los que vas conociendo en el camino.
Por suerte me puedo proteger en las imágenes de la familia y de los amigos, ellos al solo llamado de su imagen me sacan de cualquier presencia derrotera y colocan mi espíritu en alto.
Retomando la estancia en Cartagena, paso a ser una búsqueda de cruce a Panamá infructuosa.
No conseguí menor precio para la cimarrona y yo que 500 dolares.
Los precios oficiales son de 375 por cada uno, en un velero de 30 pies donde hay que hacerle un baño de gasoil a la máquina para soportar el salitre al que se la expone.
Después de discutir con Belisario las alternativas de los peligros de una ruta por Turbo, tome la decisión de arriesgarme hasta allí.
Que la guerrilla,  que el narcotráfico, que la inseguridad de Turbo, de los cuales no se tenían noticias exactas hacían tener más confianza en lograr algo positivo. Estaba potencialmente en la cima y no había escollo que pudiera detenerme.
De esta manera y luego de pasar una noche en Montería desembarcamos en Turbo, con todas las expectativas de encontrar un paso barato hacia Panamá. Turbo es una ciudad caótica con un puerto intenso que regula el tráfico comercial entre el Chocón y Panamá y el resto de Colombia. Con aguas similares al pantanoso allí llegan barcos con cocos, plátanos y maderas y salen los suministros que necesitan las regiones aledañas al rio y más allá hasta Sansurro, puerto limite con Panamá. Es el lugar donde uno puede cruzar hasta Panamá City más económico de Colombia.
Una persona puede tomar una Panga (lancha con dos motores de 200 hp) hasta Capurgana por un precio de 50 dólares, desde Capurgana hasta Sansurro por 20 dólares(limite de Colombia) Desde Sansurro a Puerto Obaldía por 18 dólares(entrada migratoria obligatoria a Panamá) y desde allí hasta Panamá City en avión por 84 dólares. Total 172 dólares. Esto para cualquier persona que viaje sola o acompañada, precio unitario. Tener en cuenta que migración panameña exige tiquet de regreso en avión con un costo de 84 dólares y 500 en el bolsillo como demostración de solvencia.
Esta es una ruta segura, solo tener algún cuidado o prevención, pero es una ruta segura.
Todo bien hasta aquí, lo que dificultaba mi viaje era la moto. Llevarla en panga tenía una tarifa de siete lugares, seis para la moto y uno mío, lo que nos dejaba fuera de juego. Allí  comenzó el derrotero por el puerto en busca de un barco barato para llevarla.
Me acerque a una vidriería enfrente al puerto llamada el Limaso.
Opte por hacer de ella mi centro de operaciones, los barcos estaban al cruzar la calle y mientras me mantenía en un lugar donde me sentía como en casa. Allí pude hacer unos pocos pesos, a veces un almuerzo y canilla libre de agua y café.
Pasaba todos los días buscando un capitán que me llevara con poco costo. Los días pasaron dentro de la vidriería con compañeros que eran unos fenómenos: Gloria Piedad López en la parte administrativa, Jimmy Giraldo a cargo de la parte de ejecución( en los días que estuve se separo de su mujer) Alex Yerena también en la parte de ejecución(en los días que estuve allí se separo de su mujer)y José Alfredo Gómez, hasta que me fui seguía con su esposa. Bromeábamos de cambiar el nombre de la vidriería a mal de amores. Marco esto, pues a lo largo del camino colombiano fue una constante encontrar hombres y mujeres con varios hijos de diferentes parejas.
Durante el día en la vidriería y por las noches grandes charlas con Nelson Frank Quinteros y Rolando Kiala Padilla. Frank era un colombiano que vivió 34 años en Estados Unidos y que por algunos problemas ilegales fue en cana y luego expulsado del país, pues nunca hizo los papeles legales. Estaba en la lucha de cruzar ilegalmente a Panamá. Quería entrar en USA para ver a su hija y volver a encaminar su vida por cánones normales. Rolando o Roli era un cubano de Habana centro que buscaba el refugio de USA para poder pedir el exilio de su mujer y su hija en Cuba.
Los problemas y persecución del DAS, el organismo migratorio de Colombia, que les hizo a ambos es parte de una epopeya.
Durante las noches examinábamos las perspectivas de ellos y buscábamos la mejor fuga de Colombia para cada uno de ellos.
Los funcionarios corruptos del DAS estaban como perros detrás de Roli, tratando de sacarle dinero para evitar la deportación a Cuba y la situación en el hotel Bahía cada día era más tensa. Por el lado de Frank habíamos encontrado una posibilidad legal de llegar a Panamá, pero se carecía de dinero. Durante varios días me esperaban que llegara para comprar un par de panes que compartíamos entre todos. Yo tenía el respaldo de mis amigos en Uruguay que eran una GRAN AYUDA, pero ellos estaban peor que yo, sin respaldo y perseguidos.
Mientras seguía buscando un barco para mi desde la vidriería, así conocí al Rey David, el barco que usó Jesús Pocho Motos para cruzar a panamá, pero se iban en la noche y era imposible hacer el zarpe a esa hora que di con el capitán. Fue creo la única posibilidad real que conocí de embarcar bajo un precio razonable. Seguí en idas y venidas hasta que di con el capitán del Leviatán,  este prometió llevarme a Puerto Obaldía por 300 dólares.
Esa noche cuando llegue al hotel con la novedad que partía en la madrugada hacia Panamá, encontré  solo a Frank, pues a Roli se lo habían llevado los del DAS detenido. Mi alegría de partir fue opacada por la noticia.
Esa noche Jimmy apareció por el hotel y me invito a unas cervezas como despedida.
Era un buen compañero en la vidriería que estaba pasando la etapa de separación de su esposa e hija.
Más tarde me encuentro a Roli, me comenta que lo tenían los del DAS y que lo dejaron ir con la promesa de entregar un supuesto dinero que recibiría por medio de un giro desde Cuba.
Me voy ,voy a cruzar la selva- me dijo a la apurada
Cuídate, acordarte de todo lo que hablamos, mantenerte alejado de los caminos – le recomendé
Había elegido ir por la tierra de la guerrilla y los narcos, una de las rutas más peligrosas, pero no tenia alternativas.
Por suerte el esposo de la chica que atendía en el hotel era policía y ayudo a Roli y otros tres cubanos a llegar a Capurgana en lancha , incluso le puso un custodia para que el DAS no pudiera intervenir hasta el destino.
Esa noche se labro la historia para los tres, mas tarde le di 50 dólares a Frank para que fuera a sacar el pasaporte a Montería
Esa fue la última vez que nos vimos antes de embarcar en el Leviatan. Salimos de madrugada  con La Cimarrona atada en un costado. En la mañana llegamos a un caserío anterior a Capurgana. Allí ayude a bajar más de 2000 ticholos y 50 bolsas de cemento que iban en las bodegas del Leviatan. Esa tarde  llegamos a Capurgana, donde dejamos el resto de la carga pesada para luego ir a anclar en las afueras del puerto, se presagiaba tormenta y no era bueno estar atados al murallón del puerto.
En la mañana llegamos a Sansurro, lugar donde me daban la salida de Colombia en la oficina del DAS.
Descargamos los últimos bultos y pusieron rumbo a Puerto Obaldía, cerca del mediodía estaba por allí con el inconveniente que el barco solo anclaba en la bahía, y que la moto debía desembarcar en una panga.
Toda la tripulación me dio una mano en poner la moto dentro de la lanchita y bajarla en tierra, le s agradecí  a todos y me fui por senderos sin calle rumbo a migraciones panameña. Estaba en Panamá, pero todavía no sabía los problemas que vendrían, igual estaba contento y preocupado, me quedaron 400 dólares para la entrada ante una exigencia de 500 dólares para demostrar mi solvencia económica.
Llego a migraciones y me preguntan si había hecho aduana.
Fue el primer país que me pedían revisar si la moto estaba en regla para luego hacer la parte de migración.
El  encargado de Aduana Panameña estaba en el ciber de allí reparando no se qué, pero me contesto que no me podía atender hasta el otro día, porque estaba ocupado. Esta persona se llamaba Humberto, era dueño del ciber, de un restaurant y de un hotel.
Venia de Colombia con tres terribles valijas en la moto y no me revisaron para nada, podía haber pasado cualquier cosa.
Vuelvo a migraciones a decir que el funcionario de aduanas no me atendía y me contestaron de mala manera que esperara hasta el otro día. Estaba en Panamá pero legalmente no existíamos hasta el otro día. Busque un lugar donde dormir alojándome en un hotelucho del alcalde de la ciudad. Puerto Obaldía era un lugar de la comarca de los Kunas Yala donde vivían  mayoría de colombianos radicados panameños. Al otro día hice los papeles. Fui atendido por la gente de aduanas y migraciones. Tenía 400 dólares en el bolsillo pero cuando me preguntaron cuánto tenia, conteste 500 y como no lo comprobaron, pase legalmente a Panamá. Durante una de las recorridas en la tarde, por la ciudad me encuentro con Roli que recién había llegado. Nos dimos un abraso. Estaba contento había logrado llegar a Panamá. Roli y sus amigos se habían bajado antes de Capurgana y habían rodeado el pueblo entrando por el lado de la selva. Allí se enteraron que el DAS los buscaba enloquecidos por el pueblo, por lo que optaron caminar hacia la frontera entre la selva.
Fueron dos días larguísimos pero al fin después de pasar por una finca de narcos, con plantaciones en ambos lados y pasar una noche bajo la selva, con todos los miedos que esto significan, encontraron un destacamento  panameño y se entregaron pidiendo refugio. En Puerto Obaldía hay una oficina de la ONU donde se presentaron pidiendo refugio. Los cubanos  que estaban por este lugar eran quince. Había gente que hacía tres meses que habían llegado y todavía estaban allí. Esta perspectiva no nos gustaba mucho; pero bueno, estaba seguro por ahora y habían hecho denuncias contra los corruptos del DAS, uno de los cubanos había grabado los interrogatorios en Turbo con nombre y apellido. Los cubanos habían perdido sus pasaportes en mano del DAS. Unos días más tarde llegaban en una panga a cambio de no darse a conocer aquella grabación.
Pasaron los días en búsqueda de un barco para salir de allí, la próxima meta era Carty,  una isla frente al continente Panameño donde supuestamente empezaba la carretera.
Los barcos no aparecían y pasaba los días pescando y de charlas de la supuesta realidad cubana. También conocí a Pedro Berrios y Wilson Gondoni que viajaban a radicarse en Panamá City.
Pedro había estado trabajando por varios años en USA y me decía
A los cubanos hay que creerles la mitad de lo que dicen.
No sabes cómo viven en Miami
Se hacen mantener por el estado
Pedro era una persona con una visión similar por lo que congeniamos enseguida, apostaba al trabajo y todo aquel que estuviera de vivo, haciéndose mantener por el estado era objeto de críticas duras y los cubanos no eran de su devoción.
Yo no tenía nada contra nadie. Era un observador de los eventos, pero me dolía conocer personas que de alguna manera tenían sus derechos universales coartados.
Seguían pasando los días y no aparecían los barcos, se me habían ido 100 dólares como agua. Por lo que opte a mudarme cerca del muelle para tener bajo la vista los movimientos de salidas de las pangas. Me instale bajo una construcción abandonada  al lado del destacamento de policía. Fueron días DUROS, llego el cumpleaños de Alexa mi hija y la mañana me agarro con una gran congoja. Algunas lágrimas se me escaparon por primera vez  en el viaje.
Por suerte arribo a mi lugar un canadiense que venía con una compu y pude comunicarme con casa. También era el cumpleaños de Raquel. Fue una alegría poder comunicarme después de varios días. Me  ordene el desorden que tenía por dentro y de vuelta estaba con el espíritu alto, pronto para la batalla Pesque mi primera manta raya y tres pargos rojos. Eso presagiaba tiempos mejores.
Como me juntaba con los cubanos entre bajo el régimen de movilidad de la policía, no podía ir hasta la catarata a bañarme, ni hasta la playa.
Un martes llego Frank con dos colombianas y un yanqui guitarrista llamado Cabell Harris del norte de San Francisco.
De vuelta estaba entero el triunvirato de Turbo. Había sacado el pasaporte y se unió al grupo para poder juntar los 500 dólares de entrada. Luego de hacer los papeles sacaron pasaje de avión para el otro día. Al final los últimos fueron los primeros en irse.
Al otro día los acompañe hasta el aeropuerto para despedirlos.
Cuando puedo converso con el piloto de la posibilidad de embarcar la moto en el avión, lo que por el tamaño  de las puertas y el peso de la maquina era imposible de hacer.
Cuando termino de hablar, la funcionaria llamada Primitiva que vende los pasajes, empezó a gritarme que me pusiera algo y llamo al policía allí presente para que me obligara a ponerme una camiseta. No entendía nada estaba en una pista de aterrizaje en un claro de la selva, donde no había edificaciones, rodeado a 500 metros por mar de todos lados, con playas y palmeras y no podía desplazarme en shorts, descalzo y sin camiseta.
Me fui antes que me llevaran preso, luego me averigüe que en el poblado hay tres iglesias de esas que creen en la salvación si lees la biblia y que es una incitación a la fornicación pasearse a torso descubierto. Lo bueno es que todas y todos tienen hijos con varias parejas y se juntan y separan como algo sin importancia entre ellos.
Primitivo era la palabra adecuada para este lugar y para esta mujer alterada. Volví con los cubanos que por cierto estaban bastante mal, sin dinero, sin comida, sin baño donde hacer las necesidades, durmiendo en el piso. Sus condiciones eran jodidas, hacíamos excursiones para recolectar mangos para alimentarse.
De esa manera entable relaciones con Olga Céspedes de Camagüey, Alexis Diez de Habana y su pareja Mary Castillos, Felipe Frías de Camagüey y su amigo Carlos Espinoza de Camagüey.
Olga era ceramista, y en la búsqueda de dar una vuelta de tuerca a la situación, hasta llegaba a ir a la iglesia para entablar una buena relación con los lugareños. El resto, cada día que pasaba, llevados a cuentos por la funcionaria de la representación de la ONU, que por cierto seguía el esquema de su compañera Primitiva, estaban más encontrados con el sistema. Diez días después nos enteramos que esa funcionaria no había mandado los papeles hacia la central en Panamá City. Eso derivo en la toma del local, llegando inclusive yo a dormir en el hall junto a los cubanos en señal de protesta.
Los días pasaban y hice amistad con guardias kunas que a la larga fueron los que me dieron una mano a salir de Puerto Obaldía. Estaban llegando barcos pero nadie me llevaba por un buen precio. Al fin llego Rey Emmanuel, un barco panameño con un capitán Kuna, el guardia de la policía hablo con Brasilio López capitán del Rey Emmanuel y acordaron llevarme por 50 dólares.
Llevar la moto al barco costo 20 dólares para una panga que trasladara la moto, previo tuve que pagar la bajada anterior pues si no  se negaban a llevar hasta el barco.
Al fin pude zarpar hasta Carty, tenía que dar una mano en las descargas .Me quedaban 140 dólares para seguir después del desembarco. En el barco entable una relación cordial con todos:
Luis Eduardo Conejo (Koby) con quien entable una buena amistad, paseamos por las islas cobrando las cuentas  y haciéndome pasar por suegro suyo. También estaban Samuel Molinar (chespy)
Adrenor Cabrera, Diego (cocinero)Evelio y Gino Vázquez (pescaba hasta con la mano).Entre ellos pase como seis días cruzando la comarca Kuna Yala. Viajamos en un ámbito jovial desarrollado principalmente  por Brasilio y Koby. En todo el viaje me llamaban gringo, argentino, paraguayo y otros, pero nunca pude implantar el Uruguayo cuando se referían a mí.
Cruzamos lugares espectaculares de aguas trasparentes, durante la travesía pesqué un mero como de ocho kilos, hasta fui censado.
La comarca Kuna Yala está formada por cientos de islas a lo largo del golfo de San Blast, cada isla es una comunidad independiente, donde la autoridad la ejerce un jefe tribal denominado Sheila que ejerce junto al consejo, una construcción que alberga varios miembros. En cada isla hay una o dos canchas de básquet y vóley.
El consejo controla la venta de cocos y plátanos recolectados en la parte continental, que luego es vendida  o cambiada por mercaderías a barcos colombianos.
Las infracciones comunitarias el consejo las castiga sentándote en un banquito muy pequeño a torso descubierto y te golpean con una rama de ortiga a manera de latigazos.
Para que la raza se mantenga pura se multa a cualquier extranjero que tenga algo con una Kuna al pago de 500 dólares y la sentada al banquillo.
Esta comarca recibe apoyo financiero de Francia para que se preserve tal como está, por la influencia climática de la corriente que llega a este país. Al ver las construcciones de los kunas se observan sobre el agua los baños rodeando la isla. Toda la porquería y la basura terminan en esas aguas que viajan con la corriente hasta Francia.
Me hicieron sufrir en el desembarco de Carthy, pues era una isla y tenía que trasladar la moto varios kilómetros en una panga india de madera y sus implicancias. Por fin gracias a que Koby intercedió con Brasilio decidieron dejarme en Miramar, puerto final del barco, donde desembarcábamos a un muelle directamente y comenzaba la carretera de asfalto.
Fueron días que tuvieron de todo, pero sé que cuando baje no quería saber nada de pescado y arroz. Hacíamos desayuno, almuerzo y cena en base de pescado y arroz. Un día que no pescamos nada se cocino arroz con sardinas.
En Miramar arme la moto con las valijas, me despedí de todos y deje la caña de pescar y el equipo de frio bajo el cuidado de Koby para la vuelta, quería ir rápido y recuperar tiempo. Como a las 14.30 me puse en camino hacia Colon. Estaba loco de la vida, volvía a estar en ruta de nuevo y la selva brindaba paisajes muy lindos para la cámara. Llegue en la noche a Colon, zona peligrosa a esa hora, pues de noche es tierra de nadie. Me vi obligado a ir a un hotel donde se me fueron 20 dólares. Gastos de teléfono y comida me dejaron  en cuenta de cien para llegar como próxima meta a Guatemala. El tiempo dirá hasta donde llegaré, esa noche me comunique con casa, hacia fecha de casado, cumplía 25 años con Raquel y espero seguir cumpliendo, si no me da una patada en el trasero cuando llegue, recibí la noticia que Sebas se embarcaba en los Ángeles. Esa noche calcule como llegar a los Ángeles para el 30 de Mayo. Qué bueno sería verlo!!
En la mañana salí rumbo a Panamá  City con el objetivo de denunciar la situación de los cubanos, de pronto se podía lograr ayuda que los sacara de aquel lugar. Luego de una entrevista con La diaria, donde les plantee la situación y el periodista se comprometió  a editarlo sin tomar partido, pues el estado tiene demasiados vacios legales sobre varias cosas y como que ellos siguen la línea o están a favor del gobierno de Martinelli.
Cuando vi el apellido del Presidente Panameño esbocé una sonrisa y pensé:
Este entierra a todos los panameños.
En la tarde había cruzado el puente de las Américas, sobre el canal de Panamá. Me dirigí a paso Canoas en la frontera con Costa Rica.
Estaba a 304 kmts de la frontera cuando cargué el tanque en una estación de servicios.
Me alejo de ella y me prendo un cigarro al lado de una gomeria.
Se me acerca un veterano  y comenzamos a hablar, mientras se venía la noche. Motero el hombre estaba asombrado como él en 6 años le había hecho 12000 kmts a su moto y yo en cuatro meses 16500. Al final de la conversación era como si nos conociéramos toda la vida. Me invito a su casa a pasar la noche:
Tengo unas hamacas bajo techo y podes pasar la noche ahí y de pronto comer algo –
No te molesta nadie, es muy seguro y tranquilo.
Vamos – le conteste
Y así fue que termine en la casa de Cesar Rodríguez y Dely Fuentes, en estero de San José(Agua Dulce – Coclé)  Cesar era un hombre de 65 años, que edifico su casa con el sueldo de camionero. Hoy retirado de las rutas trabaja en una gomera donde con suerte llega a hacer 5 o 6 dólares diarios. Allí pase una noche tranquila, cenado, con perspectiva de desayuno y buenas hondas.
Al otro día seguí a Canoas donde llegue al mediodía, Antes de pasar la frontera se puede leer un cartel con el slogan del gobierno:
“Ahora le toca al pueblo” que algún  malintencionado agrego” pagar más impuestos y pagar más por la comida” , esta es la realidad de Panamá. Migración panameña estaba con corte de luz por lo que me comí un buen plantón. Una de cal y otra de arena: compre el diario panameño y bajo el titulo “cubanos varados” se hablaba de su situación sin jugarse mucho. Me encuentro con Cabell Harris y cuenta que Frank fue regresado por no contar con solvencia económica desde Panamá city hacia Colombia. Pobre loco, espero que hoy haya podido legar a sus metas, una lástima. Las colombianas y Harris habían pasado pero él había quedado.
Al fin pase migraciones costarricense y puse proa a Palmar Norte, donde la ruta se bifurca y uno puede esquivar la subida de la montaña de la muerte e ir costeando por una ruta más o menos bien que se junta con la nueva carretera a San José .Esa noche en una gasolinera hice cálculos y el dinero me daba exacto para llegar a San José con peajes incluidos. Tenía como meta llegar a Motul para ver si podían darme algún apoyo.
Al otro día después de cruzar por lugares magníficos, y pasar algunas peripecias en busca de la dirección llegue a la central de lubricantes, representantes de Motul. El dueño estaba de viaje y el gerente no podía ayudarme. Por lo cual fui hasta el canal 7 local, pero tampoco había ningún periodista que pudiese interesar la historia. Lo bueno es que la secretaria me consiguió la dirección de la embajada de Uruguay. Soy atendido en ella por funcionarios  ticos .Ellos logran llamar a un uruguayo que tiene un restaurant  y coordinan para que me dé una mano. Con toda la energía salgo hacia el local de Eduardo Espinosa, denominado “las llamadas”
Después de dar varias vueltas, por fin doy con el local y encuentro a Eduardo. Después de un rato ya me había conseguido trabajo con un ex patrón que tenia La Cava Del Duende, una parilla perdida en la montaña, cerca de Coronado en un paraje llamado las Nubes.
Como era ya tarde me ofreció una suculenta parilla con chinchulines, riñones, y carne. Ambos no pudimos terminarla.
Un monstruo Eduardo, no sé si sabía lo agradecido que estaba, parecía estar en un pedazo de Uruguay.
Esa noche dormí en el restaurant y cerca de las once Salí para Coronado, donde llegue luego de perderme e ir a dar a Cartago cerca de la tardecita. La cimarrona llego con el olor a nafta, tanque  seco. Allí tuve una entrevista con Bernardo el dueño:
Que sabe hacer? – Pregunto
Lo que quiera
Bueno a mi no me sobra trabajo, pero siempre hay algo.
De pronto usted puede dar una mano lavando platos y cacharros en la cocina. Inclusive se puede quedar aquí
Dele, vamos arriba!
Me presento a Dorian el chef encargado de la cocina y ahí mismo arranque a lavar platos, se fueron todos y seguía lavando platos.
Pronto le agarre la mano, y comencé  a relacionarme con toda la gente. En la cocina Dorian Sánchez, Manrique Zúñiga y María:
En la parilla Greeve, y en el salón y bar Mario Ramírez, dos inútiles:
David y Andrés, Nibia en el hotel, Leo en la entrada y un satélite llamado Julio Ulloa.
Pasaba todo el día trabajando, siempre buscaba estar ocupado en algo y si no me encontraban tareas.
No tenía comunicación con el mundo exterior, ni cigarros, ni internet. Solo debía dedicarme a trabajar. De a poco fue mejorando la situación  Dorian y Julio me trajeron cigarros, mas algunos que mangueaba al resto. Nibia me dio dinero y pude ir en ómnibus a Coronado y mandar un correo a la familia y amigos.
Al otro día llamaba Walter y la familia. El Sebas se embarcaba y como siempre los amigos de fierro le solucionaron los problemas.
En la noche llegaron Jorge y Waldo, dos uruguayos a conocerme, luego de charlar con ellos se sentaron en una mesa y pidieron una botella de vino.
Siéntase libre de estar con sus amigos que vinieron a verlo –me dice Bernardo
Y de inmediato me senté con ellos a charlar de bueyes caídos, de las vidas de cada uno, pero por sobre todo a disfrutar de dos botellas de tempranillo español que estaba de mas. Desde la casa de Iván, en Perú no tomaba un buen vino. Fue un disfrute y más cuando se agrego Bernardo y esposa invitando con una tercera botella. Cuando comento que la moto no estaba bien, Jorge se ofreció para hablar con su mecánico y ver que se podía hacer, que por los repuestos los pagaba él, y la mano de obra iba a ver si la conseguía.
Acordamos que haría unos pesos para seguir y luego bajaba a San José y nos encargábamos de la moto.
Fue un lunes de novela, primero  hablar con Raquel, Alexa, Sebastián y Walter y después la solidaridad de dos desconocidos uruguayos que brindaban como Eduardo su apoyo incondicional.
Las cosas de a poco se encaminaban, los días pasaron entre los compañeros del bar. En las noches charlas con Julio, un personaje que había estado en USA, que había estado metido en TODO. Desde salonero del Astoria hasta los amigos colombianos del trafico.
Había estado con Kissinger en la casa blanca y un montón de personajes, hasta enredado con el cartel de Pereira.
Sus anécdotas hacían de las dos o tres noches compartidas un sabor especial.
Mario un fenómeno, me regalo una campera y una máquina de afeitar, era de los saloneros el único que valía la pena. Los otros dos, un nica y un tico no servían ni para ellos mismos, terribles vagos.
Con el resto tenía una relación cordial, y grandes charlas de cocina con Dorian, de sabores de comidas y de vida.
Hacia unas masas de pizza que servían para todo, bocachas  y pan.
Más de una vez termine en un café con leche con sus delicias de pan y focachias.
Los primeros días la llevaba bien, pero con el paso del tiempo me entro el síndrome de la cocina, arrasaba con todo. Luego que todos se iban y terminaba de trabajar me hacía de cenar y terminaba con algún tiramizu o trileche.
Me ponía fuerte para el futuro. Aunque lo que hacía podía usarlo en el resto del camino: viajar de día y por las noches lavar platos; eso me aseguraba un jornal, una comida y tal vez un techo, al mismo tiempo. Iré probando en las ciudades como me va.
El lunes llego Bernardo con mi sueldo, poco más de cien dólares. Por lo que me despedí de él y arranque para lo de Eduardo, donde Waldo me iba a buscar con su moto para llevarme al taller de Jorge.
Pasó el tiempo y Waldo nunca apareció, como a las tres de la tarde Eduardo preparo unos tallarines a los cuales se añadió Jorge con unas cajas de vino. Bajamos bastante ya que el día estaba perdido para el taller. Jorge nos dio las indicaciones pertinentes para llegar solo, aunque no tenía ni idea de donde quedaba el taller.
Al final de la tarde llego Waldo, a quien alquilamos por un buen rato, se preparo un mate y seguimos hablando entre vinos y mates de bueyes perdidos. Los momentos que pasamos juntos fueron de los mejores desde que había estado en Perú bajo la tutela de Iván y Malena. Me sentía fuerte y con el espíritu de seguir, estaba entre amigos.
Al otro día me desperté temprano y me fui hacia lo de Mario  Chapupo, el mecánico de Jorge.
Arreglamos la parte de la rueda trasera que tenía problemas y algún ajuste mas y coordinamos para bajar el motor y ver los ruidos raros en el motor.
Después de dar una vuelta Mario se dio cuenta que los ruidos eran el motor suelto y no de las marchas.
Repaso todos los tornillos y la cimarrona quedo como nueva, pronta para el camino de la próxima parada a Guatemala.
En caso de reparaciones esa es nuestra próxima meta.
Van un par de días que trabajo en la reseña alistándome para partir el viernes, o sea mañana. Eduardo y Waldo están siempre conmigo.
He tratado de emprolijarme y me he cortado el pelo me afeito y estoy pronto para hacer camino de nuevo con renovada energía.
He aprendido mucho en esta estadía, contactos en USA, en México, de cocina y que en todo restaurant necesitan un sacrificado lava platos y en todos lados temes trabajo.
Hoy hablaba con Verónica, una nicaragüense que trabaja con Eduardo, que esto era más que uruguayos hospitalarios sino uruguayos solidarios.
Estoy con las fuerzas intactas y con el objetivo a la vista.
Próxima parada Motul de Guatemala en busca de algo de respaldo para la cimarrona, ya precisa cubiertas nuevas y alguna cosa más, vamos por solucionarlas. Es una lástima que no encontré un cable para la cámara y así poder bajar las fotos. Mañana me despido de la Embajada y de pronto encuentro algo para enviarlas,  tengo demasiadas en la cámara.
Por lo pronto estoy bien, siempre con los afectos de familia y amigos presentes cada día, esa fuerza me llega y me empuja hacia adelante. Agradezco a Taller Chapulpo de Mario Alfaro, ubicado en Guadalupe, cruce con Moravia, me dio una gran mano.
También a Eduardo y su restaurante “las Llamadas” que me han alimentado y dado alojamiento durante varios días.
A todos los que intervinieron directamente o indirectamente en que hoy estemos en Costa Rica, GRACIAS, nos vemos en el camino…

Desde el 6 de Abril al 4 de junio de 2010

Esta es la primera vez que tengo posibilidad de trabajar ante un computador durante más de un mes.

Han sido tiempos difíciles,  donde uno llega a replantearse todos los días su situación, los afectos, la lejanía del hogar, las futuras metas, lo que queda de camino. Todo hace un combo que  por más entereza que uno tenga, en momentos tambaleamos. Pero estoy cumpliendo un sueño, mi  sueño y eso me mantiene siempre con ganas de pelear hasta el final.

Pasan tantas cosas en un viaje de esta estilo que es difícil a veces mantenerse dentro de los objetivos de este, sin involucrarte emocionalmente con la realidad que viven los que vas conociendo en el camino.

Por suerte me puedo proteger en las imágenes de la familia y de los amigos, ellos al solo llamado de su imagen me sacan de cualquier presencia derrotera y colocan mi espíritu en alto.

Retomando la estancia en Cartagena, paso a ser una búsqueda de cruce a Panamá infructuosa.

No conseguí menor precio para la cimarrona y yo que 500 dolares.

Los precios oficiales son de 375 por cada uno, en un velero de 30 pies donde hay que hacerle un baño de gasoil a la máquina para soportar el salitre al que se la expone.

Después de discutir con Belisario las alternativas de los peligros de una ruta por Turbo, tome la decisión de arriesgarme hasta allí.

Que la guerrilla,  que el narcotráfico, que la inseguridad de Turbo, de los cuales no se tenían noticias exactas hacían tener más confianza en lograr algo positivo. Estaba potencialmente en la cima y no había escollo que pudiera detenerme.

De esta manera y luego de pasar una noche en Montería desembarcamos en Turbo, con todas las expectativas de encontrar un paso barato hacia Panamá. Turbo es una ciudad caótica con un puerto intenso que regula el tráfico comercial entre el Chocón y Panamá y el resto de Colombia. Con aguas similares al pantanoso allí llegan barcos con cocos, plátanos y maderas y salen los suministros que necesitan las regiones aledañas al rio y más allá hasta Sansurro, puerto limite con Panamá. Es el lugar donde uno puede cruzar hasta Panamá City más económico de Colombia.

Una persona puede tomar una Panga (lancha con dos motores de 200 hp) hasta Capurgana por un precio de 50 dólares, desde Capurgana hasta Sansurro por 20 dólares(limite de Colombia) Desde Sansurro a Puerto Obaldía por 18 dólares(entrada migratoria obligatoria a Panamá) y desde allí hasta Panamá City en avión por 84 dólares. Total 172 dólares. Esto para cualquier persona que viaje sola o acompañada, precio unitario. Tener en cuenta que migración panameña exige tiquet de regreso en avión con un costo de 84 dólares y 500 en el bolsillo como demostración de solvencia.

Esta es una ruta segura, solo tener algún cuidado o prevención, pero es una ruta segura.

Todo bien hasta aquí, lo que dificultaba mi viaje era la moto. Llevarla en panga tenía una tarifa de siete lugares, seis para la moto y uno mío, lo que nos dejaba fuera de juego. Allí  comenzó el derrotero por el puerto en busca de un barco barato para llevarla.

Me acerque a una vidriería enfrente al puerto llamada el Limaso.

Opte por hacer de ella mi centro de operaciones, los barcos estaban al cruzar la calle y mientras me mantenía en un lugar donde me sentía como en casa. Allí pude hacer unos pocos pesos, a veces un almuerzo y canilla libre de agua y café.

Pasaba todos los días buscando un capitán que me llevara con poco costo. Los días pasaron dentro de la vidriería con compañeros que eran unos fenómenos: Gloria Piedad López en la parte administrativa, Jimmy Giraldo a cargo de la parte de ejecución( en los días que estuve se separo de su mujer) Alex Yerena también en la parte de ejecución(en los días que estuve allí se separo de su mujer)y José Alfredo Gómez, hasta que me fui seguía con su esposa. Bromeábamos de cambiar el nombre de la vidriería a mal de amores. Marco esto, pues a lo largo del camino colombiano fue una constante encontrar hombres y mujeres con varios hijos de diferentes parejas.

Durante el día en la vidriería y por las noches grandes charlas con Nelson Frank Quinteros y Rolando Kiala Padilla. Frank era un colombiano que vivió 34 años en Estados Unidos y que por algunos problemas ilegales fue en cana y luego expulsado del país, pues nunca hizo los papeles legales. Estaba en la lucha de cruzar ilegalmente a Panamá. Quería entrar en USA para ver a su hija y volver a encaminar su vida por cánones normales. Rolando o Roli era un cubano de Habana centro que buscaba el refugio de USA para poder pedir el exilio de su mujer y su hija en Cuba.

Los problemas y persecución del DAS, el organismo migratorio de Colombia, que les hizo a ambos es parte de una epopeya.

Durante las noches examinábamos las perspectivas de ellos y buscábamos la mejor fuga de Colombia para cada uno de ellos.

Los funcionarios corruptos del DAS estaban como perros detrás de Roli, tratando de sacarle dinero para evitar la deportación a Cuba y la situación en el hotel Bahía cada día era más tensa. Por el lado de Frank habíamos encontrado una posibilidad legal de llegar a Panamá, pero se carecía de dinero. Durante varios días me esperaban que llegara para comprar un par de panes que compartíamos entre todos. Yo tenía el respaldo de mis amigos en Uruguay que eran una GRAN AYUDA, pero ellos estaban peor que yo, sin respaldo y perseguidos.

Mientras seguía buscando un barco para mi desde la vidriería, así conocí al Rey David, el barco que usó Jesús Pocho Motos para cruzar a panamá, pero se iban en la noche y era imposible hacer el zarpe a esa hora que di con el capitán. Fue creo la única posibilidad real que conocí de embarcar bajo un precio razonable. Seguí en idas y venidas hasta que di con el capitán del Leviatán,  este prometió llevarme a Puerto Obaldía por 300 dólares.

Esa noche cuando llegue al hotel con la novedad que partía en la madrugada hacia Panamá, encontré  solo a Frank, pues a Roli se lo habían llevado los del DAS detenido. Mi alegría de partir fue opacada por la noticia.

Esa noche Jimmy apareció por el hotel y me invito a unas cervezas como despedida.

Era un buen compañero en la vidriería que estaba pasando la etapa de separación de su esposa e hija.

Más tarde me encuentro a Roli, me comenta que lo tenían los del DAS y que lo dejaron ir con la promesa de entregar un supuesto dinero que recibiría por medio de un giro desde Cuba.

Me voy ,voy a cruzar la selva- me dijo a la apurada

Cuídate, acordarte de todo lo que hablamos, mantenerte alejado de los caminos – le recomendé

Había elegido ir por la tierra de la guerrilla y los narcos, una de las rutas más peligrosas, pero no tenia alternativas.

Por suerte el esposo de la chica que atendía en el hotel era policía y ayudo a Roli y otros tres cubanos a llegar a Capurgana en lancha , incluso le puso un custodia para que el DAS no pudiera intervenir hasta el destino.

Esa noche se labro la historia para los tres, mas tarde le di 50 dólares a Frank para que fuera a sacar el pasaporte a Montería

Esa fue la última vez que nos vimos antes de embarcar en el Leviatan. Salimos de madrugada  con La Cimarrona atada en un costado. En la mañana llegamos a un caserío anterior a Capurgana. Allí ayude a bajar más de 2000 ticholos y 50 bolsas de cemento que iban en las bodegas del Leviatan. Esa tarde  llegamos a Capurgana, donde dejamos el resto de la carga pesada para luego ir a anclar en las afueras del puerto, se presagiaba tormenta y no era bueno estar atados al murallón del puerto.

En la mañana llegamos a Sansurro, lugar donde me daban la salida de Colombia en la oficina del DAS.

Descargamos los últimos bultos y pusieron rumbo a Puerto Obaldía, cerca del mediodía estaba por allí con el inconveniente que el barco solo anclaba en la bahía, y que la moto debía desembarcar en una panga.

Toda la tripulación me dio una mano en poner la moto dentro de la lanchita y bajarla en tierra, le s agradecí  a todos y me fui por senderos sin calle rumbo a migraciones panameña. Estaba en Panamá, pero todavía no sabía los problemas que vendrían, igual estaba contento y preocupado, me quedaron 400 dólares para la entrada ante una exigencia de 500 dólares para demostrar mi solvencia económica.

Llego a migraciones y me preguntan si había hecho aduana.

Fue el primer país que me pedían revisar si la moto estaba en regla para luego hacer la parte de migración.

El  encargado de Aduana Panameña estaba en el ciber de allí reparando no se qué, pero me contesto que no me podía atender hasta el otro día, porque estaba ocupado. Esta persona se llamaba Humberto, era dueño del ciber, de un restaurant y de un hotel.

Venia de Colombia con tres terribles valijas en la moto y no me revisaron para nada, podía haber pasado cualquier cosa.

Vuelvo a migraciones a decir que el funcionario de aduanas no me atendía y me contestaron de mala manera que esperara hasta el otro día. Estaba en Panamá pero legalmente no existíamos hasta el otro día. Busque un lugar donde dormir alojándome en un hotelucho del alcalde de la ciudad. Puerto Obaldía era un lugar de la comarca de los Kunas Yala donde vivían  mayoría de colombianos radicados panameños. Al otro día hice los papeles. Fui atendido por la gente de aduanas y migraciones. Tenía 400 dólares en el bolsillo pero cuando me preguntaron cuánto tenia, conteste 500 y como no lo comprobaron, pase legalmente a Panamá. Durante una de las recorridas en la tarde, por la ciudad me encuentro con Roli que recién había llegado. Nos dimos un abraso. Estaba contento había logrado llegar a Panamá. Roli y sus amigos se habían bajado antes de Capurgana y habían rodeado el pueblo entrando por el lado de la selva. Allí se enteraron que el DAS los buscaba enloquecidos por el pueblo, por lo que optaron caminar hacia la frontera entre la selva.

Fueron dos días larguísimos pero al fin después de pasar por una finca de narcos, con plantaciones en ambos lados y pasar una noche bajo la selva, con todos los miedos que esto significan, encontraron un destacamento  panameño y se entregaron pidiendo refugio. En Puerto Obaldía hay una oficina de la ONU donde se presentaron pidiendo refugio. Los cubanos  que estaban por este lugar eran quince. Había gente que hacía tres meses que habían llegado y todavía estaban allí. Esta perspectiva no nos gustaba mucho; pero bueno, estaba seguro por ahora y habían hecho denuncias contra los corruptos del DAS, uno de los cubanos había grabado los interrogatorios en Turbo con nombre y apellido. Los cubanos habían perdido sus pasaportes en mano del DAS. Unos días más tarde llegaban en una panga a cambio de no darse a conocer aquella grabación.

Pasaron los días en búsqueda de un barco para salir de allí, la próxima meta era Carty,  una isla frente al continente Panameño donde supuestamente empezaba la carretera.

Los barcos no aparecían y pasaba los días pescando y de charlas de la supuesta realidad cubana. También conocí a Pedro Berrios y Wilson Gondoni que viajaban a radicarse en Panamá City.

Pedro había estado trabajando por varios años en USA y me decía

A los cubanos hay que creerles la mitad de lo que dicen.

No sabes cómo viven en Miami

Se hacen mantener por el estado

Pedro era una persona con una visión similar por lo que congeniamos enseguida, apostaba al trabajo y todo aquel que estuviera de vivo, haciéndose mantener por el estado era objeto de críticas duras y los cubanos no eran de su devoción.

Yo no tenía nada contra nadie. Era un observador de los eventos, pero me dolía conocer personas que de alguna manera tenían sus derechos universales coartados.

Seguían pasando los días y no aparecían los barcos, se me habían ido 100 dólares como agua. Por lo que opte a mudarme cerca del muelle para tener bajo la vista los movimientos de salidas de las pangas. Me instale bajo una construcción abandonada  al lado del destacamento de policía. Fueron días DUROS, llego el cumpleaños de Alexa mi hija y la mañana me agarro con una gran congoja. Algunas lágrimas se me escaparon por primera vez  en el viaje.

Por suerte arribo a mi lugar un canadiense que venía con una compu y pude comunicarme con casa. También era el cumpleaños de Raquel. Fue una alegría poder comunicarme después de varios días. Me  ordene el desorden que tenía por dentro y de vuelta estaba con el espíritu alto, pronto para la batalla Pesque mi primera manta raya y tres pargos rojos. Eso presagiaba tiempos mejores.

Como me juntaba con los cubanos entre bajo el régimen de movilidad de la policía, no podía ir hasta la catarata a bañarme, ni hasta la playa.

Un martes llego Frank con dos colombianas y un yanqui guitarrista llamado Cabell Harris del norte de San Francisco.

De vuelta estaba entero el triunvirato de Turbo. Había sacado el pasaporte y se unió al grupo para poder juntar los 500 dólares de entrada. Luego de hacer los papeles sacaron pasaje de avión para el otro día. Al final los últimos fueron los primeros en irse.

Al otro día los acompañe hasta el aeropuerto para despedirlos.

Cuando puedo converso con el piloto de la posibilidad de embarcar la moto en el avión, lo que por el tamaño  de las puertas y el peso de la maquina era imposible de hacer.

Cuando termino de hablar, la funcionaria llamada Primitiva que vende los pasajes, empezó a gritarme que me pusiera algo y llamo al policía allí presente para que me obligara a ponerme una camiseta. No entendía nada estaba en una pista de aterrizaje en un claro de la selva, donde no había edificaciones, rodeado a 500 metros por mar de todos lados, con playas y palmeras y no podía desplazarme en shorts, descalzo y sin camiseta.

Me fui antes que me llevaran preso, luego me averigüe que en el poblado hay tres iglesias de esas que creen en la salvación si lees la biblia y que es una incitación a la fornicación pasearse a torso descubierto. Lo bueno es que todas y todos tienen hijos con varias parejas y se juntan y separan como algo sin importancia entre ellos.

Primitivo era la palabra adecuada para este lugar y para esta mujer alterada. Volví con los cubanos que por cierto estaban bastante mal, sin dinero, sin comida, sin baño donde hacer las necesidades, durmiendo en el piso. Sus condiciones eran jodidas, hacíamos excursiones para recolectar mangos para alimentarse.

De esa manera entable relaciones con Olga Céspedes de Camagüey, Alexis Diez de Habana y su pareja Mary Castillos, Felipe Frías de Camagüey y su amigo Carlos Espinoza de Camagüey.

Olga era ceramista, y en la búsqueda de dar una vuelta de tuerca a la situación, hasta llegaba a ir a la iglesia para entablar una buena relación con los lugareños. El resto, cada día que pasaba, llevados a cuentos por la funcionaria de la representación de la ONU, que por cierto seguía el esquema de su compañera Primitiva, estaban más encontrados con el sistema. Diez días después nos enteramos que esa funcionaria no había mandado los papeles hacia la central en Panamá City. Eso derivo en la toma del local, llegando inclusive yo a dormir en el hall junto a los cubanos en señal de protesta.

Los días pasaban y hice amistad con guardias kunas que a la larga fueron los que me dieron una mano a salir de Puerto Obaldía. Estaban llegando barcos pero nadie me llevaba por un buen precio. Al fin llego Rey Emmanuel, un barco panameño con un capitán Kuna, el guardia de la policía hablo con Brasilio López capitán del Rey Emmanuel y acordaron llevarme por 50 dólares.

Llevar la moto al barco costo 20 dólares para una panga que trasladara la moto, previo tuve que pagar la bajada anterior pues si no  se negaban a llevar hasta el barco.

Al fin pude zarpar hasta Carty, tenía que dar una mano en las descargas .Me quedaban 140 dólares para seguir después del desembarco. En el barco entable una relación cordial con todos:

Luis Eduardo Conejo (Koby) con quien entable una buena amistad, paseamos por las islas cobrando las cuentas  y haciéndome pasar por suegro suyo. También estaban Samuel Molinar (chespy)

Adrenor Cabrera, Diego (cocinero)Evelio y Gino Vázquez (pescaba hasta con la mano).Entre ellos pase como seis días cruzando la comarca Kuna Yala. Viajamos en un ámbito jovial desarrollado principalmente  por Brasilio y Koby. En todo el viaje me llamaban gringo, argentino, paraguayo y otros, pero nunca pude implantar el Uruguayo cuando se referían a mí.

Cruzamos lugares espectaculares de aguas trasparentes, durante la travesía pesqué un mero como de ocho kilos, hasta fui censado.

La comarca Kuna Yala está formada por cientos de islas a lo largo del golfo de San Blast, cada isla es una comunidad independiente, donde la autoridad la ejerce un jefe tribal denominado Sheila que ejerce junto al consejo, una construcción que alberga varios miembros. En cada isla hay una o dos canchas de básquet y vóley.

El consejo controla la venta de cocos y plátanos recolectados en la parte continental, que luego es vendida  o cambiada por mercaderías a barcos colombianos.

Las infracciones comunitarias el consejo las castiga sentándote en un banquito muy pequeño a torso descubierto y te golpean con una rama de ortiga a manera de latigazos.

Para que la raza se mantenga pura se multa a cualquier extranjero que tenga algo con una Kuna al pago de 500 dólares y la sentada al banquillo.

Esta comarca recibe apoyo financiero de Francia para que se preserve tal como está, por la influencia climática de la corriente que llega a este país. Al ver las construcciones de los kunas se observan sobre el agua los baños rodeando la isla. Toda la porquería y la basura terminan en esas aguas que viajan con la corriente hasta Francia.

Me hicieron sufrir en el desembarco de Carthy, pues era una isla y tenía que trasladar la moto varios kilómetros en una panga india de madera y sus implicancias. Por fin gracias a que Koby intercedió con Brasilio decidieron dejarme en Miramar, puerto final del barco, donde desembarcábamos a un muelle directamente y comenzaba la carretera de asfalto.

Fueron días que tuvieron de todo, pero sé que cuando baje no quería saber nada de pescado y arroz. Hacíamos desayuno, almuerzo y cena en base de pescado y arroz. Un día que no pescamos nada se cocino arroz con sardinas.

En Miramar arme la moto con las valijas, me despedí de todos y deje la caña de pescar y el equipo de frio bajo el cuidado de Koby para la vuelta, quería ir rápido y recuperar tiempo. Como a las 14.30 me puse en camino hacia Colon. Estaba loco de la vida, volvía a estar en ruta de nuevo y la selva brindaba paisajes muy lindos para la cámara. Llegue en la noche a Colon, zona peligrosa a esa hora, pues de noche es tierra de nadie. Me vi obligado a ir a un hotel donde se me fueron 20 dólares. Gastos de teléfono y comida me dejaron  en cuenta de cien para llegar como próxima meta a Guatemala. El tiempo dirá hasta donde llegaré, esa noche me comunique con casa, hacia fecha de casado, cumplía 25 años con Raquel y espero seguir cumpliendo, si no me da una patada en el trasero cuando llegue, recibí la noticia que Sebas se embarcaba en los Ángeles. Esa noche calcule como llegar a los Ángeles para el 30 de Mayo. Qué bueno sería verlo!!

En la mañana salí rumbo a Panamá  City con el objetivo de denunciar la situación de los cubanos, de pronto se podía lograr ayuda que los sacara de aquel lugar. Luego de una entrevista con La diaria, donde les plantee la situación y el periodista se comprometió  a editarlo sin tomar partido, pues el estado tiene demasiados vacios legales sobre varias cosas y como que ellos siguen la línea o están a favor del gobierno de Martinelli.

Cuando vi el apellido del Presidente Panameño esbocé una sonrisa y pensé:

Este entierra a todos los panameños.

En la tarde había cruzado el puente de las Américas, sobre el canal de Panamá. Me dirigí a paso Canoas en la frontera con Costa Rica.

Estaba a 304 kmts de la frontera cuando cargué el tanque en una estación de servicios.

Me alejo de ella y me prendo un cigarro al lado de una gomeria.

Se me acerca un veterano  y comenzamos a hablar, mientras se venía la noche. Motero el hombre estaba asombrado como él en 6 años le había hecho 12000 kmts a su moto y yo en cuatro meses 16500. Al final de la conversación era como si nos conociéramos toda la vida. Me invito a su casa a pasar la noche:

Tengo unas hamacas bajo techo y podes pasar la noche ahí y de pronto comer algo –

No te molesta nadie, es muy seguro y tranquilo.

Vamos – le conteste

Y así fue que termine en la casa de Cesar Rodríguez y Dely Fuentes, en estero de San José(Agua Dulce – Coclé)  Cesar era un hombre de 65 años, que edifico su casa con el sueldo de camionero. Hoy retirado de las rutas trabaja en una gomera donde con suerte llega a hacer 5 o 6 dólares diarios. Allí pase una noche tranquila, cenado, con perspectiva de desayuno y buenas hondas.

Al otro día seguí a Canoas donde llegue al mediodía, Antes de pasar la frontera se puede leer un cartel con el slogan del gobierno:

“Ahora le toca al pueblo” que algún  malintencionado agrego” pagar más impuestos y pagar más por la comida” , esta es la realidad de Panamá. Migración panameña estaba con corte de luz por lo que me comí un buen plantón. Una de cal y otra de arena: compre el diario panameño y bajo el titulo “cubanos varados” se hablaba de su situación sin jugarse mucho. Me encuentro con Cabell Harris y cuenta que Frank fue regresado por no contar con solvencia económica desde Panamá city hacia Colombia. Pobre loco, espero que hoy haya podido legar a sus metas, una lástima. Las colombianas y Harris habían pasado pero él había quedado.

Al fin pase migraciones costarricense y puse proa a Palmar Norte, donde la ruta se bifurca y uno puede esquivar la subida de la montaña de la muerte e ir costeando por una ruta más o menos bien que se junta con la nueva carretera a San José .Esa noche en una gasolinera hice cálculos y el dinero me daba exacto para llegar a San José con peajes incluidos. Tenía como meta llegar a Motul para ver si podían darme algún apoyo.

Al otro día después de cruzar por lugares magníficos, y pasar algunas peripecias en busca de la dirección llegue a la central de lubricantes, representantes de Motul. El dueño estaba de viaje y el gerente no podía ayudarme. Por lo cual fui hasta el canal 7 local, pero tampoco había ningún periodista que pudiese interesar la historia. Lo bueno es que la secretaria me consiguió la dirección de la embajada de Uruguay. Soy atendido en ella por funcionarios  ticos .Ellos logran llamar a un uruguayo que tiene un restaurant  y coordinan para que me dé una mano. Con toda la energía salgo hacia el local de Eduardo Espinosa, denominado “las llamadas”

Después de dar varias vueltas, por fin doy con el local y encuentro a Eduardo. Después de un rato ya me había conseguido trabajo con un ex patrón que tenia La Cava Del Duende, una parilla perdida en la montaña, cerca de Coronado en un paraje llamado las Nubes.

Como era ya tarde me ofreció una suculenta parilla con chinchulines, riñones, y carne. Ambos no pudimos terminarla.

Un monstruo Eduardo, no sé si sabía lo agradecido que estaba, parecía estar en un pedazo de Uruguay.

Esa noche dormí en el restaurant y cerca de las once Salí para Coronado, donde llegue luego de perderme e ir a dar a Cartago cerca de la tardecita. La cimarrona llego con el olor a nafta, tanque  seco. Allí tuve una entrevista con Bernardo el dueño:

Que sabe hacer? – Pregunto

Lo que quiera

Bueno a mi no me sobra trabajo, pero siempre hay algo.

De pronto usted puede dar una mano lavando platos y cacharros en la cocina. Inclusive se puede quedar aquí

Dele, vamos arriba!

Me presento a Dorian el chef encargado de la cocina y ahí mismo arranque a lavar platos, se fueron todos y seguía lavando platos.

Pronto le agarre la mano, y comencé  a relacionarme con toda la gente. En la cocina Dorian Sánchez, Manrique Zúñiga y María:

En la parilla Greeve, y en el salón y bar Mario Ramírez, dos inútiles:

David y Andrés, Nibia en el hotel, Leo en la entrada y un satélite llamado Julio Ulloa.

Pasaba todo el día trabajando, siempre buscaba estar ocupado en algo y si no me encontraban tareas.

No tenía comunicación con el mundo exterior, ni cigarros, ni internet. Solo debía dedicarme a trabajar. De a poco fue mejorando la situación  Dorian y Julio me trajeron cigarros, mas algunos que mangueaba al resto. Nibia me dio dinero y pude ir en ómnibus a Coronado y mandar un correo a la familia y amigos.

Al otro día llamaba Walter y la familia. El Sebas se embarcaba y como siempre los amigos de fierro le solucionaron los problemas.

En la noche llegaron Jorge y Waldo, dos uruguayos a conocerme, luego de charlar con ellos se sentaron en una mesa y pidieron una botella de vino.

Siéntase libre de estar con sus amigos que vinieron a verlo –me dice Bernardo

Y de inmediato me senté con ellos a charlar de bueyes caídos, de las vidas de cada uno, pero por sobre todo a disfrutar de dos botellas de tempranillo español que estaba de mas. Desde la casa de Iván, en Perú no tomaba un buen vino. Fue un disfrute y más cuando se agrego Bernardo y esposa invitando con una tercera botella. Cuando comento que la moto no estaba bien, Jorge se ofreció para hablar con su mecánico y ver que se podía hacer, que por los repuestos los pagaba él, y la mano de obra iba a ver si la conseguía.

Acordamos que haría unos pesos para seguir y luego bajaba a San José y nos encargábamos de la moto.

Fue un lunes de novela, primero  hablar con Raquel, Alexa, Sebastián y Walter y después la solidaridad de dos desconocidos uruguayos que brindaban como Eduardo su apoyo incondicional.

Las cosas de a poco se encaminaban, los días pasaron entre los compañeros del bar. En las noches charlas con Julio, un personaje que había estado en USA, que había estado metido en TODO. Desde salonero del Astoria hasta los amigos colombianos del trafico.

Había estado con Kissinger en la casa blanca y un montón de personajes, hasta enredado con el cartel de Pereira.

Sus anécdotas hacían de las dos o tres noches compartidas un sabor especial.

Mario un fenómeno, me regalo una campera y una máquina de afeitar, era de los saloneros el único que valía la pena. Los otros dos, un nica y un tico no servían ni para ellos mismos, terribles vagos.

Con el resto tenía una relación cordial, y grandes charlas de cocina con Dorian, de sabores de comidas y de vida.

Hacia unas masas de pizza que servían para todo, bocachas  y pan.

Más de una vez termine en un café con leche con sus delicias de pan y focachias.

Los primeros días la llevaba bien, pero con el paso del tiempo me entro el síndrome de la cocina, arrasaba con todo. Luego que todos se iban y terminaba de trabajar me hacía de cenar y terminaba con algún tiramizu o trileche.

Me ponía fuerte para el futuro. Aunque lo que hacía podía usarlo en el resto del camino: viajar de día y por las noches lavar platos; eso me aseguraba un jornal, una comida y tal vez un techo, al mismo tiempo. Iré probando en las ciudades como me va.

El lunes llego Bernardo con mi sueldo, poco más de cien dólares. Por lo que me despedí de él y arranque para lo de Eduardo, donde Waldo me iba a buscar con su moto para llevarme al taller de Jorge.

Pasó el tiempo y Waldo nunca apareció, como a las tres de la tarde Eduardo preparo unos tallarines a los cuales se añadió Jorge con unas cajas de vino. Bajamos bastante ya que el día estaba perdido para el taller. Jorge nos dio las indicaciones pertinentes para llegar solo, aunque no tenía ni idea de donde quedaba el taller.

Al final de la tarde llego Waldo, a quien alquilamos por un buen rato, se preparo un mate y seguimos hablando entre vinos y mates de bueyes perdidos. Los momentos que pasamos juntos fueron de los mejores desde que había estado en Perú bajo la tutela de Iván y Malena. Me sentía fuerte y con el espíritu de seguir, estaba entre amigos.

Al otro día me desperté temprano y me fui hacia lo de Mario  Chapupo, el mecánico de Jorge.

Arreglamos la parte de la rueda trasera que tenía problemas y algún ajuste mas y coordinamos para bajar el motor y ver los ruidos raros en el motor.

Después de dar una vuelta Mario se dio cuenta que los ruidos eran el motor suelto y no de las marchas.

Repaso todos los tornillos y la cimarrona quedo como nueva, pronta para el camino de la próxima parada a Guatemala.

En caso de reparaciones esa es nuestra próxima meta.

Van un par de días que trabajo en la reseña alistándome para partir el viernes, o sea mañana. Eduardo y Waldo están siempre conmigo.

He tratado de emprolijarme y me he cortado el pelo me afeito y estoy pronto para hacer camino de nuevo con renovada energía.

He aprendido mucho en esta estadía, contactos en USA, en México, de cocina y que en todo restaurant necesitan un sacrificado lava platos y en todos lados temes trabajo.

Hoy hablaba con Verónica, una nicaragüense que trabaja con Eduardo, que esto era más que uruguayos hospitalarios sino uruguayos solidarios.

Estoy con las fuerzas intactas y con el objetivo a la vista.

Próxima parada Motul de Guatemala en busca de algo de respaldo para la cimarrona, ya precisa cubiertas nuevas y alguna cosa más, vamos por solucionarlas. Es una lástima que no encontré un cable para la cámara y así poder bajar las fotos. Mañana me despido de la Embajada y de pronto encuentro algo para enviarlas,  tengo demasiadas en la cámara.

Por lo pronto estoy bien, siempre con los afectos de familia y amigos presentes cada día, esa fuerza me llega y me empuja hacia adelante. Agradezco a Taller Chapulpo de Mario Alfaro, ubicado en Guadalupe, cruce con Moravia, me dio una gran mano.

También a Eduardo y su restaurante “las Llamadas” que me han alimentado y dado alojamiento durante varios días.

A todos los que intervinieron directamente o indirectamente en que hoy estemos en Costa Rica, GRACIAS, nos vemos en el camino…

Séptima Reseña de Viaje de los Sueños

Del 19 de Marzo al 6 de Abril del 2010

Luego de dejar Motavalo atrás, un pueblo con tradición india, donde todos los hombres y mujeres andan ataviados con sus trajes típicos, me dedico a tragar kilómetros hacia la frontera. Tenía la expectativa de llegar a Pasto, pero había salido muy tarde y aunque  llevara un buen ritmo, estaba difícil. El camino seguía lleno de curvas y trepadas lo que bajaba el promedio. No podía levantar más de sesenta kilómetros por hora. Pero igualmente los paisajes, llenos de precipicios, le daban un sabor especial al camino. Después me enteraría que estaba subiendo a tres mil doscientos metros. A unos treinta kilómetros de la frontera me superan dos motos como bólidos, tocan bocina, los saludo y más adelante se detienen.

Cual seria la sorpresa de encontrar a dos peruanos que había conocido en Socopur Lima mientras hacia el mantenimiento de la maquina auspiciada por Motul.

Arturo y “el Peluca” habían salido desde su tierra natal: Cajamarca,

Con destino Colombiano. La alegría de encontrarnos fue inmensa, luego de un rato de charla y ponernos al día de cómo había sido nuestra ruta hasta allí, decidimos seguir juntos hasta la frontera.

Siempre es reconfortante tener alguien conocido o amigo en el camino y ver la KTM 990 cc del “Peluca” y La Honda 650 de Arturo delante de mí, era lo más. Trataba de seguir el ritmo de ellos y ellos el mío, con lo cual pronto estuvimos en la frontera cerca de la tardecita. Hacer el papeleo nos llevo bastante tiempo ya que erarnos tres maquinas y nos turnábamos para cuidar las motos, pues son zonas bastantes caóticas y siempre hay algún vivo a la pesca de un descuidado. Al fin entrada la noche seguimos hasta Ipiales donde decidimos pernoctar, ya que el ejército nos sugirió que no viajáramos de noche. El ejército en ruta seria una constante el resto del viaje, ya que estarían siempre apostados a lo largo de toda ella. Desembarcamos en medio de la plaza principal, allí ubicamos un hotelucho y nos dispusimos a pasar la noche.

Arturo estaba tan contento con mi presencia que  bromeaba de seguirme hasta México. Fueron los primeros indicios de Arturo de continuar viaje juntos hacia el norte. También insistió en comer CUIS, a lo cual acompañamos con “el Peluca”. El cuis asado es una especie de apereá que es muy apreciado por estas zonas. A mi no me pareció tan preciada comida, estaba salado solo superficialmente y el interior estaba insulso. Durante la charla de la cena Arturo planteo al “Peluca” de continuar viaje juntos abandonarlo a el. En el hall del hotel lo seguían discutiendo mientras me iba a dormir. Al otro día encontré al “Peluca” lavando su moto abajo, nos reunimos y desayunamos juntos. Allí ya Arturo había decidido seguir el camino juntos, no sabía hasta donde pero  se lo veía entusiasmado. Hicimos planes de marchar hasta Cali de un tirón y con ese plan partimos. Viajamos un buen rato juntos parando para algunas fotografías, hasta que decidimos almorzar en un parador. Termine el almuerzo y arranque adelante, al rato paso el peluca y se perdió adelante. Encuentro un buen paisaje y me detengo, Arturo se acopla enseguida.

  • Que paso con el pelucón –le inquiero
  • Me pregunto si seguía contigo, y como le dije que si ,salió como enojado, casi se da contra una combi y se perdió
  • Es jodido para el, sale contigo y lo abandonas
  • Pero el sigue por dos días y pega la vuelta y yo tengo todo el tiempo del mundo.
  • Pero igual es difícil – concluyo

Seguimos todo el caminando juntos, Arturo se mantenía atrás de mí. Pasamos Pasto y le dimos duro hasta la media tarde, cuando paramos debajo de la sombra de un árbol.

Mientras fumábamos un cigarro Arturo se mostraba entusiasmado de seguir viaje juntos, ya que podía ir hasta la frontera estadounidense y luego venirse en avión.

Esa conversación queda trunca cuando pasa la KTM y se detiene unos metros mas adelante.

El Peluca había entrado en Pasto, la había recorrido y comprado un mapa de Colombia que enseguida comenzamos a ver.

Discutimos de las posibilidades de ruta varios minutos. Al fin los deje solos y arranque adelante, si aun había algo que discutir, ese era el momento. Al rato me alcanzaron y seguimos varios kilómetros juntos. Al fin la Ktm se me perdió. Arturo continuaba atrás mío por varios kilómetros. La Cimarrona daba síntomas de cansancio, empezaba a sentir ruidos extraños y no podía definir r de donde venían, por lo que empecé a bajar el ritmo. En una instancia le digo a Arturo que se valla adelante.

  • Estas seguro? – Pregunta
  • Si-  contesto

Y comienza a alejarse… hasta ahora no se que entendió, pero nunca mas volví a verlo.

Unos kilómetros más adelante me quedo sin transmisión: por segunda ves los tornillos que sujetaban la catalina se habían partido.

Espere un tiempo con la esperanza de que Arturo viera mi demora, era media tarde y después de sopesar las soluciones, arrastre la moto hacia una finca al costado  del camino y pedí permiso para dejar la moto mientras conseguía los repuestos.

Baje la portera y metí la moto dentro, ya en la carretera empecé a hacer dedo rumbo a Bordo, un pueblo a veinte minutos.

Al fin me levanto una combi que aquí  hace el papel de taxi, le pido si me arrima y accede. Al llegar a Bordo nos detiene el ejército en una requisa. Aquí todo el camino esta vigilado por el ejército y en cada puente y pueblo tienen además un destacamento. Luego de ser cacheado y ver que esto seguía por más me despedí y camine hacia el pueblo. Allí logre encontrar los tornillos de repuesto y de nuevo camine hasta donde estaba el destacamento. Ellos seguían haciendo requisas y les conté la situación, para ver si paraban algún vehículo que me arrimara hacia la finca. Al fin un ómnibus de esos  pequeños que andan como bólidos entre las sierras me levanto.

Llegue casi atardeciendo por lo que me puse enseguida a trabajar antes que se viniera la noche. El lugar era La Florida Patía y los dueños eran Carlos Valencia y Flor, quienes muy amablemente me distraían con preguntas continuas del viaje. Carlos alumbraba con su celular el armado de las últimas piezas ya que la noche había entrado. Por fin pude hacerme a la ruta después de despedirme de este matrimonio amable. A Cali ya no llegaba por lo que opte en llegar a Popayán, en la noche camino era peligroso, lleno de curvas y bajadas, por lo que me lo tome tranquilo. Pensaba que Arturo de pronto me esperaba allí. Llegue a Popayán cerca de las once de la noche, recorrí la ciudad buscando la honda, pero no di con ella. Conseguí un hotelucho y me acosté cansado después de haber dejado a la Cimarrona en un parquin. Con el amanecer estaba de pie rumbo a Cali, pensaba aun alcanzar a Arturo.

A Cali la pase de costado, en un peaje me dijeron que había pasado una moto con valijas como las mías, pero blancas. Lo que me incentivo a seguir de largo hacia Pereira. Habíamos conversado de hacer parada en esta ciudad, donde según Arturo estaban las mejores mujeres de Colombia. Seguro que su destino era ese continuamos avanzando, estaba en el llano y el calor nos había alcanzado. Estaba en zona de caña de azúcar, donde se usaban unos camiones enormes con cinco zorras de arrastro, llamados tren cañero. Montado en la cimarrona no alcanzaba la altura de cada rueda del tren.

Al fin después de una jornada donde nos habíamos devorado unos cuantos kilómetros llegamos a Pereira.

Arturo no se había equivocado, estaba lleno de mujeres, lo que le falto era que toda la ciudad era un prostíbulo ambulante, todo tipo de mujeres de todo tipo de precio.

Cansado del viaje, recorrí por si daba con la honda infructuosamente. Por lo que conseguí un hotel, me pegue un baño y me acosté temprano, con la ilusión de que estaban en Pereira y si estaba temprano en le ruta, podría verlos.

En la mañana arrancamos temprano, fue un sacrificio salir de allí, tenía que volver a subir desde el pozo que estaba la ciudad. A los diez  kilómetros tenia claro que la continuación de la ruta iba a ser solo. No es lo mismo andar con alguien, eso te da cierta seguridad, y por lo menos cuando paras tienes con quien comentar las alternativas del camino. Lastima  por mí, pero creo que para la buena amistad del Peluca y Arturo fue lo mejor. Me puse como objetivo Medellín y hacia allá continúe, dándole duro. Apenas pasado el mediodía estaba circulando por las vías rápidas de Medellín. El calor y el caos del transito hacen que la observe solo de costado. Son tan estresantes esos momentos que he decidido esquivar las grandes concentraciones, la moto sufre demasiado en estas instancias, por lo cual intento esquivarlas.

Luego de casi media hora de autopista, empiezo a salir de la ciudad. En ese momento comienzo a sentir ruido en la rueda trasera. Me bajo y examino la rueda. El seguro de la catalina se había comido parte de la masa de la rueda. Se ve que en la reparación a oscuras no había quedado bien colocada.

Busco un taller cercano y encuentro a uno que trabajaba en la calle, debajo de un árbol, al costado de la  autopista. El lugar: Villa Nueva, el mecánico Beto Herrera, trabajaba en la calle por temas de impuestos. Le muestro y decidimos poner otro seguro para eliminar el juego de la catalina. Me pongo a desarmar y reparar la situación. El ayudante de Beto sale en bicicleta a conseguir otro seguro mientras desarmo. En la espera hago amistad con Jaime Gómez y Carlos Mario Castro quien invita a tomar una cerveza, que fueron mas de dos. Luego de reparar Jaime me invita a almorzar, su madre me prepara un frugal almuerzo. Luego de charlas y bromas me despido y Carlos me acompaña para dejarme en buen rumbo hacia Cartagena. Continuamos  el camino en buen ritmo, saliendo del llano y comenzando a subir de nuevo. Los caminos entre la montaña son por demás hermosos. La tardecita me encuentra en las cercanías de Don Matías, allí me aproximo a una finca donde luego de las presentaciones les pido para acampar al costado de la casa. La Cimarrona pasa a dormir en el patio seguro de la casa, bajo la condición de sacarla a las cuatro y media de la mañana.

Acepto y entro la moto al patio, luego me pongo a armar el campamento, mientras lo hago, charlo con Leonardo Pérez y su hija

Sara. Luego se suma su pareja Miriam Muños con una taza de café colombiano en la mano. Alambrado por medio me lo alcanza y acepto y continuamos hablando de  todo lo relacionado al campo y al viaje.

Cuando termino  de armar la carpa empieza a llover, por lo que me refugio debajo del alero de la casa donde continuamos la charla por un par de horas mas. En algún momento me acercan una taza de arroz con leche, mientras la comía pensaba en lo que le gustaba el arroz con leche a Raquel, mi esposa. Fue un buen momento el que pase con esta familia tan amable. Dormir fue un suplicio, me entro agua en la carpa y se me mojo el sobre. Por momentos parecía que estaba inundado y los motores de los camiones los tenía en la oreja. Por suerte a las cuatro y media Leonardo me despertó para sacar la moto y ya  aproveché para juntar las cosas y me hice al camino. Fue un día tranquilo, bajo el sol. Transcurrieron las horas e iba dejando lugares atrás, ese día no me daba para llegar a Cartagena pero estaba como a tres horas. Desde el Perú, había dejado de medir en kilómetros pasando a horas. A veces me pasaba que avanzaba cincuenta kilómetros en dos horas, debido a las dificultades del camino. Eso hace evaluar las distancias de otra forma. También el viento juega su papel en las distancias, con viento cruzado fuerte un tanque lleno se convierte en la mitad.

Entonces un tanque lleno de gasolina da para tantas horas, esa era la justa medida.

A media tarde estaba descansando debajo de un árbol, cuando se aproximan una pareja y un joven hacia mi.

  • Uruguayo que haces, tengo amigos uruguayos…llevas marihuana en esas valijas..?
  • Nada…no llevo nada…
  • Ni alcohol?….
  • Nada…que tomaste. Estoy viajando…si llevo alguna porquería pongo en riesgo mi viaje…y no vale la pena ensuciarse.
  • Solo te daba la vaina!!!!! hombre..!  vamos a tomar una cerveza?
  • No tengo plata para cervezas… pero si invitas…voy.
  • Dale adelántate hasta un quiosco y espérame ahí…que ya voy.

Subí a la moto y en cinco minutos llegue a Laye, un pueblito pequeño y tranquilo y me detengo en el quiosco. Un rancho de madera con un mostrador  y un par de freeser. Algunas sillas y un par de parroquianos bebiendo cerveza.

Al rato llega el hombre que me había invitado: Oscar Monsalvez con su pareja, Patricia Herrera junto con quien resultaría un mecánico de motos Freddy López. Tomamos una y otra, cuando comenzó a llegar gente. La cimarrona tiene la particularidad de llamar la atención de la gente que por curiosidad empieza a arrimarse.

Así se agregan a la vuelta, Alfredo Enamorado, carpintero y lustrador de muebles. Osmer Bautista, ebanista y  los que estaban

Celso Burgos y Marleys Burgos. Era el cumpleaños del ebanista por lo cual empezaron a mandar cervezas heladas, que acompañadas por vallenatos viejos y la alegría de los costeños fueron unas cuantas. Al fin hasta me mostraron como se bailaba el vallenato. Saque  fotos a todos y como ya estaba cayendo la noche acordamos con Oscar armar la carpa en su casa. Pero este se iba a trabajar temprano, como a las cuatro de la mañana, así que a esa hora ya tendría que haber sacado todas las cosas. Tres y media eran cuando sentí el grito “uruguayo”. Ya estoy grite desde la carpa y me dispuse a juntar la carpa raudo. Saque la moto y amontone todo sobre ella, Oscar salió tranco el candado, se despidió y salió en busca de su camión. Termine de guardar todo y me hice al camino con rumbo a Cartagena.la mañana fue tranquila y descansaba cada tanto, era mucho el calor y no quería recalentar a Cimarrona. Buscábamos cada cuarenta minutos un árbol donde guarecernos del sol, había treinta y pico de grados en carretera, más cerca de cuarenta que de treinta. Dejo atrás a Sincelejo, Carmen de Bolívar y Arjona para  dirigirme directamente a Cartagena. Donde entramos como a las dos de la tarde, entre el calor y el transito comienzo a sentir ruidos de vuelta en el mismo lugar. Cansado del tramo, descansamos un buen rato enfrente al fuerte  de San Felipe de Barajas, una construcción imponente y recia que ha perdurado desde la colonia, como todo el resto de la muralla que encierra la parte vieja.

Después de un par de horas de enfriarnos salgo en busca de un taller. Por fin doy con Harold Julio y sus Motos Kike en la calle esperanza. Allí junto con Nelson  Reynes y John Julio desarmamos de vuelta la catalina.los tornillos se habían comido con el metal de los sujetadores de goma. Compro un juego de tornillos y sujetadores y ponemos todo el conjunto nuevo, además para eliminar el juego de los seguros le agregamos un suplemento por detrás. No quedo mas remedio que convencerme de que había hecho lo mejor, espero no tener mas problemas. Como era tarde cuando terminamos deje el cambio de aceite y la regulación de válvulas para el otro día. Al día siguiente estoy temprano y desarmo la tapa donde va el embrague para ver su estado, hay una cadena pequeña que tiene algo de juego, pero Harold dice que esta bien. No quede muy convencido de esto, pero volví a armar todo como estaba .En la apretada se reventó un tornillo de la tapa, como había siliconado toda la junta lo deje pasar, esperando que no me ocasionara problemas en el futuro.

Al mediodía estaba lista y pronta para la ruta. Solo faltaba una buena limpieza.

La noche anterior me había alojado en el Hostal San Blas, dentro de la ciudad amurallada. Allí volví, me quedaba dinero para una noche más. Esa noche empecé a charlar con el dueño Belisario ( Beli) Villegas Truco donde empezamos a hacer amistad. Cuando le comento que estaba sin dinero, me dice que el colabora con dos noches. Eso solucionaba el tema del hospedaje por un par de noches más. La tarjeta hasta el día de hoy rechaza mis retiros. Luego conozco a Juan, un peruano que tiene un lugar donde dan comidas y desayunos. Juan que hace unos meses andaba igual que yo me ofrece desayuno y almuerzo gratis.

Eso solucionaba mi sobrevivencia por unos días, en eso comienza la semana Santa y queda todo paralizado. Hubo momentos que sentía ganas de vender la moto y pegar la vuelta. Pero siempre venían aquellas palabras de Willi” el verdadero viaje empieza cuando se termina el dinero”. Sin dinero, iba todos los días al embarcadero en busca de un velero que me cruzara a Panamá. Estaba decidido a seguir al norte, había mucha gente que me alentaba a seguir. Los problemas con el Plástico seguían y lejos de minar mis fuerzas, me hacía más fuerte. Me estaba revolviendo sin dinero usando todas las habilidades. Ayudaba en el hostal cuando se necesitaba y ayudaba a Juan cuando este me pedía.

La mano que ha dado Belisario a sido muy importante, el junto a su novia Claudia Posadas regentean este hostal donde te dan todos los servicios. Los días pasan y empiezo a desesperarme, no soluciono el tema económico. Me contacto con Willi y le pido una mano, inmediatamente se pone en contacto con Héctor y con la gente de su grupo comienza ha enviar apoyo monetario. Ellos saben lo que es estar en el camino, e inmediatamente comienzan a mover los hilos. También responde la empresa donde trabajo, Gerardo y el Tano mandan recursos frescos. Entre el grupo de Willi aparece Pedro Volpe quien sin conocerme colabora conmigo.

Quiero agradecer tan desinteresado apoyo y el de tantos otros amigos y no amigos, Motul, Couch surfers y tantos más que hacen mi sueño realidad. El aliento, la solidaridad, te da la confianza necesaria para seguir a pesar de las distancias. Hemos recorrido casi 16000 kilómetros junto a la Cimarrona, con recursos limitados, ahora vamos por el todo o nada. En unos días estaré en Panamá cruzando  Centroamérica,

Merito de gente que ha confiado en mi sueño y colabora para que lo realice.

El viaje no es mío ya, es de todos. Y a todos los que de una manera u otra se identifican y colaboran con esto  les decimos: gracias!!!

Estamos en ruta y seguimos adelante, a la vuelta nos comeremos  un buen y extrañado asado y nos reiremos de estos momentos.

Un abraso a todos

Ernesto.

Sexta Reseña de Viaje de los Sueños

Del 3 al 19 de Marzo del 2010

Los días sucesivos de la estadía en Lima no han podido ser mejores.

El soporte peruano, formado por Iván, Malena y el resto de la familia no ha sido excelente.

Comenzaron con una visita al Palacio de Gobierno guiada por Marcos y gracias a la gentileza de Tatiana, un paseo por demás completo que luego con Iván completamos con la visita a las catacumbas en el centro histórico de la ciudad.

Luego siguió  el concierto de apoyo al viaje, donde tocaron tres bandas que hicieron las delicias de los presentes. Además de  la comida que fue por demás buena.

La primera banda fue Carpediem, La segunda los Reyes Vagos,

Y por ultimo Giannico. Con varios músicos como Giancarlo, Carlos, Alex, Roberto, Jairo y otros más, recordando algún old hits y algún tema de ellos

La parte culminante fue bajarnos entre algunos una botella completa de pisco que fue bastante embriagadora, terminamos con las ruedas para arriba algunos. Yo no sé como subí la escalera, para ir a la cama.

En otra etapa fue la atención que recibió la Cimarrona por manos de Socopur Lima, donde  Mario Pérez puso todo lo mejor de su equipo en restaurar los problemas que arrastraba la moto. Allí Sergio el mecánico repaso todos los detalles dejando la maquina en óptimas condiciones para el camino.

Luego “el Colorado” armó de nuevo el mataperros dejándolo mejor de lo que estaba.

El agradecimiento a todos ellos, a Guillermo y Carlos Peralta

Quienes lideran esta empresa líder en Perú.

Seguimos bajo la tutela de los Ayala por unos días más, descansando, probando diferentes comidas típicas y fortaleciendo la costilla fisurada.

Decidimos ponernos en camino el sábado 13 rumbo a Ecuador.

De esta manera salimos con rumbo a Huarmey, visitando lugares históricos y viendo hermosas vistas de paisajes y localidades, en algunas con el mar en todo su esplendor.

El tacu-tacu de Tato no colmo las expectativas que llevábamos,

Paso a ser una comida mas, donde la fama no apareció por ningún lado.

La noche la pasamos en Huarmey y al otro día nos sopáramos.

Fue la despedida de unos grandes amigos, desde ahora volvía a estar solo en el camino. Espero algún día corresponder tantas atenciones.

Seguí  rumbo a Lambayeque donde se encontraba la tumba del señor de Cipan, cuando llegue el museo estaba cerrado, por lo que había que esperar hasta el otro día para entrar.

Así  lo hice y pude observar el museo con todos sus trofeos, allí  se observan trece de quince hallazgos originales, de una cultura preincaica.

Ese día me dirigí  a Piura donde en una filial de Socopur le hice algunos retoques a la Cimarrona. Allí fui atendido  de maravilla y siempre bajo la tutela de Mario Pérez, quien siempre hacia las cosas fáciles para nosotros.

Ella durmió  esa noche dentro de las instalaciones de la empresa y pude pasar tranquilo en esa ciudad tan caótica.

En esta zona abundan las motos triciclo donde se traslada todo el mundo en general, el tema que los conductores son en extremo peligrosos pues no respetan nada, además están por todos lados.

Al día siguiente nos dirigimos a Tumbes, ultima parada antes de la frontera con Ecuador.

Tumbes era tanto o mas caótica que Piura, el tráfico pesado en calles angostas es demasiado estresante.

Otra vez a recurrir a Socopur para que la máquina durmiera segura bajo sus instalaciones.

En la mañana salgo dispuesto a cruzar la frontera, El tramite en Perú fue rápido pero la aduana de Ecuador se complico, en Huequillas no tenían computadora. Llegar a este lugar es por demás complicado ya que la gente inunda las calles junto con los cargadores de frutas, haciendo intransitable el camino.

Al fin puedo salir de allí  y me dirijo a Chantas donde se encontraba otra aduana, luego de mucho andar logro poner rumbo a Machala, donde intento cambiar mis soles de manera infructuosa.

Al fin continuo hacia Guayaquil, hago casi doscientos kilómetros dentro de bananeros, los cachos de banana estaban al alcance de la mano todo al correr de la carretera en ambos lados.

Pase muchos parajes donde se veía desgaste y pobreza. Aquí todo esta dolarizado y los dependientes no ganan gran cosa.

Les pagan de 160 a 250 dólares por mes, cuando la canasta básica esta en 400 o 500 dólares.

Cincuenta  kilómetros antes de Guayaquil comienza a llover, por lo que la entrada a esta fue bastante complicado, es una ciudad hermosa, lastima la lluvia que no pude tomar ninguna foto de ella. Conseguí  un hotel por 7 dólares esa noche, no era gran cosa pero confortable.

En la mañana paro a desayunar en una cafetería al costado del camino y de paso dejar pasar la lluvia torrencial de la mañana.

Allí  conozco a Sergio, que atendía con muy buena disposición el lugar, una persona amable que estaba después de un pasado turbio, estaba comenzando a andar el camino del bien.

Nunca es tarde para empezar de nuevo y ojala Sergio pueda en el futuro lograr todos sus objetivos.

Luego de la charla y un café  con leche, tome animo y salí  a enfrentar la lluvia con la meta de llegar a Jipijapa ese día.

Aquí  puedo llenar el tanque con 5 dólares, comer por tres y desayunar por 1.5, esta serian las premisas del cruce de Ecuador.

Al llegar a Jipijapa no estaba el mar por lo cual decido seguir un rato mas hasta encontrarlo.

Así  llego a Puerto Cayo, donde doy una vuelta para reconocerlo, bajo en la playa y me acerco a la orilla. Este era un buen lugar donde  pasar la noche. Cuando me dirigía a la moto me encuentro con un rastafari que estaba sentado en la arena.

Se llamaba Carlos Flores (Tato) en la charla me invito a armar la carpa en su bar, donde tenia lugar y me sugirió comer donde su abuela. Hecho esto me instalo en el bar de Tato. Busco un ciber y hago algunas cosas allí. Acuerdo con el dueño del ciber volver al otro día para usar sus instalaciones. Esa noche use todo el protector contra los mosquitos, eran como animales hambrientos. A la mañana salí  a snorkear y luego  a desayunar en lo de la abuela de Tato.

En la tarde fui a usar el ciber y estaba todo desbaratado, le estaban haciendo el piso nuevo, me había quedado para hacer la reseña y no podía.

Esa noche estaba solo en bar cuando vino Carlos Baque, el dueño del ciber.

  • Esta Tato – me dice
  • No, fue a surfear – contesto
  • Necesitas algo, querías tomar algo? – pregunto
  • Una cerveza, pero solo si me acompañas –responde
  • Dale vamos.
    De esta manera comenzamos a bajar botellas de cervezas, y un dialogo muy jugoso se fue dando.
    Carlos es ingeniero biólogo marino y trabajaba para la parroquia, el brazo político de la alcaldía en Puerto Cayo.
    Allí  nos conto todo lo que hacia, así  como todas las expectativas que tenia para el futuro, de la problemática local y toda la lucha que significaba abrirse paso en estas sociedades.
    Más tarde se acoplo Tato en la charla y las cervezas, hasta que las acabamos.
    Tato es un héroe local, una vez se desbarranco un bus y el fue el que bajo y subió  a todas las personas vivas y muertas de aquel accidente. Escuchar las vivencias de ese momento y el relato de Tato fue increíble.
    De cómo clamaban ayuda los heridos, y los colocaba en camillas y los acompañaba cincuenta metros hasta arriba.
    Un segundo después que saco al último ocupante del bus este se desbarrancó, perdiéndose en el fondo.
    Quisieron darle reconocimientos oficiales, pero Tato nunca fue. Al final de todo me quede un día mas, esa noche me dieron la paliza mas grande de mi vida los mosquitos.
    En la mañana miraba mis pies y no había un lugar donde no hubiesen picado, parecían  que picaban por centímetro cuadrado y no dejaban nada sin cubrir.
    Esa noche Carlos trajo cerdo y lo hice a la parrilla. Como era el cumpleaños del Gato este apareció  con tres casilleros de cerveza para festejar y estuvimos hasta largas horas de grandes charlas junto a otros amigos como los tres”el loco”
    Catuto, Eric hermano de Tato y Marco “ yogur” Sornosa. Con música y con guitarras esa noche fue muy buena compartiendo nuestra visión del mundo y como arreglarlo.
    Estas personas que conocí  en Puerto Cayo que están a la búsqueda de vivencias y su lugar en el mundo, merecen lo mejor en el futuro y podamos vernos otra vez en el camino.
    A la mañana luego de despedirme me dirigí a Santo Domingo.
    Me aleje del mar para entrar en la selva. Las ciudades medianas son bastantes tranquilas y así  estaba Santo Domingo cuando llegue.
    El siguiente día me depararía uno de los mejores tramos de ruta.
    Subir por la cordillera selvática hacia Quito fue uno de los mejores recorridos.
    Estaba a gusto trepando hasta 2600 metros entre acantilados y curvas donde era un placer conducir, la Kodak estaba a full y el camino se hiso larguísimo. Cuando vi desde arriba cuanto tenía que descender para llegar a Quito y luego lo que tenía que subir decidí seguir de largo hasta encontrar un lugar mas apropiado.
    De tardecita pare en una panadería donde conocí a Ramiro Lema, dueño de panadería Don Gato, en Tabacundo.
    El me puso al corriente de todos los lugares interesantes en el camino y de la realidad de estos pequeños pueblos donde llegar a ganar trescientos dólares es todo una odisea.
    Me decidí por parar en Otavalo, un pueblo pequeño de indígenas, donde conocí a David Arias ex técnico de Harley Davinson, esta preparando una tipo Easy Ryder y un montón de maquinas mas. Tiene un taller llamado Custom Bikes Shop donde brinda servicio a toda las maquinas de la policía de carreteras: Susuki 1250, Yamaha 1300.Dios le da pan a quien no tiene dientes. Como dijo Willy tiene el conocimiento empírico puesto en su taller.
    Luego de algunos consejos no des pedimos y me he puesto a terminar esta reseña. Desde Otavalo a 180 kmts de la frontera con Colombia, donde estaré dentro de un rato rumbo a Pasto.
    Un saludo cordial
    Ernesto

Quinta Reseña de Viaje de los Sueños


Del 18 febrero al 3 de Marzo

El comienzo de esta reseña es desde las amigables tierras del Perú. Gracias a los esfuerzos del soporte técnico en tierras peruanas formado por Iván, Malena, Marcos y Tatiana estos días han sido deliciosos, por sus comidas y sus paseos. A todos ellos mi agradecimiento eterno. Y ya que estamos en agradecimientos reiterar el agradecimiento a las personas que en las sombras hacen este viaje posible: Ana María, Guillermo, Pata Matonte, Vicky, Alejandra, Silvia Agüero, Silvia Soler, La Negra ,los hijos de todos ellos, que de alguna forma siempre han estado junto al viaje acompañando y haciendo que esto siga vivo. También agradecer a mi esposa Raquel y a mis hijos Alexa y Yuri que con esta “locura “han sido los más afectados, por seguir al firme siempre y en espera. Preocupándose siempre por mi estado. No hay un momento en la ruta que no los recuerde junto a todos los demás.
Estando en Chañaral dispuesto a salir con rumbo Antofagasta, encuentro el neumático trasero bajo, por lo cual busco un lugar donde poder dar aire y seguir el camino.se ve que la reparación de este no ha sido de la mejor manera.
En la charla con el hombre que atendía la gomería este me ponía en antecedentes del estado de ruta rumbo a Antofagasta.
-Hay cada pozo que parecen hollazos uruguayo-
-Además hay niebla y un tramo en reparación, no es bueno viajar de noche, quédate aquí y sal mañana. Es peligroso para ti, quédate! No viajes de noche, es peligroso – reitera
Me subo a la moto y pongo rumbo al norte, pero a un par de kilómetros reflexiono sobre lo que ha dicho y pego la vuelta, no vale la pena arriesgar. Buscando un lugar donde acampar me acerco a un local de comidas cerca de la carretera y pregunto si puedo armar mi carpa atrás. Me dicen que no hay problema, pero que en un rato cierran y podría quedarme debajo del alero, esta opción me pareció bien y me dispuse a esperar que cerraran para armar el campamento.
Durante la espera vino un brasilero de Rio Grande en una honda 150cc y acordamos dividirnos el alero para ambas motos y pasar la noche allí. Había hecho casi 500 kmts desde La Serena y me sentía cansado. Me despertaron los ruidos de movimiento del brasilero y más tarde cuando sentí el motor en marcha, asome la cabeza fuera de la carpa. El brasilero se alejaba con rumbo al sur. No fue capaz de despedirse siquiera. Junte todo y me puse a rodar rumbo a Antofagasta.
El desierto me esperaba con todo su esplendor, fue un tramo duro de 400 kmts con cuestas y bajadas en la que ambos nos sentíamos a gusto. La cimarrona  gusta de las trepadas y a mí las bajadas moderando, solo dejarla deslizar e inclinarla en las curvas. Esa parte nos ponía contentos. Subir y bajar entre paredes de montaña estaba bueno. En Antofagasta me dedique a unas fotografías y seguí camino a Calama donde me esperaba mi segundo couch chileno. El desierto no se mostro muy riguroso en esta etapa larga de casi 700 kmts.
En la tardecita había llegado a Calama, busque a Oscar quien era el encargado de darnos alojamiento en la ciudad. Luego de las presentaciones, planeamos el día siguiente en San Pedro de Atacama.
La cimarrona descansaría por un par de días, mientras me movería a pie y en bus por las cercanías. Fueron días de paz y de grandes charlas con la familia de Oscar. Su padre había trabajado durante 15 años en la mina Chuquicamata, donde se sacaba cobre desde hace más de cien años. Hoy se cree que han logrado sacar solo un 30 % del potencial de la mina. Una zona conflictiva ex territorio Boliviano que tiene toda su agua en manos extranjeras. Los costos en esta región son muy elevados en todos los sentidos. Al otro día me dirigí a San Pedro de Atacama. Un pueblo muy árido, con muchas construcciones típicas pero con todas las prestaciones de un centro turístico.
Los precios son disparatados, destinados al turista europeos y yanquis. Sin contemplar en sus precios al resto de América. No me quede muy a gusto con este pueblo, era todo un gran negocio.
Allí murieron todas las expectativas de conocer el valle de la luna, geiser, salares y otras yerbas. Deberían ser patrimonios de todos y no aumentar los precios un 400% por ser extranjeros.
En esta tierra te cobran hasta 200 pesos por mear en un baño.
Ha sido la constante de chile, todo te cobran y te lo cobran caro.
Un hotel barato entre 65 y 30 dolares, 10 litros de nafta a casi 20 dólares. La única opción barata de desayuno y almuerzo esta en las posadas en la vera del camino. Quien tenga vehículo gasolero puede obtener gasoil a mitad de precio que en las gasolineras, robado por los camioneros y puesto a la venta en las posadas.
Después del cansancio de San Pedro regrese a Calama donde aproveche para hacer chivitos y sentirme un poco cerca de casa. Conseguí unas ayuyas grandes para suplantar el pan de tortuga.
Como disfrute ese chivito en Calama!!! (Marcos no te mueras nunca pensé)
Al otro día me dedique a reparar algunas cosas, enderezar las valijas,
La cubierta trasera de nuevo sin aire, le puse media botella de repara pinchaduras que me habían dado en Necochea, solucionando el tema. La otra mitad la guarde para la delantera en caso de haber problemas.
Estábamos repuestos para seguir rumbo a la Frontera con destino a Perú.
Estábamos tocando fondo con las reservas de dinero, se nos hacia imperioso dejar este país tan caro para nosotros. Era una jornada muy larga hasta Arica de casi 8 horas constantes, pero quería dejar Chile enseguida, no lo aguantaba más y mi bolsillo tampoco.
A media mañana puse rumbo a Arica, devoramos los kilómetros casi que con rabia, muchas fotos y muchas paradas. Pasamos a Tocopilla  e Iquique casi  sin detenerme. Solo para visitar una mina y tomar algunas fotos. Cayó  la noche y seguimos con el objetivo puesto en la mira, quedaba un buen tirón, me abrigue mejor para soportar el frio y continúe camino. Eran como las dos y media de la mañana cuando pare en una estación de servicio de Arica. Rendido me senté contra una pared y me quede dormido.
Los dolores de la posición y los primeros ruidos de motores me despertaron temprano. El descanso era el necesario para seguir. Pregunto por el camino a Tacna y salgo disparado hacia la frontera.
Ya había una cola importante esperando que abriera la frontera a las ocho. Entre migraciones y aduana resulto que para salir de Chile les tenía que pagar quinientos pesos en un formulario que los vendían los choferes de las Van, que llevan gente de Arica a Tacna, un curro para ellos pues no hay lugar donde comprarlo en la aduana.
Por fin cruce hacia Perú, ya la gente que esperaba en aduanas era otra. Había dejado un Chile hermoso, simpático pero poco solidario.
El slogan de los peajes es su símbolo”aquí pagan todos” y por lo tanto todos se encargan de cobrarte. Pero ese tema lo trataremos con más profundidad en los resúmenes de cada País.
Pasando la aduana puse rumbo a Tacna. Por fin estaba en una tierra amigable, aquí estaba como en casa. El mismo tipo de melón que en Uruguay me invito a comprarlo y en el calor del mediodía, lo comí con avidez saboreando su sabor. Estábamos de buen humor, por lo menos la fruta era barata, eso era bueno. Al comenzar a andar hacia Ilo empezamos a rozar el mar y nos refresco durante el horario más caliente. La briza del mar refrescaba la Cimarrona. La montaña a la derecha, el mar a la izquierda y entre medio valles verdes de plantaciones cruzados por la panamericana. Eran una combinación espectacular para la vista, pase tiempo cazando fotografías en estos lugares. Indiscutidamente Perú se presentaba más acogedor en principio. Llegando a Lio temprano busque un lugar donde alojarme. Al fin  lo hice en un hostal llamado” 33”. Fue la tercera vez que la tarjeta empezó a dar problemas, pero aun me quedaba algo de efectivo. Ilo es el puerto de Moquegua. Un  lugar magnifico, donde saque varias fotos interesantes. Pase un buen rato deambulando por la ciudad buscando un café con leche, no había quien lo vendiera, por lo que tuve que darle a un par de empanadas. Volví al hostal y me acosté temprano. A primera hora estaba dispuesto para la lucha, después de desayunar arranco para Mollendo y la Repartición. Salir de Ilo (ilo) es todo un drama, están arreglando la salida de la ciudad y hay que trepar la montaña en unos pocos kmts. En la salida paro en un destacamento de la policía de carreteras y observo el mapa. Si pongo rumbo a Camana no tengo que pasar por Mollendo. Esa es la decisión que encuentro más razonable, además estaba con muy poco efectivo y podría avanzar más hacia Nazca si hacia rendir lo que tenia.
El desierto y los valles de arboles, frutas y cosechas de arroz son significativas en estas partes. Aquí le han ganado mucho territorio al desierto. Me han regalado un ají rojo y granos de arroz directos de las plantas.
Seguí avanzando en forma constante, hasta que diez kmts antes de Tambillo ocurrió  lo peor: me he pegado un palo de aquellos. Venía a unos setenta u ochenta metros de un camión de granos cuando de pronto se le suelta su toldo y se despliega a lo largo de toda la carretera. No he podido esquivarlo ya que venía como a ochenta por hora. Fue tal la sorpresa que me quede sin reacción, sin atinar a nada más que a pasarlo por encima, eso fue nefasto para ambos se ha quedado enredado en la rueda delantera. Como consecuencia no pude mantener el control y derrapamos por el centro de la carretera varios metros. Intente seguir prendido a la moto hasta el final, cuando se detiene mi cuerpo da un par de vueltas en el asfalto. Todo dolorido miro la moto y veo el derrame de nafta desde el tanque. Me arrastro hasta que me paro pero las fuerzas no me dan para parar la moto, me tiro en la carretera desesperado de dolor y frustración. Fue solo un segundo, me incorporo y detengo a un camión que viene en el mismo sentido, comienza a detenerse y observo como el camión que ha perdido  el toldo se pierde en la lejanía.
- Ayúdame a parar la moto – les digo cuando bajan
- Que te ha pasado, estas bien
- si, ayúdame – le digo mientras agarro el manillar y tironeo
Me ayudan y logramos parar La Cimarrona, observo dos manchas en el centro de la pista mientras me siento en el piso, una de ellas más oscuras que la otra.
Pienso que es aceite, y me reincorporo buscando alguna perdida en el motor.
- Eso es aceite – señalando la pista
-No es gasolina – me dice el chofer, pasando el dedo en ella y oliendo.
-Persigue al camión  – le pido
-No lo alcanzaría  – me contesta
- Esto es muy lento, no lo alcanzo, pero tú sí. Persíguelo para que te pague los daños.
Estaba totalmente desesperado, saco la lona  a un costado de la carretera, no podía con ella.
Hay una comisaria a diez kmts, ve y que la policía lo detenga. Con dolor observo los daños de la moto, estaba todo rayado. El cuenta kilometro estaba casi desprendido, la dirección apuntaba hacia la izquierda y la rueda delantera a la derecha. Me subo a ella y salgo detrás del camión. Llévame el toldo hasta a la comisaria les pido mientras arranco detrás del camión. Al principio desconfiado, pero a medida que avanzaba le daba más velocidad. No tenía un real alcance de los daños que llevábamos. Estaciono en la comisaria y comienzo a hablar con los oficiales que salieron. Por fin salimos detrás del camión.
La camioneta no caminaba ni para atrás, poco a poco empezamos a subir a El Pedregal. Cuando terminamos de subir nos encontramos con dos caminos; uno hacia la ciudad y otro en el que seguía la ruta.
Continuamos por ella pero adelante no iba nadie.
-Deben haber entrado a pedregal – me acotan- tal vez estén en la balanza.-
Seguimos buscando y la ciudad es un loquero de camiones y motos- taxis. La búsqueda es infructuosa, no había visto la matricula y no teníamos posibilidades de encontrarlo.
Al fin después de dar algunas vueltas deciden regresar abajo hacia Tambillo.
Estaba más tranquilo, había hecho lo posible para agarrarlo, de pronto si hubiera seguido en la moto lo alcanzaba antes del pueblo. Pero no se pudo con la porquería de vehículo que tenían. Mientras bajábamos por la montaña pensaba en los daños. Tenía diez soles solamente y el daño era importante. Estaba calmado pensando en soluciones de las  posibles roturas de la Cimarrona. Entre todos los dolores que tenía había uno que me tenía loco: era una puntada en una costilla en la derecha del pecho. Trate de olvidarlo y centrarme en soluciones. Cuando llegamos a la comisaria había otra moto detenida frente a la mía. Era Simón Buckley, un australiano que venía de recorrer Asia y Europa y estaba en camino de vuelta hacia sus tierras. Había parado a ver qué había sucedido y dar una mano. Luego de conversar un rato nos despedimos como buenos amigos. Ese momento aflojo toda la tención que tenia contenida y comencé a relajarme. Cuando partió me aproxime a la Cimarrona, herida me había remolcado diez Kmts por lo que verifique los daños. La valija derecha estaba toda desencajada y se veían los efectos del derrape visiblemente, en una esquina el bitumen se lea había comido, el cuenta kilometro estaba rajado, con algunas luces testigos quemadas. El faro delantero era un desastre, casi toda la cubierta había desaparecido y el foco corto estaba quemado. La leva derecha del freno y la caja de líquido también estaban limadas por el piso, pero en funciones correctas. La patada del arranque ya no estaba. El hierro que formaba el mataperros estaba partido en dos. La horquilla estaba torcida. Se ve que el tablero había hecho corto circuito y no tenia arranque. El panorama era desalentador. Pero ambos estábamos de pie dispuestos para la batalla. Busco un lugar para dejar la moto y no encuentro. Al fin después de idas y venidas logro remolcar la moto hasta la plaza y le dejo debajo de un pórtico donde pasaríamos la noche. Intento comunicarme con Iván mi soporte en Perú, habíamos acordado comunicarme al final de cada etapa, lo pongo en antecedentes de los hechos y lo tranquilizo que estoy bien. Planeamos la llegada a Nazca, estaba cerca pero todo dependía de cómo pudiera arreglar los desperfectos. Después de tironeo logro que la policía me asegure llevar la moto en la camioneta hasta Pedregal en la mañana. Consigo agua caliente y me hago un café, mas tarde empiezo a desmontar la moto para acceder a los lugares donde podría estar la falla eléctrica.
Por fin cansado y dolorido me tiro junto a la Cimarrona, el sueño es interrumpido por los dolores de la costilla. El suelo era duro y las contusiones empezaron a enfriarse y no era muy agradable  la combinación, pero al fin pude de a ratos conciliar el sueño. Estaba temprano en la comisaria par ver de trasladar la moto. Le puse las dos botellas de nafta de repuesto en la camioneta y luego de cargarla salimos a Pedregal. Allí uno de los policías era vecino de un mecánico que también vendía motos chinas. Me pareció lo mejor por lo que me dejaron en el negocio que aun no había abierto. Les agradecí el apoyo y espere que abrieran el negocio. Luciano Ríos era el dueño, le conté toda la historia, y acepto darme una mano sin condiciones. Cuando dio con la falla eléctrica empezó a rearmar la moto. En cuatro horas estaba pronta para seguir camino. Luciano trabaja en el lugar junto a su hijo Luis y su esposa Martha. En sus horas libres es israelita, una colectividad religiosa basada en lo que dice la biblia.
Al final me pego un stikers de su iglesia como protección en el camino en una de las valijas. Aquí  como en Chile generalmente la gente dispuesta a ayudar en algo son de alguna secta religiosa.
Me convidaron con jugo de piña natural frio, que estaba como los dioses en el calor del mediodía.
El taller se llama San Luis el Amauta, ubicado en Pedregal, son gente muy sana y solidaria al cual debo mi agradecimiento.
Estaba pronto para seguir por lo cual inicio viaje a Camana
Camana es una ciudad de mucho movimiento comercial, con varias ferias. Tenía que echar nafta para seguir por lo cual nuevo fracaso del cajero. Encontré una estación de servicio donde podía cargar con tarjeta por lo cual le eche doce soles, la tarjeta tampoco fue reconocida, estaba con un gasto de de nafta y sin dinero para pagarlo.
Esperen un rato que ya les pago les digo – y comienzo a explicar a los choferes de cada vehículo mi situación por lo que voy juntando de a soles hasta cubrir el gasto. Sigo pidiendo un rato más y hago diez soles como para echar más adelante.
La empleada de la oficina me regala dos aguas y un par de paquetes de galletas, Se llama Patricia Choke de estación Génova 2 en Camana.
Con mas espíritu en la tardecita me pongo en camino a Nazca, llevaba la sonrisa de todos ellos y la mano que habían dado.
En la salida no aguantaba más de hambre, por lo cual paro en una posada y pido un café  con leche. No tienen, solo café.
Ok, un café con dos panes como aquellos – y señalo a un hombre al costado mío.
No hay, esos panes so de el – me aclara
Bueno entonces el café.
El hombre que estaba en el mostrador se acerca con la bolsa de pan y me ofrece, tomo dos y le agradezco. Seguimos charlando de cómo había llegado hasta allí. Hasta me han regalado una caja de fósforos.
Una prueba más de lo solidarios que son los peruanos.
Trato de avanzar lo más que puedo, cruzo por Ocaña, el Desaire hasta llegar a Ático. Aparco la moto y hablo con el personal de la estación de servicio. Edgar Gutiérrez y Miguel Odriozola me escuchan y luego de un rato de charla empiezo a hablar con la gente que viene a cargar.
En tres personas hago veinte tres soles. Una de ellas, luego me entero era un párroco, me entrego veinte soles de una. Yo estaba loco de la vida, esto me alcanzaba para llegar a Nazca donde me reuniría con Iván. Perú a esta altura me era un paraíso.
Consigo un lugar dentro de la estación y coloco la moto en la parte donde lubrican,  saco el sobre y me acuesto junto a la moto. Dormir en las estaciones de servicios o cerca de la carretera implica que cada vez que viene un camión grande te despiertes por el ruido. Pero son a veces más seguros que internarse en las ciudades. Antes del amanecer estoy en pie, me preparo un café  y compro un trozo de torta Chiffon. (es una torta de unos 30 cts de diámetro por 20 cts de altura, te cortan un trozo abundante, no tiene mucha azúcar) y desayuno.
Guardo todo, me despido y arrancamos rumbo a Nazca con todo el power. Había llenado el tanque, comprado cigarros y me quedaban como trece soles. El punto acordado era reunirnos con Iván en la plaza de armas. Pase por Tanaca y sus valles de arroz y por Yauca y sus olivos. Estos bosques de olivos son tan antiguos que debajo de ellos no llega el sol y son usados como resguardos de manadas de vacas. Estuve un rato descansando del sol debajo de ellos, estaban cargados de aceitunas.
Doy unas vueltas al llegar a Nazca y me radico en la plazoleta en espera de Iván, no puedo llamarlo, tengo el dinero justo para alojarnos esa noche en un hostal, por lo que solo resta esperar. Iván no aparece por lo que voy al hostal y me acuesto a dormir. La cama era dura por lo que me costaba adecuar el cuerpo cómodamente y la costilla se hacía sentir. Desde el accidente las molestias han sido continuas con la costilla. Ya anteriormente me había fisurado un par y había tenido el mismo dolor por días, lo que me hacía pensar que estaba fisurado.
Estábamos bastante maltrechos junto con la moto. Todavía no entendía como me había golpeado ahí  o con que. Como siempre en mis muchas veces que   he estado herido pongo todo para minimizar el dolor y restarle importancia, tratando de no ceder.
En la mañana cuando arreglaba la valija encontré diez soles entre un mapa que alguna vez estuvo en los bolsillos. Salí  disparado. Había pagado trece soles sin desayuno y con el eran quince. Llegue al comedor y le digo a la encargada del hostal:
Voy a desayunar, cobréese los dos soles
Siéntese, me los paga abajo
Y me castigue con jugo y café con leche, luego Salí a llamar a Iván para coordinar su llegada, por la tarde nos estaríamos reuniendo.
Durante la mañana estuve viendo el carnaval de Nazca, una fiesta alegre y colorida que dura hasta mañana.
En la tarde me he reunido con mi amigo peruano, cansado luego de siete horas de camino, hace que pernoctemos una noche más en Nazca. Con su llegada tengo mi primer almuerzo fuerte en varios días, nos tomamos unas cusqueñas (cervezas locales) y le entramos a un plato de carne, bananas, arroz y papas. Estaba con un amigo y eso me fortalecía. Cuando le contaba de las peripecias este solamente se reía de todo. Estábamos de buen humor y hacia diez mil kilómetros que no veía  un amigo tan apreciado. La llegada de Iván fue  recobrar energías y la sonrisa, de a poco recupere fuerzas y estuve pronto para hacerme al camino. Mi amigo venia con toda la polenta, quería enseñarme lo mejor de Perú y escoltarme a Lima. Yo estaba dispuesto a seguirlo hasta donde fuera, no estaba al 100% pero su empeño y buen humor me contagiaban.
Al otro día nos dispusimos a  seguir sus planes, primero las ruinas de Cahuachi, luego las líneas de Nazca, para terminar en Paracas.
Seguir la Toyota de Iván nos daba espacio para disfrutar del camino,
Tener un compañero de viaje de esta talla hace los caminos más simples, previendo todos los peligros y cuidado solo restaba paladear los momentos. En Paracas nos hospedamos en un hotel y en la noche degustamos el seviche y otras preparaciones, todo de corte espectacular.
Ya  me tenía preparado un tour a las islas al día siguiente y entrada en la reserva de Paracas, por lo cual nos fuimos a descansar temprano.
Salí temprano a cazar el amanecer, cuando volví ya casi tenía que salir hacia las islas. Este lugar es una de las reservas marítimas más grandes del mundo, un lugar increíble. Después del mediodía salimos al desierto de la reserva, allí estuvimos esnorkeando en lugares paradisiacos. Las imágenes que hemos logrado en este tramo han sido magnificas, debe ser la etapa donde aparezco mas yo que la Cimarrona, la ventaja de tener fotógrafo. Llegamos muertos al hotel, luego de un baño salimos a cenar, probé el chita con salsa de mariscos, era la frutilla de la torta, un pez de roca frito con salsa de mariscos y arroz. La conjunción de estos sabores hacen del plato una exquisitez.
Vuelta al hotel descansamos hasta el otro día, preparando la llegada a Lima. Salimos temprano rumbo a Lima, el viaje fue un trámite de ciento cincuenta kilómetros. Parábamos cada tanto para las fotografías, ya en la seguridad de la casa de Iván, los dolores fueron desapareciendo. La costilla se recupera favorablemente, esta estadía ha servido para reestructurar el viaje y planear la llegada a Colombia.
Junto a Malena, Marcos y Tatiana hemos compartido paseos y momentos inolvidables por Lima, por lo cual además de reponernos hemos paseado y probado todo tipo de comidas locales, disfrutando al máximo esta estadia
Los kilómetros hechos y el aporte de ideas de Iván me han llevado a considerar estrategias nuevas y estar más preparado para lo que viene.
Gracias a Motul Uruguay en la persona de Washington  me he contactado con la gente de Socopur, que son los representantes en Lima de Motul, KTM, Lyfan, Duro y otros. Esta empresa dirigida por Guillermo Peralta y Carlos Peralta se ha portado de maravillas con nosotros.
La cimarrona ha sido mimada por todo el equipo técnico de Socopur dirigido por Mario, quien solo ha tenido gentilezas hacia mi persona y la moto, dejándola lista para su viaje hacia el norte.
Mas que un servicio fue tratar con un grupo humano excelente que denota el trabajo de equipo aceitado, afables, sinceros, con personas amables que denotan confianza en lo que hacen. El eterno agradecimiento de ambos a todo lo hecho por estos amigos y augurarles los mejores éxitos en todo lo que emprendan.
Hoy estamos en la previa de un concierto que ha organizado Iván para recabar fondos para El viaje de los sueños.
La seguimos en otra entrega de reseña
Un Abraso
Ernesto Urrestarasu.

El comienzo de esta reseña es desde las amigables tierras del Perú. Gracias a los esfuerzos del soporte técnico en tierras peruanas formado por Iván, Malena, Marcos y Tatiana estos días han sido deliciosos, por sus comidas y sus paseos. A todos ellos mi agradecimiento eterno. Y ya que estamos en agradecimientos reiterar el agradecimiento a las personas que en las sombras hacen este viaje posible: Ana María, Guillermo, Pata Matonte, Vicky, Alejandra, Silvia Agüero, Silvia Soler, La Negra ,los hijos de todos ellos, que de alguna forma siempre han estado junto al viaje acompañando y haciendo que esto siga vivo. También agradecer a mi esposa Raquel y a mis hijos Alexa y Yuri que con esta “locura “han sido los más afectados, por seguir al firme siempre y en espera. Preocupándose siempre por mi estado. No hay un momento en la ruta que no los recuerde junto a todos los demás.

Estando en Chañaral dispuesto a salir con rumbo Antofagasta, encuentro el neumático trasero bajo, por lo cual busco un lugar donde poder dar aire y seguir el camino.se ve que la reparación de este no ha sido de la mejor manera.

En la charla con el hombre que atendía la gomería este me ponía en antecedentes del estado de ruta rumbo a Antofagasta.

-Hay cada pozo que parecen hollazos uruguayo-

-Además hay niebla y un tramo en reparación, no es bueno viajar de noche, quédate aquí y sal mañana. Es peligroso para ti, quédate! No viajes de noche, es peligroso – reitera

Me subo a la moto y pongo rumbo al norte, pero a un par de kilómetros reflexiono sobre lo que ha dicho y pego la vuelta, no vale la pena arriesgar. Buscando un lugar donde acampar me acerco a un local de comidas cerca de la carretera y pregunto si puedo armar mi carpa atrás. Me dicen que no hay problema, pero que en un rato cierran y podría quedarme debajo del alero, esta opción me pareció bien y me dispuse a esperar que cerraran para armar el campamento.

Durante la espera vino un brasilero de Rio Grande en una honda 150cc y acordamos dividirnos el alero para ambas motos y pasar la noche allí. Había hecho casi 500 kmts desde La Serena y me sentía cansado. Me despertaron los ruidos de movimiento del brasilero y más tarde cuando sentí el motor en marcha, asome la cabeza fuera de la carpa. El brasilero se alejaba con rumbo al sur. No fue capaz de despedirse siquiera. Junte todo y me puse a rodar rumbo a Antofagasta.

El desierto me esperaba con todo su esplendor, fue un tramo duro de 400 kmts con cuestas y bajadas en la que ambos nos sentíamos a gusto. La cimarrona gusta de las trepadas y a mí las bajadas moderando, solo dejarla deslizar e inclinarla en las curvas. Esa parte nos ponía contentos. Subir y bajar entre paredes de montaña estaba bueno. En Antofagasta me dedique a unas fotografías y seguí camino a Calama donde me esperaba mi segundo couch chileno. El desierto no se mostro muy riguroso en esta etapa larga de casi 700 kmts.

En la tardecita había llegado a Calama, busque a Oscar quien era el encargado de darnos alojamiento en la ciudad. Luego de las presentaciones, planeamos el día siguiente en San Pedro de Atacama.

La cimarrona descansaría por un par de días, mientras me movería a pie y en bus por las cercanías. Fueron días de paz y de grandes charlas con la familia de Oscar. Su padre había trabajado durante 15 años en la mina Chuquicamata, donde se sacaba cobre desde hace más de cien años. Hoy se cree que han logrado sacar solo un 30 % del potencial de la mina. Una zona conflictiva ex territorio Boliviano que tiene toda su agua en manos extranjeras. Los costos en esta región son muy elevados en todos los sentidos. Al otro día me dirigí a San Pedro de Atacama. Un pueblo muy árido, con muchas construcciones típicas pero con todas las prestaciones de un centro turístico.

Los precios son disparatados, destinados al turista europeos y yanquis. Sin contemplar en sus precios al resto de América. No me quede muy a gusto con este pueblo, era todo un gran negocio.

Allí murieron todas las expectativas de conocer el valle de la luna, geiser, salares y otras yerbas. Deberían ser patrimonios de todos y no aumentar los precios un 400% por ser extranjeros.

En esta tierra te cobran hasta 200 pesos por mear en un baño.

Ha sido la constante de chile, todo te cobran y te lo cobran caro.

Un hotel barato entre 65 y 30 dolares, 10 litros de nafta a casi 20 dólares. La única opción barata de desayuno y almuerzo esta en las posadas en la vera del camino. Quien tenga vehículo gasolero puede obtener gasoil a mitad de precio que en las gasolineras, robado por los camioneros y puesto a la venta en las posadas.

Después del cansancio de San Pedro regrese a Calama donde aproveche para hacer chivitos y sentirme un poco cerca de casa. Conseguí unas ayuyas grandes para suplantar el pan de tortuga.

Como disfrute ese chivito en Calama!!! (Marcos no te mueras nunca pensé)

Al otro día me dedique a reparar algunas cosas, enderezar las valijas,

La cubierta trasera de nuevo sin aire, le puse media botella de repara pinchaduras que me habían dado en Necochea, solucionando el tema. La otra mitad la guarde para la delantera en caso de haber problemas.

Estábamos repuestos para seguir rumbo a la Frontera con destino a Perú.

Estábamos tocando fondo con las reservas de dinero, se nos hacia imperioso dejar este país tan caro para nosotros. Era una jornada muy larga hasta Arica de casi 8 horas constantes, pero quería dejar Chile enseguida, no lo aguantaba más y mi bolsillo tampoco.

A media mañana puse rumbo a Arica, devoramos los kilómetros casi que con rabia, muchas fotos y muchas paradas. Pasamos a Tocopilla e Iquique casi sin detenerme. Solo para visitar una mina y tomar algunas fotos. Cayó la noche y seguimos con el objetivo puesto en la mira, quedaba un buen tirón, me abrigue mejor para soportar el frio y continúe camino. Eran como las dos y media de la mañana cuando pare en una estación de servicio de Arica. Rendido me senté contra una pared y me quede dormido.

Los dolores de la posición y los primeros ruidos de motores me despertaron temprano. El descanso era el necesario para seguir. Pregunto por el camino a Tacna y salgo disparado hacia la frontera.

Ya había una cola importante esperando que abriera la frontera a las ocho. Entre migraciones y aduana resulto que para salir de Chile les tenía que pagar quinientos pesos en un formulario que los vendían los choferes de las Van, que llevan gente de Arica a Tacna, un curro para ellos pues no hay lugar donde comprarlo en la aduana.

Por fin cruce hacia Perú, ya la gente que esperaba en aduanas era otra. Había dejado un Chile hermoso, simpático pero poco solidario.

El slogan de los peajes es su símbolo”aquí pagan todos” y por lo tanto todos se encargan de cobrarte. Pero ese tema lo trataremos con más profundidad en los resúmenes de cada País.

Pasando la aduana puse rumbo a Tacna. Por fin estaba en una tierra amigable, aquí estaba como en casa. El mismo tipo de melón que en Uruguay me invito a comprarlo y en el calor del mediodía, lo comí con avidez saboreando su sabor. Estábamos de buen humor, por lo menos la fruta era barata, eso era bueno. Al comenzar a andar hacia Ilo empezamos a rozar el mar y nos refresco durante el horario más caliente. La briza del mar refrescaba la Cimarrona. La montaña a la derecha, el mar a la izquierda y entre medio valles verdes de plantaciones cruzados por la panamericana. Eran una combinación espectacular para la vista, pase tiempo cazando fotografías en estos lugares. Indiscutidamente Perú se presentaba más acogedor en principio. Llegando a Lio temprano busque un lugar donde alojarme. Al fin lo hice en un hostal llamado” 33”. Fue la tercera vez que la tarjeta empezó a dar problemas, pero aun me quedaba algo de efectivo. Ilo es el puerto de Moquegua. Un lugar magnifico, donde saque varias fotos interesantes. Pase un buen rato deambulando por la ciudad buscando un café con leche, no había quien lo vendiera, por lo que tuve que darle a un par de empanadas. Volví al hostal y me acosté temprano. A primera hora estaba dispuesto para la lucha, después de desayunar arranco para Mollendo y la Repartición. Salir de Ilo (ilo) es todo un drama, están arreglando la salida de la ciudad y hay que trepar la montaña en unos pocos kmts. En la salida paro en un destacamento de la policía de carreteras y observo el mapa. Si pongo rumbo a Camana no tengo que pasar por Mollendo. Esa es la decisión que encuentro más razonable, además estaba con muy poco efectivo y podría avanzar más hacia Nazca si hacia rendir lo que tenia.

El desierto y los valles de arboles, frutas y cosechas de arroz son significativas en estas partes. Aquí le han ganado mucho territorio al desierto. Me han regalado un ají rojo y granos de arroz directos de las plantas.

Seguí avanzando en forma constante, hasta que diez kmts antes de Tambillo ocurrió lo peor: me he pegado un palo de aquellos. Venía a unos setenta u ochenta metros de un camión de granos cuando de pronto se le suelta su toldo y se despliega a lo largo de toda la carretera. No he podido esquivarlo ya que venía como a ochenta por hora. Fue tal la sorpresa que me quede sin reacción, sin atinar a nada más que a pasarlo por encima, eso fue nefasto para ambos se ha quedado enredado en la rueda delantera. Como consecuencia no pude mantener el control y derrapamos por el centro de la carretera varios metros. Intente seguir prendido a la moto hasta el final, cuando se detiene mi cuerpo da un par de vueltas en el asfalto. Todo dolorido miro la moto y veo el derrame de nafta desde el tanque. Me arrastro hasta que me paro pero las fuerzas no me dan para parar la moto, me tiro en la carretera desesperado de dolor y frustración. Fue solo un segundo, me incorporo y detengo a un camión que viene en el mismo sentido, comienza a detenerse y observo como el camión que ha perdido el toldo se pierde en la lejanía.

- Ayúdame a parar la moto – les digo cuando bajan

- Que te ha pasado, estas bien

- si, ayúdame – le digo mientras agarro el manillar y tironeo

Me ayudan y logramos parar La Cimarrona, observo dos manchas en el centro de la pista mientras me siento en el piso, una de ellas más oscuras que la otra.

Pienso que es aceite, y me reincorporo buscando alguna perdida en el motor.

- Eso es aceite – señalando la pista

-No es gasolina – me dice el chofer, pasando el dedo en ella y oliendo.

-Persigue al camión – le pido

-No lo alcanzaría – me contesta

- Esto es muy lento, no lo alcanzo, pero tú sí. Persíguelo para que te pague los daños.

Estaba totalmente desesperado, saco la lona a un costado de la carretera, no podía con ella.

Hay una comisaria a diez kmts, ve y que la policía lo detenga. Con dolor observo los daños de la moto, estaba todo rayado. El cuenta kilometro estaba casi desprendido, la dirección apuntaba hacia la izquierda y la rueda delantera a la derecha. Me subo a ella y salgo detrás del camión. Llévame el toldo hasta a la comisaria les pido mientras arranco detrás del camión. Al principio desconfiado, pero a medida que avanzaba le daba más velocidad. No tenía un real alcance de los daños que llevábamos. Estaciono en la comisaria y comienzo a hablar con los oficiales que salieron. Por fin salimos detrás del camión.

La camioneta no caminaba ni para atrás, poco a poco empezamos a subir a El Pedregal. Cuando terminamos de subir nos encontramos con dos caminos; uno hacia la ciudad y otro en el que seguía la ruta.

Continuamos por ella pero adelante no iba nadie.

-Deben haber entrado a pedregal – me acotan- tal vez estén en la balanza.-

Seguimos buscando y la ciudad es un loquero de camiones y motos- taxis. La búsqueda es infructuosa, no había visto la matricula y no teníamos posibilidades de encontrarlo.

Al fin después de dar algunas vueltas deciden regresar abajo hacia Tambillo.

Estaba más tranquilo, había hecho lo posible para agarrarlo, de pronto si hubiera seguido en la moto lo alcanzaba antes del pueblo. Pero no se pudo con la porquería de vehículo que tenían. Mientras bajábamos por la montaña pensaba en los daños. Tenía diez soles solamente y el daño era importante. Estaba calmado pensando en soluciones de las posibles roturas de la Cimarrona. Entre todos los dolores que tenía había uno que me tenía loco: era una puntada en una costilla en la derecha del pecho. Trate de olvidarlo y centrarme en soluciones. Cuando llegamos a la comisaria había otra moto detenida frente a la mía. Era Simón Buckley, un australiano que venía de recorrer Asia y Europa y estaba en camino de vuelta hacia sus tierras. Había parado a ver qué había sucedido y dar una mano. Luego de conversar un rato nos despedimos como buenos amigos. Ese momento aflojo toda la tención que tenia contenida y comencé a relajarme. Cuando partió me aproxime a la Cimarrona, herida me había remolcado diez Kmts por lo que verifique los daños. La valija derecha estaba toda desencajada y se veían los efectos del derrape visiblemente, en una esquina el bitumen se lea había comido, el cuenta kilometro estaba rajado, con algunas luces testigos quemadas. El faro delantero era un desastre, casi toda la cubierta había desaparecido y el foco corto estaba quemado. La leva derecha del freno y la caja de líquido también estaban limadas por el piso, pero en funciones correctas. La patada del arranque ya no estaba. El hierro que formaba el mataperros estaba partido en dos. La horquilla estaba torcida. Se ve que el tablero había hecho corto circuito y no tenia arranque. El panorama era desalentador. Pero ambos estábamos de pie dispuestos para la batalla. Busco un lugar para dejar la moto y no encuentro. Al fin después de idas y venidas logro remolcar la moto hasta la plaza y le dejo debajo de un pórtico donde pasaríamos la noche. Intento comunicarme con Iván mi soporte en Perú, habíamos acordado comunicarme al final de cada etapa, lo pongo en antecedentes de los hechos y lo tranquilizo que estoy bien. Planeamos la llegada a Nazca, estaba cerca pero todo dependía de cómo pudiera arreglar los desperfectos. Después de tironeo logro que la policía me asegure llevar la moto en la camioneta hasta Pedregal en la mañana. Consigo agua caliente y me hago un café, mas tarde empiezo a desmontar la moto para acceder a los lugares donde podría estar la falla eléctrica.

Por fin cansado y dolorido me tiro junto a la Cimarrona, el sueño es interrumpido por los dolores de la costilla. El suelo era duro y las contusiones empezaron a enfriarse y no era muy agradable la combinación, pero al fin pude de a ratos conciliar el sueño. Estaba temprano en la comisaria par ver de trasladar la moto. Le puse las dos botellas de nafta de repuesto en la camioneta y luego de cargarla salimos a Pedregal. Allí uno de los policías era vecino de un mecánico que también vendía motos chinas. Me pareció lo mejor por lo que me dejaron en el negocio que aun no había abierto. Les agradecí el apoyo y espere que abrieran el negocio. Luciano Ríos era el dueño, le conté toda la historia, y acepto darme una mano sin condiciones. Cuando dio con la falla eléctrica empezó a rearmar la moto. En cuatro horas estaba pronta para seguir camino. Luciano trabaja en el lugar junto a su hijo Luis y su esposa Martha. En sus horas libres es israelita, una colectividad religiosa basada en lo que dice la biblia.

Al final me pego un stikers de su iglesia como protección en el camino en una de las valijas. Aquí como en Chile generalmente la gente dispuesta a ayudar en algo son de alguna secta religiosa.

Me convidaron con jugo de piña natural frio, que estaba como los dioses en el calor del mediodía.

El taller se llama San Luis el Amauta, ubicado en Pedregal, son gente muy sana y solidaria al cual debo mi agradecimiento.

Estaba pronto para seguir por lo cual inicio viaje a Camana

Camana es una ciudad de mucho movimiento comercial, con varias ferias. Tenía que echar nafta para seguir por lo cual nuevo fracaso del cajero. Encontré una estación de servicio donde podía cargar con tarjeta por lo cual le eche doce soles, la tarjeta tampoco fue reconocida, estaba con un gasto de de nafta y sin dinero para pagarlo.

Esperen un rato que ya les pago les digo – y comienzo a explicar a los choferes de cada vehículo mi situación por lo que voy juntando de a soles hasta cubrir el gasto. Sigo pidiendo un rato más y hago diez soles como para echar más adelante.

La empleada de la oficina me regala dos aguas y un par de paquetes de galletas, Se llama Patricia Choke de estación Génova 2 en Camana.

Con mas espíritu en la tardecita me pongo en camino a Nazca, llevaba la sonrisa de todos ellos y la mano que habían dado.

En la salida no aguantaba más de hambre, por lo cual paro en una posada y pido un café con leche. No tienen, solo café.

Ok, un café con dos panes como aquellos – y señalo a un hombre al costado mío.

No hay, esos panes so de el – me aclara

Bueno entonces el café.

El hombre que estaba en el mostrador se acerca con la bolsa de pan y me ofrece, tomo dos y le agradezco. Seguimos charlando de cómo había llegado hasta allí. Hasta me han regalado una caja de fósforos.

Una prueba más de lo solidarios que son los peruanos.

Trato de avanzar lo más que puedo, cruzo por Ocaña, el Desaire hasta llegar a Ático. Aparco la moto y hablo con el personal de la estación de servicio. Edgar Gutiérrez y Miguel Odriozola me escuchan y luego de un rato de charla empiezo a hablar con la gente que viene a cargar.

En tres personas hago veinte tres soles. Una de ellas, luego me entero era un párroco, me entrego veinte soles de una. Yo estaba loco de la vida, esto me alcanzaba para llegar a Nazca donde me reuniría con Iván. Perú a esta altura me era un paraíso.

Consigo un lugar dentro de la estación y coloco la moto en la parte donde lubrican, saco el sobre y me acuesto junto a la moto. Dormir en las estaciones de servicios o cerca de la carretera implica que cada vez que viene un camión grande te despiertes por el ruido. Pero son a veces más seguros que internarse en las ciudades. Antes del amanecer estoy en pie, me preparo un café y compro un trozo de torta Chiffon. (es una torta de unos 30 cts de diámetro por 20 cts de altura, te cortan un trozo abundante, no tiene mucha azúcar) y desayuno.

Guardo todo, me despido y arrancamos rumbo a Nazca con todo el power. Había llenado el tanque, comprado cigarros y me quedaban como trece soles. El punto acordado era reunirnos con Iván en la plaza de armas. Pase por Tanaca y sus valles de arroz y por Yauca y sus olivos. Estos bosques de olivos son tan antiguos que debajo de ellos no llega el sol y son usados como resguardos de manadas de vacas. Estuve un rato descansando del sol debajo de ellos, estaban cargados de aceitunas.

Doy unas vueltas al llegar a Nazca y me radico en la plazoleta en espera de Iván, no puedo llamarlo, tengo el dinero justo para alojarnos esa noche en un hostal, por lo que solo resta esperar. Iván no aparece por lo que voy al hostal y me acuesto a dormir. La cama era dura por lo que me costaba adecuar el cuerpo cómodamente y la costilla se hacía sentir. Desde el accidente las molestias han sido continuas con la costilla. Ya anteriormente me había fisurado un par y había tenido el mismo dolor por días, lo que me hacía pensar que estaba fisurado.

Estábamos bastante maltrechos junto con la moto. Todavía no entendía como me había golpeado ahí o con que. Como siempre en mis muchas veces que he estado herido pongo todo para minimizar el dolor y restarle importancia, tratando de no ceder.

En la mañana cuando arreglaba la valija encontré diez soles entre un mapa que alguna vez estuvo en los bolsillos. Salí disparado. Había pagado trece soles sin desayuno y con el eran quince. Llegue al comedor y le digo a la encargada del hostal:

Voy a desayunar, cobréese los dos soles

Siéntese, me los paga abajo

Y me castigue con jugo y café con leche, luego Salí a llamar a Iván para coordinar su llegada, por la tarde nos estaríamos reuniendo.

Durante la mañana estuve viendo el carnaval de Nazca, una fiesta alegre y colorida que dura hasta mañana.

En la tarde me he reunido con mi amigo peruano, cansado luego de siete horas de camino, hace que pernoctemos una noche más en Nazca. Con su llegada tengo mi primer almuerzo fuerte en varios días, nos tomamos unas cusqueñas (cervezas locales) y le entramos a un plato de carne, bananas, arroz y papas. Estaba con un amigo y eso me fortalecía. Cuando le contaba de las peripecias este solamente se reía de todo. Estábamos de buen humor y hacia diez mil kilómetros que no veía un amigo tan apreciado. La llegada de Iván fue recobrar energías y la sonrisa, de a poco recupere fuerzas y estuve pronto para hacerme al camino. Mi amigo venia con toda la polenta, quería enseñarme lo mejor de Perú y escoltarme a Lima. Yo estaba dispuesto a seguirlo hasta donde fuera, no estaba al 100% pero su empeño y buen humor me contagiaban.

Al otro día nos dispusimos a seguir sus planes, primero las ruinas de Cahuachi, luego las líneas de Nazca, para terminar en Paracas.

Seguir la Toyota de Iván nos daba espacio para disfrutar del camino,

Tener un compañero de viaje de esta talla hace los caminos más simples, previendo todos los peligros y cuidado solo restaba paladear los momentos. En Paracas nos hospedamos en un hotel y en la noche degustamos el seviche y otras preparaciones, todo de corte espectacular.

Ya me tenía preparado un tour a las islas al día siguiente y entrada en la reserva de Paracas, por lo cual nos fuimos a descansar temprano.

Salí temprano a cazar el amanecer, cuando volví ya casi tenía que salir hacia las islas. Este lugar es una de las reservas marítimas más grandes del mundo, un lugar increíble. Después del mediodía salimos al desierto de la reserva, allí estuvimos esnorkeando en lugares paradisiacos. Las imágenes que hemos logrado en este tramo han sido magnificas, debe ser la etapa donde aparezco mas yo que la Cimarrona, la ventaja de tener fotógrafo. Llegamos muertos al hotel, luego de un baño salimos a cenar, probé el chita con salsa de mariscos, era la frutilla de la torta, un pez de roca frito con salsa de mariscos y arroz. La conjunción de estos sabores hacen del plato una exquisitez.

Vuelta al hotel descansamos hasta el otro día, preparando la llegada a Lima. Salimos temprano rumbo a Lima, el viaje fue un trámite de ciento cincuenta kilómetros. Parábamos cada tanto para las fotografías, ya en la seguridad de la casa de Iván, los dolores fueron desapareciendo. La costilla se recupera favorablemente, esta estadía ha servido para reestructurar el viaje y planear la llegada a Colombia.

Junto a Malena, Marcos y Tatiana hemos compartido paseos y momentos inolvidables por Lima, por lo cual además de reponernos hemos paseado y probado todo tipo de comidas locales, disfrutando al máximo esta estadia

Los kilómetros hechos y el aporte de ideas de Iván me han llevado a considerar estrategias nuevas y estar más preparado para lo que viene.

Gracias a Motul Uruguay en la persona de Washington me he contactado con la gente de Socopur, que son los representantes en Lima de Motul, KTM, Lyfan, Duro y otros. Esta empresa dirigida por Guillermo Peralta y Carlos Peralta se ha portado de maravillas con nosotros.

La cimarrona ha sido mimada por todo el equipo técnico de Socopur dirigido por Mario, quien solo ha tenido gentilezas hacia mi persona y la moto, dejándola lista para su viaje hacia el norte.

Mas que un servicio fue tratar con un grupo humano excelente que denota el trabajo de equipo aceitado, afables, sinceros, con personas amables que denotan confianza en lo que hacen. El eterno agradecimiento de ambos a todo lo hecho por estos amigos y augurarles los mejores éxitos en todo lo que emprendan.

Hoy estamos en la previa de un concierto que ha organizado Iván para recabar fondos para El viaje de los sueños.

La seguimos en otra entrega de reseña

Un Abraso

Ernesto Urrestarasu.

Cuarta Reseña del Viaje de los Sueños

Del 13 de febrero al 18 de febrero del 2010

Después de las despedidas en Collipulli hice una recorrida tomando algunas fotos  de la ciudad  y del puente histórico

La cimarrona tiene buenos brios por la mañana así que nos hicimos al camino rumbo a los Ángeles(170 kmts).

Almorcé unas aluyas con atún en Temuco y seguí viaje sin novedades.

Las aluias como se pronuncia, son panes tipo tortugas de 2 cmts de espesor con masa similar a las galletas dulces .Las aluyas se comen con palmayo (palta y mayonesa), avemayo (pollo y mayonesa), pezmayo (pescado y mayonesa. Otra cosa que aprendí es que a la merienda de la tarde le dicen once .Fuimos pasando ciudades y pueblos hasta llegar a Victoria. Allí fue mi único intento de tratar de sacar el salmón, después de estar cuatro horas intentándolo, junte todo y pusimos proa a Chillan (108 kmts) arribando en la tardecita. Encontrar un camping en las ciudades chilenas es algo imposible. No están contenidos en el formato de cada ciudad, por lo cual vamos a dar a Goman, una colectividad de 80 personas que por ser uruguayo me dejaron instalar la carpa en la cancha de futbol, Como tiene solo una calle todos pasaban y charlaban conmigo de manera afable, hasta que me metí en la carpa. Me desperté con el amanecer con renovadas energías dispuesto ese mismo día llegar a Santiago. Una señora con dos botellas de leche recién ordeñada pasa:

  • Durmió bien vecino – me dice con una sonrisa
  • Espectacular – le digo
  • Agradezca a todos los demás las atenciones- repito
  • Vio que es tranquilito, salvo los zancudos(mosquitos)
  • Que tenga buen viaje- y se aleja

Guardo todo a nos hacemos a la ruta, fue un día donde caminamos, pasando por Talca, Curico y Rancagua desembocando en Santiago con algunos ruidos en la moto, nos comimos como390 Kmts de una sentada.

El representante de Motul estaba cerrado por ser sábado de tarde y tendría que esperar hasta el lunes para un Service general.

Aquí comienza el estrés del alojamiento, ningún Couch de Santiago había contestado. Hacemos casi 60 kmts mas buscando un camping pero terminamos como al principio dentro de la zona del centro a pocas cuadras de donde debería estar el lunes. Otro dilema encontrar un hostal con seguridad para la moto. Al fin halle uno y me rendí. Fue positivo, me bañe cinco veces en 36 horas y La Cimarrona descansó un día y medio.

Me dormí todo y Salí  a sacar algunas fotos del pulcro Santiago, el metro estaba cerrado pero que la limpieza en el es inmaculada.

Todas las plazas de chile son con grandes arboledas, donde es un placer estar en los medios Díaz de calor intenso.

El lunes estábamos en primera línea en el local Yamaha de Mario Quesada representante Motul para Chile quien realizó el service a pedido de Motul Uruguay en la persona de Washington             Quien junto a Williams Lemes de Willy Motos son los que han auspiciado este emprendimiento desde Uruguay. Para ambos el agradecimiento incondicional.

También agradecer a Álvaro, Walter, Humberto, Horacio y Pablo que son el soport the dreams trip in Uruguay.

Cambio de bujía y aceite y una cadena nueva de repuesto igual a la existente y no pudimos dar con algún problema mas.

Al mediodía estábamos en ruta rumbo a Viña del Mar (120 Kmts) donde nos esperaba Freddy para alojarnos. Bajar hacia la ciudad por entre los cerros y ver el mar espectacular que me esperaba fue magnifico, Hacia quince días que no veía el mar, ahora estaba como en casa

En la estadía en Viña del Mar compartí largas charlas sobre chilenismos y cosas de vida. Me fui dejando nuevos amigos y puse rumbo a la Serena (420 Kmts) pegado a Coquimbo llegando entrada la noche.

Ni un lugar donde tirarme, por fin di con un hostal barato y caímos muertos.

La cimarrona en un garaje y yo en una cama de dos plazas.

Conseguí agua caliente y aluyas y desayuné junto a un café negro antes de partir con rumbo a Copiapó (340 kmts) En un descanso en el desierto en el kmt 690 conozco a Juan de Dios Opazo, en medio de la nada y bajo el único árbol en kilómetros a la redonda. Nos guarecemos con la moto bajo su sombra y charlamos largo rato con Juan. Tiene un carro donde vende de todo, hasta helado de palito. En le pasado había tenido un socio que lo embromó y se quedo por vida ahí. Comentamos del cercano observatorio La silla y de su lente de 3.5 m de diámetro donde se veía todo el firmamento. Juan lo conocía porque había hecho amistad durante algunos meses con una yanqui que vino a hacer estudios  en La silla. Un hombre simple, de gran cultura, que no quiere nada del gobierno. La lucha todos los días bajo el único árbol de Vallenar a Copiapó.

Llegue a Copiapó y seguí  70 kmts mas para Caldera. Estaba todo ocupado, ni hoteles ni camping, ni cambios, ni tarjeta. Después de dar varias vueltas sin resultado voy para la estación de servicio en la carretera. A la entrada me quedo sin transmisión. Llego empujando y armo la carpa atrás de la estación. Estaba cansado, con la cimarrona rota y con dos pesos en el bolsillo. Agua caliente, café y pan amasado casero de cinco días fueron mi cena. No estaba preocupado por la moto, mañana seria otro día.

El ruido de los motores de los camiones me despertó temprano. Junto la carpa pensando como solucionar la rotura. Para colmo estaba pinchada la rueda. Arrastro la moto hasta la gomería y me pongo a desarmar. Saco la y veo que los tornillos del plato se habían roto. Mientras lo hacia se acerca un camionero y me pregunta si estaba en pana?

El también estaba en pana (con rotura del camión quedando varado) Le explico que tengo que conseguir en Copiapó los tornillos y se va.

Le digo cuanto me sale la pinchadura al gomero y le digo que la arregle mientras voy a Copiapó a conseguir las refacciones.

En eso se acerca el camionero y me dice:

  • si logro arreglar lo mío , yo te llevo a Copiapó –
  • ¿desayunaste?
  • No.
  • Bueno vamos a desayunar y vamos a arreglar el sello que pierde en el camión.
  • Ok, vamos.
  • Cuando pedimos el café con leche y aluyas pregunta a la empleada si tiene ají rojo bastante.-
  • Algo le dice ella –
  • Bueno dame todo lo que puedas que la próxima ves que pase te regalo dos bolsas-
    Nos fuimos con una bolsita de ají rojo en polvo
    Lo ayudo a meter el ají  en el radiador, prende el motor y examinamos como deja de perder agua.
    Me subo y nos vamos hacia Copiapó.
    Humberto Alejandro es el único varón nacido entre doce mujeres. Entre la charla donde nos ponemos al día sobre nuestras vidas, los 70 Kmts se hicieron rápido.
    Encontré los tornillos en Casas Biman, una bicicleteria que vende artículos de motos. Mario Núñez fue muy amable conmigo instalando los tornillos y sellándolos. Eran las tres cuando logre volver a Caldera.
    Me pongo a armar todo y lo coloco, pruebo y sale todo bien.
    Encinto algunas rajaduras de los plásticos que con la nafta se rajan y salimos al camino llegando a Chañaral a 400 Kmts de Antofagasta.
    Conseguiré las aluyas, un tarro de café y seguiré hacia Antofagasta.
    Se que no voy a llegar, pero en la noche voy a recuperar el terreno perdido, hasta donde llegue.
    He reflexionado mucho de mis errores en estos días, ahora estoy en el baile y tengo que bailar. En estos momentos es cuando pienso en casa, en la familia y en los amigos. Entonces salgo a la carretera pues siento su energía detrás de mi, acompañándome y alentando.
    Si cruzo el desierto de noche no gasto cubiertas y la moto sufre menos.
    Un abraso a todos
    Ernesto Urrestarasu
    Camino a Perú

Tercera Reseña de viaje de los sueños

Del 9 de enero al 13 de enero del 2010

Llegar a Skel con El Perro Loco (todavía no sabia su nombre) fue todo un alivio. El paisaje había cambiado definitivamente, la cordillera había aparecido con todo su esplendor. Paramos en la rotonda y comenzamos a disparar las cámaras a placeré.

-¿y…uruguayo?-

Miro el camino que había dejado atrás y le digo

-¡la pampa argentina y la c……de su madre!!

Había dejado atrás el desierto, con varias etapas de sufrimiento.

Ahora podía disfrutar de un paisaje magnifico. Estaba contento, había superado varios escollos, entre ellos la caída.

-Vamos a echar nafta y seguimos al Bolsón, que te parece uruguayo?

-Dale vamos.

Desde el serví centro veo un camping enfrente

-Yo estoy muerto le digo, si acampamos?

-Y donde?

-Ahí enfrente….

-Ah ¡ mira vos, dale vamos!!

Llegar al camping, un lugar magnifico, con césped cuidado, pulcro y con vistas a la montaña espectaculares, me tranquilizo. Las charlas con la gente

Que se interesaba de donde veníamos y adonde íbamos. Pasamos confraternizando con todos. Más tarde vinieron más viajeros en moto, tres Chilenos y un joven de Río Gallegos. Charlas, acnedotas, planes de rutas, ver mapas y reconocer el camino que mañana íbamos a hacer .Un disfrute de esos momentos, toda gente de la planta, con espíritu similar. Estábamos reunidos moteros de una shadow 600, una KTM, una Susuki v-Strom, una Kawasaki enduro como 400 cc y una humilde Zanella 200.

En la noche cenamos unos canelones caseros de verduras que estaban como los dioses. Después de un día tan duro me sentía pleno, por esto había venido. Los malos momentos quedaron atrás, ahora disfrutaba del sosiego.

Esa noche llame a casa, y a un amigo. Los sentí emocionados de escucharme. La hice corta, para no emocionarme también. Era un día redondo y me fui a acostar en la carpa con dolor pero con el espíritu alto.

El amanecer me despertó  con gotas de lluvia sobre la carpa, intenté quedarme un ratito más dentro del sobre de dormir, pero fue imposible. Cuando despierto tengo la necesidad de saltar y ponerme en acción, el desayuno me reclama.

Me fui para la cafetería y pedí un café con leche. Afuera había comenzado a llover copiosamente.

Mas tarde se acoplaron Ramón, novia de este y Claudio los moteros chilenos. Charlamos de todo, mas tarde se agregó el Perro Loco. Su nombre

Es Alejandro Agustín Zapata, peluquero, locutor de radio y sereno del corralón municipal de Villa Regina. Su madre murió cuando tenía 18 años,

Se crió con su padre (80 años) con quien vivía. Siempre que podía estaba con su cámara de video filmando escenas y gente, para que su padre viera donde había estado.

Esperamos que parara el agua:

-Déjala ir un poco más y salimos. Adonde vamos el sol me seguirá, es una ley en mi vida –le digo

Más tarde, eso de las 10:30 arrancamos hacia El Bolsón (160 kmts)

Llevamos buena marcha, la mayor parte del tiempo con viento de cola.

Al llegar a Pueblo Lago, habíamos alcanzado la lluvia.

-Te parece de entrar, no lo conozco – comenta

-Yo tampoco – le digo

- Entremos así se aleja el agua – afirmo

Llegamos a un lago espectacular, quedamos tirados un rato en los cantos rodados de la orilla, hasta alguien nos saco fotos en ambas cámaras.

Esperamos un rato tirados y nos fuimos para El Bolsón, allí nos detuvimos a almorzar y mas tarde seguimos a Bariloche (120 Kmts). Todo este tramo fue un goce. Bosques de pinos magníficos, lagos y ríos rápidos, totalmente puros de aguas cristalinas. Parábamos cada tanto a sacar instantáneas, lo que hizo que llegáramos a Bariloche en la tardecita.

Al llegar mientras estaba en un ciber tratando de ponerme al día, Alejandro

Buscó un hostal barato, me uní en la habitación como a la medianoche.

Hicimos la cena de despedida con un Malbec trapiche y nos acostamos.

Temprano nos despedimos y nos fuimos con diferentes direcciones, el a recorrer el circuito chico hasta LLao –llao y yo a buscar un taller donde estirar la cadena y otras cositas de la Cimarrona que venían decayendo.

Cuando termino en el taller salgo rumbo a Chile, estaba sacando fotos desde un costado del lago Nahuel cuando pasa Perro Loco ye hicimos los últimos kilómetros juntos hasta la bifurcación del camino donde siguió rumbo a Regina. Nos deseamos lo mejor en el camino para ambos y salimos disparados hacia nuestro destino. El destino era Osorno en Chile (260 kmts) El viaje fue tan hermoso de imágenes que me costo como ocho horas hacerlo. Paraba y fotos, paraba y fotos, sin dudas fue el tramo mas disfrutable, junto a las montañas y los bosques me sentía seguro. La carretera llena de curvas, se prestaba para los juegos, acelerando, acostándola, estaba muy bueno y la moto se sentía bien. Magullada pero con el corazón intacto. Siguiendo un consejo de Williams Lemes le había comenzado a hablar y palmearla para darle ánimos. Control de daños; los derrames de nafta en argentina me estaban desintegrando los plásticos de protección del tanque, en algún momento tengo que sustituirlos, la nafta se los come.

A las 20:30 consigo un hostal en Osorno, tres veces más caro que Argentina, esa seria la última vez que lo usara en chile a este tipo de alojamiento. Esa noche conocí a otro Ernesto, mejicano de Guadalajara, con su expedición Patagonia – Alaska. Similares en todo. Moraleja: todos los Ernestos en algún momento se hacen a la ruta.

A la mañana salí rumbo a Temuco, una ruta magnifica, con marcha constante, con brisa fresca para mí y el motor. Fue un paseo recorrer la región de los ríos, en cada Puente fotos y paisajes hermosos.

Los valles como una expresión muy usada por mi esposa, “eran colchas de retazos de todos colores”.Eso define exacto el paisaje que transitaba. Comienza el suplicio de los peajes, tengo 12 hasta Santiago y otro tanto al norte. Había evaluado costos en Chile, Tengo 6 sopas y 4 latas de atún, con eso tengo que llegar a Perú, solo gastar en agua y tortilla de pan. Los alojamientos tienen que ser solidarios obligatoriamente. Voy a espaciar la Internet también para bajar costos. Se que los míos lo van a sentir así como los amigos, pero no tengo mas remedio. Prioridades nafta y peajes el resto con un tenedor.

Luego de llegar a Temuco almuerzo atún con pan, era así como había nacido esto, almorzando una flauta con atún.

En la media tarde llegue a Victoria, alentado por los lugareños de que en el río salía salmón desembarque la caña, estuve 4 horas esperando y ni un puto salmón. Por lo que en la tarde seguí camino hacia Collipulli, me arrimo a un mecánico que estaba con otras personas y le comento mi situación. Si me podría orientar por donde acampar gratuitamente. Al final de un par de horas de bromas y charlas uno de ellos me dio alojamiento en el lugar que trabajaba el hijo. La casualidad es que esa noche me aloje en una vidriería y confección de aberturas de aluminio.

Fue un intercambio muy positivo, le di mi experiencia de Uruguay y ellos me explicaron como el estado te regala dinero para que puedas construiré tu casa en esta zona. A las personas con títulos y de clase media no le dan nada. Pero a los gallos (jefes de familia) les dan 6 millones de pesos para que construya su casa. A los Mapuches se la construyen por que si le dan la plata se la toma en aguardiente. En una colectividad mapuche todos beben.

Hoy luego de despedirme de Marcial Beltrán, un mejicano nacido en El Paso, traído desde niño, que ha luchado como chileno 64 años y que hoy lucha con un cáncer de pulmón que casi ha vencido gracias a tomar mas de mil litros de un te de una planta que me ha dado, “que purifica los pulmones y te saca todo al porquería”. Marcial estaba desahuciado tanto que el mismo había construido su ataúd. Hoy el ataúd adorna las mesas de corte de vidrio de su hijo. Todo el mundo le pide que mande esa yerba pero no puede exportarla, por falta de infraestructura.

Hoy salí con rumbo a los Ángeles y mas allá.

Un abrazo a todos.

Ernesto Urrestarasu

Segunda Reseña del viaje de los sueños

Del 8 de enero al 9 de enero del 2010

Después de la jornada arribo a Puerto Madryn cerca de de las 22:00.

Allí me esperaba Beatriz, quien seria la persona que me iba a dar alojamiento. Al llegar estaba con  Jaime, un couch Colombiano y se disponían a cenar tallarines con tuco. Estaba contento, había calor de hogar;

Además el apartamento estaba en  un lugar espectacular. Un quinto piso con balcón hacia el mar y a media cuadra de la playa, cuando me asignaron la cama, con colchón y después de una buena ducha y unos tallarines, mi cuerpo estaba agradecido. Después de charlas donde chusmeamos de la vida de cada uno, Jaime contó sus peripecias en bicicleta, venia de Medellín. Además estaban una gata y una perra que había venido ese día  transitoriamente.

Caí muerto en la cama, el sol me despertó a las seis por lo cual tome algunas fotos y me hice el desayuno.

Pensaba reparar algunas cosas, pero el ambiente se prestaba para seguir descansando. Me dedique a hacer el almuerzo; Salmón con salsa de soja. Luego una siesta y acompañe a Beatriz a deshacerse de la perra llevándola a una casa como a quince cuadras. En la tarde use la computadora para ponerme al día con algunos temas. Es muy difícil  la comunicación con los míos, con los amigos, todos desean tener noticias, pero no siempre uno tiene la manera de comunicarse.

Algunos lo entienden otros no, estoy deseando conseguir una lapto, para poder llevar las cosas mas ordenadas.

Me organicé para en la mañana del sábado salir a península de Valdez.

Otra noche en colchón, desperté temprano y arranque para la península.

El viento estaba fuerte y cruzado, a las 10:30 había llegado a Pirámide.

Donde se termina el asfalto y comienza el ripio. La mala noticia era que no podía snorkear en la península, salvo Pirámide y cerca de la isla de los pájaros. Hice treinta y cinco kmts de ripio que fueron un calvario para mi y para la moto. Iba con los pies apoyados pues con la arena la moto coleteaba como un pez. Después de una hora de marcha había avanzado solo esa distancia por lo que tome la decisión de no seguir, era imposible para ambos. Si seguía estaba poniendo el viaje en riesgo y todavía tenia que regresar. La vuelta al asfalto calmaron los ánimos. Hice otro intento en la isla de los pájaros pero el ripio tenía serrucho y era como andar en una coctelera. Así que decidí preservar La Cimarrona, como bauticé a la moto en honor a un amigo que siempre dio su apoyo incondicional al viaje y emprendí el regreso a Madryn. Beatriz  y Javier trataron de darme ánimos después de contarles  los hechos. Me convencieron de que lo hecho había sido lo exacto. Por lo menos podía seguir hacia el sur. Esa noche fuimos a un concierto gratuito de los Pericos. El domingo saldría para Trelew con rumbo a las Plumas. El día comenzó ventoso y arranque con Jaime rumbo a Trelew. (70 kmts) Puerto Madryn queda en un pozo por lo que a Jaime le quedaba subir un repecho de varios kilómetros, le hice el aguante y lo remolque lo más que pude hasta dejarlo como a un kilómetro de la carretera,  ya cansados ambos de tironear. Ahí lo deje saliendo hacia Trelew raudo.

El viento se hacia sentir fuerte, de costado y a veces de frente.

Trelew por ser domingo estaba muerto a las 9:00 de la mañana por lo que lo deje después de una recorrida por el pueblo en busca de un cambio y cargar nafta, pues tenía poco efectivo. Los pesqueros estaban lejos, lo cual minimizaba mi interés en la ciudad. Estaba gastando 35 pesos argentinos en nafta para recorrer 300 Kmts. El viento me bajaba el rendimiento a 200 Kmts 35 pesos. Aunque abajo del paralelo 40 la nafta cuesta 1 peso menos por litro, lo que equiparaba el gasto. Otros datos camping abajo del paralelo cuestan 22 pesos, la mitad que otros lados. Un desayuno 12 pesos. Dos empanadas y una coca 10 o 11 pesos. Otras comidas entre 25 y 30 pesos. Casi ninguna estación acepta dólares o tarjetas. Hay que tener siempre argentinos. Precaución los domingos los cambios no funcionan.

Seguí rumbo a las Plumas (230 kmts) cuando llego no había nafta. Sigo camino a Los Altares (104 kmts) Todo el tramo estuve luchando con el viento de 80 kmts. Por momentos llegaba a andar a 40 kmts por hora .La moto dos por tres a consecuencia de las ráfagas quería irse del control. Estaba inclinado hacia el lado del viento, cuando de pronto me cambiaba de lado y la moto se me iba hasta que volvía a controlarla. Cuando llegue a Altares estaba muerto, el estrés del viento me tenía acalambrada la espalda, pues tenia que ir agachado tratando de cortar el viento. Pregunto en la estación de servicio por un lugar donde alojarme y me dan un hotel. Voy para allá y pregunto cuanto me sale:

-noventa pesos –me dice la recepcionista

-puedo pagar con dólares o tarjeta?

-No, me contesta-

-Ah, gracias…hasta luego-

Pienso en las charlas con Willi y me dirijo a la comisaría, en ella no había nadie, entonces espero un rato. El viento era fuerte y frío, me refugio detrás al amparo del edificio. Al rato llega el comisario con la señora, le planteo el tema, si me deja instalar en el galpón o en el calabozo. Veo pasar dos motos para abajo mientras hablo con el comisario.

-Esos van para el camping

-Entonces hay un camping!!

-Si,  tiene todo y es gratuito

-No se hable mas y arranco para el camping!

Allí me reúno con Martín y Crisencio, estudiante de agronomía uno y jubilado el otro.

Armamos los campamentos juntos. Pasamos el rato charlado hasta que nos fuimos a dormir. Fue la noche mas incomoda, el lugar espectacular, pero el viento parecía que te volaba la carpa, por lo cual me pase despertando.

A la mañana nos despertamos, tomamos unos mates y nos despedimos en direcciones opuestas. El viento estaba más fuerte, insoportable, pongo rumbo a Paso del Indio. (140 Kmts) Fue durísimo llegar, pero lo más duro fue que no había nafta. El próximo pueblo era Tecka a 180 kmts, hecho la botella de coca que llevaba con nafta, y me hago a la ruta a suerte y verdad.

Continua la lucha contra el viento hasta que gana su batalla, a 40 kmts de Tecka me saca la moto, no puedo dominarla y muerdo el declive de ripio suelto, no pude volver al asfalto, me acostó en el suelo. la moto se clavo en el mata perro por lo que giro derrapando con la valija y salgo rodando un par de metros. Siento un dolor intenso en el tobillo, intento pararme y no puedo apoyar el pie. Me arrastro hasta la moto y saco el contacto. Me quito la  bota derecha y examino el tobillo, huesos rotos nada, solo un floreciente esguince. Me calzo y intento parar la moto como puedo. Control de daños:

Mataperro doblado casi quebrado, saco las herramientas y lo ajusto, valija izquierda desescuadrada, imposible repararla ahora. Tengo que desmontarla

Y volver a armar.

El manillar se vino hacia atrás, lo dejo así, la posición no es incomoda.

Los espejos vapuleados y las levas rayadas. El plástico protector del tanque con algunas rajaduras. Tobillo dolorido pero pronto a seguir. Arranco como puedo y sigo. Ahora tengo dos problemas, el viento y el tobillo. Para  colmo de males a 25 kmts de Tecka se me termina la nafta. Paro un coche y me dice que atrás de el viene una moto, de pronto me puede ayudar con nafta. Al rato aparece una moto, le hago señas y se detiene, le cuento todo y me da una botella de nafta, con eso llegaríamos a Tecka y podría cargar.

Era El perro Loco, un motero que venia de un encuentro en Rawson, con una Honda sadow 600.En el parabrisas llevaba dos botellas de agua.

-Quédate tranquilo uruguayo ahora te pones atrás mío y te voy cortando el viento, y cuando lleguemos a Tecka cargamos  nafta y si no tenés plata yo te la pago.

El perro fue un monstruo, me pegue atrás y llegamos a Tecka, cargue nafta y comimos unos sándwiches.

-Si estas bien, seguimos a Skel (140 kmts)

-Dale vamos y seguí en la cola hasta Skel.

Hoy estoy en Bariloche pero esa historia como todo el viaje desde Skel junto al Perro Loco es parte de otro capitulo.

Un abraso a todos

Ernesto Urrestarasu