Quinta Reseña de Viaje de los Sueños
Del 18 febrero al 3 de Marzo
El comienzo de esta reseña es desde las amigables tierras del Perú. Gracias a los esfuerzos del soporte técnico en tierras peruanas formado por Iván, Malena, Marcos y Tatiana estos días han sido deliciosos, por sus comidas y sus paseos. A todos ellos mi agradecimiento eterno. Y ya que estamos en agradecimientos reiterar el agradecimiento a las personas que en las sombras hacen este viaje posible: Ana María, Guillermo, Pata Matonte, Vicky, Alejandra, Silvia Agüero, Silvia Soler, La Negra ,los hijos de todos ellos, que de alguna forma siempre han estado junto al viaje acompañando y haciendo que esto siga vivo. También agradecer a mi esposa Raquel y a mis hijos Alexa y Yuri que con esta “locura “han sido los más afectados, por seguir al firme siempre y en espera. Preocupándose siempre por mi estado. No hay un momento en la ruta que no los recuerde junto a todos los demás.
Estando en Chañaral dispuesto a salir con rumbo Antofagasta, encuentro el neumático trasero bajo, por lo cual busco un lugar donde poder dar aire y seguir el camino.se ve que la reparación de este no ha sido de la mejor manera.
En la charla con el hombre que atendía la gomería este me ponía en antecedentes del estado de ruta rumbo a Antofagasta.
-Hay cada pozo que parecen hollazos uruguayo-
-Además hay niebla y un tramo en reparación, no es bueno viajar de noche, quédate aquí y sal mañana. Es peligroso para ti, quédate! No viajes de noche, es peligroso – reitera
Me subo a la moto y pongo rumbo al norte, pero a un par de kilómetros reflexiono sobre lo que ha dicho y pego la vuelta, no vale la pena arriesgar. Buscando un lugar donde acampar me acerco a un local de comidas cerca de la carretera y pregunto si puedo armar mi carpa atrás. Me dicen que no hay problema, pero que en un rato cierran y podría quedarme debajo del alero, esta opción me pareció bien y me dispuse a esperar que cerraran para armar el campamento.
Durante la espera vino un brasilero de Rio Grande en una honda 150cc y acordamos dividirnos el alero para ambas motos y pasar la noche allí. Había hecho casi 500 kmts desde La Serena y me sentía cansado. Me despertaron los ruidos de movimiento del brasilero y más tarde cuando sentí el motor en marcha, asome la cabeza fuera de la carpa. El brasilero se alejaba con rumbo al sur. No fue capaz de despedirse siquiera. Junte todo y me puse a rodar rumbo a Antofagasta.
El desierto me esperaba con todo su esplendor, fue un tramo duro de 400 kmts con cuestas y bajadas en la que ambos nos sentíamos a gusto. La cimarrona gusta de las trepadas y a mí las bajadas moderando, solo dejarla deslizar e inclinarla en las curvas. Esa parte nos ponía contentos. Subir y bajar entre paredes de montaña estaba bueno. En Antofagasta me dedique a unas fotografías y seguí camino a Calama donde me esperaba mi segundo couch chileno. El desierto no se mostro muy riguroso en esta etapa larga de casi 700 kmts.
En la tardecita había llegado a Calama, busque a Oscar quien era el encargado de darnos alojamiento en la ciudad. Luego de las presentaciones, planeamos el día siguiente en San Pedro de Atacama.
La cimarrona descansaría por un par de días, mientras me movería a pie y en bus por las cercanías. Fueron días de paz y de grandes charlas con la familia de Oscar. Su padre había trabajado durante 15 años en la mina Chuquicamata, donde se sacaba cobre desde hace más de cien años. Hoy se cree que han logrado sacar solo un 30 % del potencial de la mina. Una zona conflictiva ex territorio Boliviano que tiene toda su agua en manos extranjeras. Los costos en esta región son muy elevados en todos los sentidos. Al otro día me dirigí a San Pedro de Atacama. Un pueblo muy árido, con muchas construcciones típicas pero con todas las prestaciones de un centro turístico.
Los precios son disparatados, destinados al turista europeos y yanquis. Sin contemplar en sus precios al resto de América. No me quede muy a gusto con este pueblo, era todo un gran negocio.
Allí murieron todas las expectativas de conocer el valle de la luna, geiser, salares y otras yerbas. Deberían ser patrimonios de todos y no aumentar los precios un 400% por ser extranjeros.
En esta tierra te cobran hasta 200 pesos por mear en un baño.
Ha sido la constante de chile, todo te cobran y te lo cobran caro.
Un hotel barato entre 65 y 30 dolares, 10 litros de nafta a casi 20 dólares. La única opción barata de desayuno y almuerzo esta en las posadas en la vera del camino. Quien tenga vehículo gasolero puede obtener gasoil a mitad de precio que en las gasolineras, robado por los camioneros y puesto a la venta en las posadas.
Después del cansancio de San Pedro regrese a Calama donde aproveche para hacer chivitos y sentirme un poco cerca de casa. Conseguí unas ayuyas grandes para suplantar el pan de tortuga.
Como disfrute ese chivito en Calama!!! (Marcos no te mueras nunca pensé)
Al otro día me dedique a reparar algunas cosas, enderezar las valijas,
La cubierta trasera de nuevo sin aire, le puse media botella de repara pinchaduras que me habían dado en Necochea, solucionando el tema. La otra mitad la guarde para la delantera en caso de haber problemas.
Estábamos repuestos para seguir rumbo a la Frontera con destino a Perú.
Estábamos tocando fondo con las reservas de dinero, se nos hacia imperioso dejar este país tan caro para nosotros. Era una jornada muy larga hasta Arica de casi 8 horas constantes, pero quería dejar Chile enseguida, no lo aguantaba más y mi bolsillo tampoco.
A media mañana puse rumbo a Arica, devoramos los kilómetros casi que con rabia, muchas fotos y muchas paradas. Pasamos a Tocopilla e Iquique casi sin detenerme. Solo para visitar una mina y tomar algunas fotos. Cayó la noche y seguimos con el objetivo puesto en la mira, quedaba un buen tirón, me abrigue mejor para soportar el frio y continúe camino. Eran como las dos y media de la mañana cuando pare en una estación de servicio de Arica. Rendido me senté contra una pared y me quede dormido.
Los dolores de la posición y los primeros ruidos de motores me despertaron temprano. El descanso era el necesario para seguir. Pregunto por el camino a Tacna y salgo disparado hacia la frontera.
Ya había una cola importante esperando que abriera la frontera a las ocho. Entre migraciones y aduana resulto que para salir de Chile les tenía que pagar quinientos pesos en un formulario que los vendían los choferes de las Van, que llevan gente de Arica a Tacna, un curro para ellos pues no hay lugar donde comprarlo en la aduana.
Por fin cruce hacia Perú, ya la gente que esperaba en aduanas era otra. Había dejado un Chile hermoso, simpático pero poco solidario.
El slogan de los peajes es su símbolo”aquí pagan todos” y por lo tanto todos se encargan de cobrarte. Pero ese tema lo trataremos con más profundidad en los resúmenes de cada País.
Pasando la aduana puse rumbo a Tacna. Por fin estaba en una tierra amigable, aquí estaba como en casa. El mismo tipo de melón que en Uruguay me invito a comprarlo y en el calor del mediodía, lo comí con avidez saboreando su sabor. Estábamos de buen humor, por lo menos la fruta era barata, eso era bueno. Al comenzar a andar hacia Ilo empezamos a rozar el mar y nos refresco durante el horario más caliente. La briza del mar refrescaba la Cimarrona. La montaña a la derecha, el mar a la izquierda y entre medio valles verdes de plantaciones cruzados por la panamericana. Eran una combinación espectacular para la vista, pase tiempo cazando fotografías en estos lugares. Indiscutidamente Perú se presentaba más acogedor en principio. Llegando a Lio temprano busque un lugar donde alojarme. Al fin lo hice en un hostal llamado” 33”. Fue la tercera vez que la tarjeta empezó a dar problemas, pero aun me quedaba algo de efectivo. Ilo es el puerto de Moquegua. Un lugar magnifico, donde saque varias fotos interesantes. Pase un buen rato deambulando por la ciudad buscando un café con leche, no había quien lo vendiera, por lo que tuve que darle a un par de empanadas. Volví al hostal y me acosté temprano. A primera hora estaba dispuesto para la lucha, después de desayunar arranco para Mollendo y la Repartición. Salir de Ilo (ilo) es todo un drama, están arreglando la salida de la ciudad y hay que trepar la montaña en unos pocos kmts. En la salida paro en un destacamento de la policía de carreteras y observo el mapa. Si pongo rumbo a Camana no tengo que pasar por Mollendo. Esa es la decisión que encuentro más razonable, además estaba con muy poco efectivo y podría avanzar más hacia Nazca si hacia rendir lo que tenia.
El desierto y los valles de arboles, frutas y cosechas de arroz son significativas en estas partes. Aquí le han ganado mucho territorio al desierto. Me han regalado un ají rojo y granos de arroz directos de las plantas.
Seguí avanzando en forma constante, hasta que diez kmts antes de Tambillo ocurrió lo peor: me he pegado un palo de aquellos. Venía a unos setenta u ochenta metros de un camión de granos cuando de pronto se le suelta su toldo y se despliega a lo largo de toda la carretera. No he podido esquivarlo ya que venía como a ochenta por hora. Fue tal la sorpresa que me quede sin reacción, sin atinar a nada más que a pasarlo por encima, eso fue nefasto para ambos se ha quedado enredado en la rueda delantera. Como consecuencia no pude mantener el control y derrapamos por el centro de la carretera varios metros. Intente seguir prendido a la moto hasta el final, cuando se detiene mi cuerpo da un par de vueltas en el asfalto. Todo dolorido miro la moto y veo el derrame de nafta desde el tanque. Me arrastro hasta que me paro pero las fuerzas no me dan para parar la moto, me tiro en la carretera desesperado de dolor y frustración. Fue solo un segundo, me incorporo y detengo a un camión que viene en el mismo sentido, comienza a detenerse y observo como el camión que ha perdido el toldo se pierde en la lejanía.
- Ayúdame a parar la moto – les digo cuando bajan
- Que te ha pasado, estas bien
- si, ayúdame – le digo mientras agarro el manillar y tironeo
Me ayudan y logramos parar La Cimarrona, observo dos manchas en el centro de la pista mientras me siento en el piso, una de ellas más oscuras que la otra.
Pienso que es aceite, y me reincorporo buscando alguna perdida en el motor.
- Eso es aceite – señalando la pista
-No es gasolina – me dice el chofer, pasando el dedo en ella y oliendo.
-Persigue al camión – le pido
-No lo alcanzaría – me contesta
- Esto es muy lento, no lo alcanzo, pero tú sí. Persíguelo para que te pague los daños.
Estaba totalmente desesperado, saco la lona a un costado de la carretera, no podía con ella.
Hay una comisaria a diez kmts, ve y que la policía lo detenga. Con dolor observo los daños de la moto, estaba todo rayado. El cuenta kilometro estaba casi desprendido, la dirección apuntaba hacia la izquierda y la rueda delantera a la derecha. Me subo a ella y salgo detrás del camión. Llévame el toldo hasta a la comisaria les pido mientras arranco detrás del camión. Al principio desconfiado, pero a medida que avanzaba le daba más velocidad. No tenía un real alcance de los daños que llevábamos. Estaciono en la comisaria y comienzo a hablar con los oficiales que salieron. Por fin salimos detrás del camión.
La camioneta no caminaba ni para atrás, poco a poco empezamos a subir a El Pedregal. Cuando terminamos de subir nos encontramos con dos caminos; uno hacia la ciudad y otro en el que seguía la ruta.
Continuamos por ella pero adelante no iba nadie.
-Deben haber entrado a pedregal – me acotan- tal vez estén en la balanza.-
Seguimos buscando y la ciudad es un loquero de camiones y motos- taxis. La búsqueda es infructuosa, no había visto la matricula y no teníamos posibilidades de encontrarlo.
Al fin después de dar algunas vueltas deciden regresar abajo hacia Tambillo.
Estaba más tranquilo, había hecho lo posible para agarrarlo, de pronto si hubiera seguido en la moto lo alcanzaba antes del pueblo. Pero no se pudo con la porquería de vehículo que tenían. Mientras bajábamos por la montaña pensaba en los daños. Tenía diez soles solamente y el daño era importante. Estaba calmado pensando en soluciones de las posibles roturas de la Cimarrona. Entre todos los dolores que tenía había uno que me tenía loco: era una puntada en una costilla en la derecha del pecho. Trate de olvidarlo y centrarme en soluciones. Cuando llegamos a la comisaria había otra moto detenida frente a la mía. Era Simón Buckley, un australiano que venía de recorrer Asia y Europa y estaba en camino de vuelta hacia sus tierras. Había parado a ver qué había sucedido y dar una mano. Luego de conversar un rato nos despedimos como buenos amigos. Ese momento aflojo toda la tención que tenia contenida y comencé a relajarme. Cuando partió me aproxime a la Cimarrona, herida me había remolcado diez Kmts por lo que verifique los daños. La valija derecha estaba toda desencajada y se veían los efectos del derrape visiblemente, en una esquina el bitumen se lea había comido, el cuenta kilometro estaba rajado, con algunas luces testigos quemadas. El faro delantero era un desastre, casi toda la cubierta había desaparecido y el foco corto estaba quemado. La leva derecha del freno y la caja de líquido también estaban limadas por el piso, pero en funciones correctas. La patada del arranque ya no estaba. El hierro que formaba el mataperros estaba partido en dos. La horquilla estaba torcida. Se ve que el tablero había hecho corto circuito y no tenia arranque. El panorama era desalentador. Pero ambos estábamos de pie dispuestos para la batalla. Busco un lugar para dejar la moto y no encuentro. Al fin después de idas y venidas logro remolcar la moto hasta la plaza y le dejo debajo de un pórtico donde pasaríamos la noche. Intento comunicarme con Iván mi soporte en Perú, habíamos acordado comunicarme al final de cada etapa, lo pongo en antecedentes de los hechos y lo tranquilizo que estoy bien. Planeamos la llegada a Nazca, estaba cerca pero todo dependía de cómo pudiera arreglar los desperfectos. Después de tironeo logro que la policía me asegure llevar la moto en la camioneta hasta Pedregal en la mañana. Consigo agua caliente y me hago un café, mas tarde empiezo a desmontar la moto para acceder a los lugares donde podría estar la falla eléctrica.
Por fin cansado y dolorido me tiro junto a la Cimarrona, el sueño es interrumpido por los dolores de la costilla. El suelo era duro y las contusiones empezaron a enfriarse y no era muy agradable la combinación, pero al fin pude de a ratos conciliar el sueño. Estaba temprano en la comisaria par ver de trasladar la moto. Le puse las dos botellas de nafta de repuesto en la camioneta y luego de cargarla salimos a Pedregal. Allí uno de los policías era vecino de un mecánico que también vendía motos chinas. Me pareció lo mejor por lo que me dejaron en el negocio que aun no había abierto. Les agradecí el apoyo y espere que abrieran el negocio. Luciano Ríos era el dueño, le conté toda la historia, y acepto darme una mano sin condiciones. Cuando dio con la falla eléctrica empezó a rearmar la moto. En cuatro horas estaba pronta para seguir camino. Luciano trabaja en el lugar junto a su hijo Luis y su esposa Martha. En sus horas libres es israelita, una colectividad religiosa basada en lo que dice la biblia.
Al final me pego un stikers de su iglesia como protección en el camino en una de las valijas. Aquí como en Chile generalmente la gente dispuesta a ayudar en algo son de alguna secta religiosa.
Me convidaron con jugo de piña natural frio, que estaba como los dioses en el calor del mediodía.
El taller se llama San Luis el Amauta, ubicado en Pedregal, son gente muy sana y solidaria al cual debo mi agradecimiento.
Estaba pronto para seguir por lo cual inicio viaje a Camana
Camana es una ciudad de mucho movimiento comercial, con varias ferias. Tenía que echar nafta para seguir por lo cual nuevo fracaso del cajero. Encontré una estación de servicio donde podía cargar con tarjeta por lo cual le eche doce soles, la tarjeta tampoco fue reconocida, estaba con un gasto de de nafta y sin dinero para pagarlo.
Esperen un rato que ya les pago les digo – y comienzo a explicar a los choferes de cada vehículo mi situación por lo que voy juntando de a soles hasta cubrir el gasto. Sigo pidiendo un rato más y hago diez soles como para echar más adelante.
La empleada de la oficina me regala dos aguas y un par de paquetes de galletas, Se llama Patricia Choke de estación Génova 2 en Camana.
Con mas espíritu en la tardecita me pongo en camino a Nazca, llevaba la sonrisa de todos ellos y la mano que habían dado.
En la salida no aguantaba más de hambre, por lo cual paro en una posada y pido un café con leche. No tienen, solo café.
Ok, un café con dos panes como aquellos – y señalo a un hombre al costado mío.
No hay, esos panes so de el – me aclara
Bueno entonces el café.
El hombre que estaba en el mostrador se acerca con la bolsa de pan y me ofrece, tomo dos y le agradezco. Seguimos charlando de cómo había llegado hasta allí. Hasta me han regalado una caja de fósforos.
Una prueba más de lo solidarios que son los peruanos.
Trato de avanzar lo más que puedo, cruzo por Ocaña, el Desaire hasta llegar a Ático. Aparco la moto y hablo con el personal de la estación de servicio. Edgar Gutiérrez y Miguel Odriozola me escuchan y luego de un rato de charla empiezo a hablar con la gente que viene a cargar.
En tres personas hago veinte tres soles. Una de ellas, luego me entero era un párroco, me entrego veinte soles de una. Yo estaba loco de la vida, esto me alcanzaba para llegar a Nazca donde me reuniría con Iván. Perú a esta altura me era un paraíso.
Consigo un lugar dentro de la estación y coloco la moto en la parte donde lubrican, saco el sobre y me acuesto junto a la moto. Dormir en las estaciones de servicios o cerca de la carretera implica que cada vez que viene un camión grande te despiertes por el ruido. Pero son a veces más seguros que internarse en las ciudades. Antes del amanecer estoy en pie, me preparo un café y compro un trozo de torta Chiffon. (es una torta de unos 30 cts de diámetro por 20 cts de altura, te cortan un trozo abundante, no tiene mucha azúcar) y desayuno.
Guardo todo, me despido y arrancamos rumbo a Nazca con todo el power. Había llenado el tanque, comprado cigarros y me quedaban como trece soles. El punto acordado era reunirnos con Iván en la plaza de armas. Pase por Tanaca y sus valles de arroz y por Yauca y sus olivos. Estos bosques de olivos son tan antiguos que debajo de ellos no llega el sol y son usados como resguardos de manadas de vacas. Estuve un rato descansando del sol debajo de ellos, estaban cargados de aceitunas.
Doy unas vueltas al llegar a Nazca y me radico en la plazoleta en espera de Iván, no puedo llamarlo, tengo el dinero justo para alojarnos esa noche en un hostal, por lo que solo resta esperar. Iván no aparece por lo que voy al hostal y me acuesto a dormir. La cama era dura por lo que me costaba adecuar el cuerpo cómodamente y la costilla se hacía sentir. Desde el accidente las molestias han sido continuas con la costilla. Ya anteriormente me había fisurado un par y había tenido el mismo dolor por días, lo que me hacía pensar que estaba fisurado.
Estábamos bastante maltrechos junto con la moto. Todavía no entendía como me había golpeado ahí o con que. Como siempre en mis muchas veces que he estado herido pongo todo para minimizar el dolor y restarle importancia, tratando de no ceder.
En la mañana cuando arreglaba la valija encontré diez soles entre un mapa que alguna vez estuvo en los bolsillos. Salí disparado. Había pagado trece soles sin desayuno y con el eran quince. Llegue al comedor y le digo a la encargada del hostal:
Voy a desayunar, cobréese los dos soles
Siéntese, me los paga abajo
Y me castigue con jugo y café con leche, luego Salí a llamar a Iván para coordinar su llegada, por la tarde nos estaríamos reuniendo.
Durante la mañana estuve viendo el carnaval de Nazca, una fiesta alegre y colorida que dura hasta mañana.
En la tarde me he reunido con mi amigo peruano, cansado luego de siete horas de camino, hace que pernoctemos una noche más en Nazca. Con su llegada tengo mi primer almuerzo fuerte en varios días, nos tomamos unas cusqueñas (cervezas locales) y le entramos a un plato de carne, bananas, arroz y papas. Estaba con un amigo y eso me fortalecía. Cuando le contaba de las peripecias este solamente se reía de todo. Estábamos de buen humor y hacia diez mil kilómetros que no veía un amigo tan apreciado. La llegada de Iván fue recobrar energías y la sonrisa, de a poco recupere fuerzas y estuve pronto para hacerme al camino. Mi amigo venia con toda la polenta, quería enseñarme lo mejor de Perú y escoltarme a Lima. Yo estaba dispuesto a seguirlo hasta donde fuera, no estaba al 100% pero su empeño y buen humor me contagiaban.
Al otro día nos dispusimos a seguir sus planes, primero las ruinas de Cahuachi, luego las líneas de Nazca, para terminar en Paracas.
Seguir la Toyota de Iván nos daba espacio para disfrutar del camino,
Tener un compañero de viaje de esta talla hace los caminos más simples, previendo todos los peligros y cuidado solo restaba paladear los momentos. En Paracas nos hospedamos en un hotel y en la noche degustamos el seviche y otras preparaciones, todo de corte espectacular.
Ya me tenía preparado un tour a las islas al día siguiente y entrada en la reserva de Paracas, por lo cual nos fuimos a descansar temprano.
Salí temprano a cazar el amanecer, cuando volví ya casi tenía que salir hacia las islas. Este lugar es una de las reservas marítimas más grandes del mundo, un lugar increíble. Después del mediodía salimos al desierto de la reserva, allí estuvimos esnorkeando en lugares paradisiacos. Las imágenes que hemos logrado en este tramo han sido magnificas, debe ser la etapa donde aparezco mas yo que la Cimarrona, la ventaja de tener fotógrafo. Llegamos muertos al hotel, luego de un baño salimos a cenar, probé el chita con salsa de mariscos, era la frutilla de la torta, un pez de roca frito con salsa de mariscos y arroz. La conjunción de estos sabores hacen del plato una exquisitez.
Vuelta al hotel descansamos hasta el otro día, preparando la llegada a Lima. Salimos temprano rumbo a Lima, el viaje fue un trámite de ciento cincuenta kilómetros. Parábamos cada tanto para las fotografías, ya en la seguridad de la casa de Iván, los dolores fueron desapareciendo. La costilla se recupera favorablemente, esta estadía ha servido para reestructurar el viaje y planear la llegada a Colombia.
Junto a Malena, Marcos y Tatiana hemos compartido paseos y momentos inolvidables por Lima, por lo cual además de reponernos hemos paseado y probado todo tipo de comidas locales, disfrutando al máximo esta estadia
Los kilómetros hechos y el aporte de ideas de Iván me han llevado a considerar estrategias nuevas y estar más preparado para lo que viene.
Gracias a Motul Uruguay en la persona de Washington me he contactado con la gente de Socopur, que son los representantes en Lima de Motul, KTM, Lyfan, Duro y otros. Esta empresa dirigida por Guillermo Peralta y Carlos Peralta se ha portado de maravillas con nosotros.
La cimarrona ha sido mimada por todo el equipo técnico de Socopur dirigido por Mario, quien solo ha tenido gentilezas hacia mi persona y la moto, dejándola lista para su viaje hacia el norte.
Mas que un servicio fue tratar con un grupo humano excelente que denota el trabajo de equipo aceitado, afables, sinceros, con personas amables que denotan confianza en lo que hacen. El eterno agradecimiento de ambos a todo lo hecho por estos amigos y augurarles los mejores éxitos en todo lo que emprendan.
Hoy estamos en la previa de un concierto que ha organizado Iván para recabar fondos para El viaje de los sueños.
La seguimos en otra entrega de reseña
Un Abraso
Ernesto Urrestarasu.



marzo 9th, 2010 at 20:24
Hola Ernesto,
Hoy pude encontrar tu pagina, y saber que había sido de ti después de conocernos en Esquel. Por nuestra parte, llegamos a nuestro destino (Ushuaia) con algunos problemas menores, pero todos resueltos.
Ya estamos de vuelta en casa, después de de casi 7.000 kilometros, fue toda una experiencia, y ahora preparamos el viaje a Alaska… seguiremos tus pasos.
Eso si, esperaremos un poco, ya que hace un poco mas de una semana, nuestro pueblo fue golpeado por la naturaleza, y he decidido dedicarme por un tiempo a ayudar en la reconstrucción de nuestro país.
Un abrazo fraterno,
R.