Séptima Reseña de Viaje de los Sueños
Del 19 de Marzo al 6 de Abril del 2010
Luego de dejar Motavalo atrás, un pueblo con tradición india, donde todos los hombres y mujeres andan ataviados con sus trajes típicos, me dedico a tragar kilómetros hacia la frontera. Tenía la expectativa de llegar a Pasto, pero había salido muy tarde y aunque llevara un buen ritmo, estaba difícil. El camino seguía lleno de curvas y trepadas lo que bajaba el promedio. No podía levantar más de sesenta kilómetros por hora. Pero igualmente los paisajes, llenos de precipicios, le daban un sabor especial al camino. Después me enteraría que estaba subiendo a tres mil doscientos metros. A unos treinta kilómetros de la frontera me superan dos motos como bólidos, tocan bocina, los saludo y más adelante se detienen.
Cual seria la sorpresa de encontrar a dos peruanos que había conocido en Socopur Lima mientras hacia el mantenimiento de la maquina auspiciada por Motul.
Arturo y “el Peluca” habían salido desde su tierra natal: Cajamarca,
Con destino Colombiano. La alegría de encontrarnos fue inmensa, luego de un rato de charla y ponernos al día de cómo había sido nuestra ruta hasta allí, decidimos seguir juntos hasta la frontera.
Siempre es reconfortante tener alguien conocido o amigo en el camino y ver la KTM 990 cc del “Peluca” y La Honda 650 de Arturo delante de mí, era lo más. Trataba de seguir el ritmo de ellos y ellos el mío, con lo cual pronto estuvimos en la frontera cerca de la tardecita. Hacer el papeleo nos llevo bastante tiempo ya que erarnos tres maquinas y nos turnábamos para cuidar las motos, pues son zonas bastantes caóticas y siempre hay algún vivo a la pesca de un descuidado. Al fin entrada la noche seguimos hasta Ipiales donde decidimos pernoctar, ya que el ejército nos sugirió que no viajáramos de noche. El ejército en ruta seria una constante el resto del viaje, ya que estarían siempre apostados a lo largo de toda ella. Desembarcamos en medio de la plaza principal, allí ubicamos un hotelucho y nos dispusimos a pasar la noche.
Arturo estaba tan contento con mi presencia que bromeaba de seguirme hasta México. Fueron los primeros indicios de Arturo de continuar viaje juntos hacia el norte. También insistió en comer CUIS, a lo cual acompañamos con “el Peluca”. El cuis asado es una especie de apereá que es muy apreciado por estas zonas. A mi no me pareció tan preciada comida, estaba salado solo superficialmente y el interior estaba insulso. Durante la charla de la cena Arturo planteo al “Peluca” de continuar viaje juntos abandonarlo a el. En el hall del hotel lo seguían discutiendo mientras me iba a dormir. Al otro día encontré al “Peluca” lavando su moto abajo, nos reunimos y desayunamos juntos. Allí ya Arturo había decidido seguir el camino juntos, no sabía hasta donde pero se lo veía entusiasmado. Hicimos planes de marchar hasta Cali de un tirón y con ese plan partimos. Viajamos un buen rato juntos parando para algunas fotografías, hasta que decidimos almorzar en un parador. Termine el almuerzo y arranque adelante, al rato paso el peluca y se perdió adelante. Encuentro un buen paisaje y me detengo, Arturo se acopla enseguida.
- Que paso con el pelucón –le inquiero
- Me pregunto si seguía contigo, y como le dije que si ,salió como enojado, casi se da contra una combi y se perdió
- Es jodido para el, sale contigo y lo abandonas
- Pero el sigue por dos días y pega la vuelta y yo tengo todo el tiempo del mundo.
- Pero igual es difícil – concluyo
Seguimos todo el caminando juntos, Arturo se mantenía atrás de mí. Pasamos Pasto y le dimos duro hasta la media tarde, cuando paramos debajo de la sombra de un árbol.
Mientras fumábamos un cigarro Arturo se mostraba entusiasmado de seguir viaje juntos, ya que podía ir hasta la frontera estadounidense y luego venirse en avión.
Esa conversación queda trunca cuando pasa la KTM y se detiene unos metros mas adelante.
El Peluca había entrado en Pasto, la había recorrido y comprado un mapa de Colombia que enseguida comenzamos a ver.
Discutimos de las posibilidades de ruta varios minutos. Al fin los deje solos y arranque adelante, si aun había algo que discutir, ese era el momento. Al rato me alcanzaron y seguimos varios kilómetros juntos. Al fin la Ktm se me perdió. Arturo continuaba atrás mío por varios kilómetros. La Cimarrona daba síntomas de cansancio, empezaba a sentir ruidos extraños y no podía definir r de donde venían, por lo que empecé a bajar el ritmo. En una instancia le digo a Arturo que se valla adelante.
- Estas seguro? – Pregunta
- Si- contesto
Y comienza a alejarse… hasta ahora no se que entendió, pero nunca mas volví a verlo.
Unos kilómetros más adelante me quedo sin transmisión: por segunda ves los tornillos que sujetaban la catalina se habían partido.
Espere un tiempo con la esperanza de que Arturo viera mi demora, era media tarde y después de sopesar las soluciones, arrastre la moto hacia una finca al costado del camino y pedí permiso para dejar la moto mientras conseguía los repuestos.
Baje la portera y metí la moto dentro, ya en la carretera empecé a hacer dedo rumbo a Bordo, un pueblo a veinte minutos.
Al fin me levanto una combi que aquí hace el papel de taxi, le pido si me arrima y accede. Al llegar a Bordo nos detiene el ejército en una requisa. Aquí todo el camino esta vigilado por el ejército y en cada puente y pueblo tienen además un destacamento. Luego de ser cacheado y ver que esto seguía por más me despedí y camine hacia el pueblo. Allí logre encontrar los tornillos de repuesto y de nuevo camine hasta donde estaba el destacamento. Ellos seguían haciendo requisas y les conté la situación, para ver si paraban algún vehículo que me arrimara hacia la finca. Al fin un ómnibus de esos pequeños que andan como bólidos entre las sierras me levanto.
Llegue casi atardeciendo por lo que me puse enseguida a trabajar antes que se viniera la noche. El lugar era La Florida Patía y los dueños eran Carlos Valencia y Flor, quienes muy amablemente me distraían con preguntas continuas del viaje. Carlos alumbraba con su celular el armado de las últimas piezas ya que la noche había entrado. Por fin pude hacerme a la ruta después de despedirme de este matrimonio amable. A Cali ya no llegaba por lo que opte en llegar a Popayán, en la noche camino era peligroso, lleno de curvas y bajadas, por lo que me lo tome tranquilo. Pensaba que Arturo de pronto me esperaba allí. Llegue a Popayán cerca de las once de la noche, recorrí la ciudad buscando la honda, pero no di con ella. Conseguí un hotelucho y me acosté cansado después de haber dejado a la Cimarrona en un parquin. Con el amanecer estaba de pie rumbo a Cali, pensaba aun alcanzar a Arturo.
A Cali la pase de costado, en un peaje me dijeron que había pasado una moto con valijas como las mías, pero blancas. Lo que me incentivo a seguir de largo hacia Pereira. Habíamos conversado de hacer parada en esta ciudad, donde según Arturo estaban las mejores mujeres de Colombia. Seguro que su destino era ese continuamos avanzando, estaba en el llano y el calor nos había alcanzado. Estaba en zona de caña de azúcar, donde se usaban unos camiones enormes con cinco zorras de arrastro, llamados tren cañero. Montado en la cimarrona no alcanzaba la altura de cada rueda del tren.
Al fin después de una jornada donde nos habíamos devorado unos cuantos kilómetros llegamos a Pereira.
Arturo no se había equivocado, estaba lleno de mujeres, lo que le falto era que toda la ciudad era un prostíbulo ambulante, todo tipo de mujeres de todo tipo de precio.
Cansado del viaje, recorrí por si daba con la honda infructuosamente. Por lo que conseguí un hotel, me pegue un baño y me acosté temprano, con la ilusión de que estaban en Pereira y si estaba temprano en le ruta, podría verlos.
En la mañana arrancamos temprano, fue un sacrificio salir de allí, tenía que volver a subir desde el pozo que estaba la ciudad. A los diez kilómetros tenia claro que la continuación de la ruta iba a ser solo. No es lo mismo andar con alguien, eso te da cierta seguridad, y por lo menos cuando paras tienes con quien comentar las alternativas del camino. Lastima por mí, pero creo que para la buena amistad del Peluca y Arturo fue lo mejor. Me puse como objetivo Medellín y hacia allá continúe, dándole duro. Apenas pasado el mediodía estaba circulando por las vías rápidas de Medellín. El calor y el caos del transito hacen que la observe solo de costado. Son tan estresantes esos momentos que he decidido esquivar las grandes concentraciones, la moto sufre demasiado en estas instancias, por lo cual intento esquivarlas.
Luego de casi media hora de autopista, empiezo a salir de la ciudad. En ese momento comienzo a sentir ruido en la rueda trasera. Me bajo y examino la rueda. El seguro de la catalina se había comido parte de la masa de la rueda. Se ve que en la reparación a oscuras no había quedado bien colocada.
Busco un taller cercano y encuentro a uno que trabajaba en la calle, debajo de un árbol, al costado de la autopista. El lugar: Villa Nueva, el mecánico Beto Herrera, trabajaba en la calle por temas de impuestos. Le muestro y decidimos poner otro seguro para eliminar el juego de la catalina. Me pongo a desarmar y reparar la situación. El ayudante de Beto sale en bicicleta a conseguir otro seguro mientras desarmo. En la espera hago amistad con Jaime Gómez y Carlos Mario Castro quien invita a tomar una cerveza, que fueron mas de dos. Luego de reparar Jaime me invita a almorzar, su madre me prepara un frugal almuerzo. Luego de charlas y bromas me despido y Carlos me acompaña para dejarme en buen rumbo hacia Cartagena. Continuamos el camino en buen ritmo, saliendo del llano y comenzando a subir de nuevo. Los caminos entre la montaña son por demás hermosos. La tardecita me encuentra en las cercanías de Don Matías, allí me aproximo a una finca donde luego de las presentaciones les pido para acampar al costado de la casa. La Cimarrona pasa a dormir en el patio seguro de la casa, bajo la condición de sacarla a las cuatro y media de la mañana.
Acepto y entro la moto al patio, luego me pongo a armar el campamento, mientras lo hago, charlo con Leonardo Pérez y su hija
Sara. Luego se suma su pareja Miriam Muños con una taza de café colombiano en la mano. Alambrado por medio me lo alcanza y acepto y continuamos hablando de todo lo relacionado al campo y al viaje.
Cuando termino de armar la carpa empieza a llover, por lo que me refugio debajo del alero de la casa donde continuamos la charla por un par de horas mas. En algún momento me acercan una taza de arroz con leche, mientras la comía pensaba en lo que le gustaba el arroz con leche a Raquel, mi esposa. Fue un buen momento el que pase con esta familia tan amable. Dormir fue un suplicio, me entro agua en la carpa y se me mojo el sobre. Por momentos parecía que estaba inundado y los motores de los camiones los tenía en la oreja. Por suerte a las cuatro y media Leonardo me despertó para sacar la moto y ya aproveché para juntar las cosas y me hice al camino. Fue un día tranquilo, bajo el sol. Transcurrieron las horas e iba dejando lugares atrás, ese día no me daba para llegar a Cartagena pero estaba como a tres horas. Desde el Perú, había dejado de medir en kilómetros pasando a horas. A veces me pasaba que avanzaba cincuenta kilómetros en dos horas, debido a las dificultades del camino. Eso hace evaluar las distancias de otra forma. También el viento juega su papel en las distancias, con viento cruzado fuerte un tanque lleno se convierte en la mitad.
Entonces un tanque lleno de gasolina da para tantas horas, esa era la justa medida.
A media tarde estaba descansando debajo de un árbol, cuando se aproximan una pareja y un joven hacia mi.
- Uruguayo que haces, tengo amigos uruguayos…llevas marihuana en esas valijas..?
- Nada…no llevo nada…
- Ni alcohol?….
- Nada…que tomaste. Estoy viajando…si llevo alguna porquería pongo en riesgo mi viaje…y no vale la pena ensuciarse.
- Solo te daba la vaina!!!!! hombre..! vamos a tomar una cerveza?
- No tengo plata para cervezas… pero si invitas…voy.
- Dale adelántate hasta un quiosco y espérame ahí…que ya voy.
Subí a la moto y en cinco minutos llegue a Laye, un pueblito pequeño y tranquilo y me detengo en el quiosco. Un rancho de madera con un mostrador y un par de freeser. Algunas sillas y un par de parroquianos bebiendo cerveza.
Al rato llega el hombre que me había invitado: Oscar Monsalvez con su pareja, Patricia Herrera junto con quien resultaría un mecánico de motos Freddy López. Tomamos una y otra, cuando comenzó a llegar gente. La cimarrona tiene la particularidad de llamar la atención de la gente que por curiosidad empieza a arrimarse.
Así se agregan a la vuelta, Alfredo Enamorado, carpintero y lustrador de muebles. Osmer Bautista, ebanista y los que estaban
Celso Burgos y Marleys Burgos. Era el cumpleaños del ebanista por lo cual empezaron a mandar cervezas heladas, que acompañadas por vallenatos viejos y la alegría de los costeños fueron unas cuantas. Al fin hasta me mostraron como se bailaba el vallenato. Saque fotos a todos y como ya estaba cayendo la noche acordamos con Oscar armar la carpa en su casa. Pero este se iba a trabajar temprano, como a las cuatro de la mañana, así que a esa hora ya tendría que haber sacado todas las cosas. Tres y media eran cuando sentí el grito “uruguayo”. Ya estoy grite desde la carpa y me dispuse a juntar la carpa raudo. Saque la moto y amontone todo sobre ella, Oscar salió tranco el candado, se despidió y salió en busca de su camión. Termine de guardar todo y me hice al camino con rumbo a Cartagena.la mañana fue tranquila y descansaba cada tanto, era mucho el calor y no quería recalentar a Cimarrona. Buscábamos cada cuarenta minutos un árbol donde guarecernos del sol, había treinta y pico de grados en carretera, más cerca de cuarenta que de treinta. Dejo atrás a Sincelejo, Carmen de Bolívar y Arjona para dirigirme directamente a Cartagena. Donde entramos como a las dos de la tarde, entre el calor y el transito comienzo a sentir ruidos de vuelta en el mismo lugar. Cansado del tramo, descansamos un buen rato enfrente al fuerte de San Felipe de Barajas, una construcción imponente y recia que ha perdurado desde la colonia, como todo el resto de la muralla que encierra la parte vieja.
Después de un par de horas de enfriarnos salgo en busca de un taller. Por fin doy con Harold Julio y sus Motos Kike en la calle esperanza. Allí junto con Nelson Reynes y John Julio desarmamos de vuelta la catalina.los tornillos se habían comido con el metal de los sujetadores de goma. Compro un juego de tornillos y sujetadores y ponemos todo el conjunto nuevo, además para eliminar el juego de los seguros le agregamos un suplemento por detrás. No quedo mas remedio que convencerme de que había hecho lo mejor, espero no tener mas problemas. Como era tarde cuando terminamos deje el cambio de aceite y la regulación de válvulas para el otro día. Al día siguiente estoy temprano y desarmo la tapa donde va el embrague para ver su estado, hay una cadena pequeña que tiene algo de juego, pero Harold dice que esta bien. No quede muy convencido de esto, pero volví a armar todo como estaba .En la apretada se reventó un tornillo de la tapa, como había siliconado toda la junta lo deje pasar, esperando que no me ocasionara problemas en el futuro.
Al mediodía estaba lista y pronta para la ruta. Solo faltaba una buena limpieza.
La noche anterior me había alojado en el Hostal San Blas, dentro de la ciudad amurallada. Allí volví, me quedaba dinero para una noche más. Esa noche empecé a charlar con el dueño Belisario ( Beli) Villegas Truco donde empezamos a hacer amistad. Cuando le comento que estaba sin dinero, me dice que el colabora con dos noches. Eso solucionaba el tema del hospedaje por un par de noches más. La tarjeta hasta el día de hoy rechaza mis retiros. Luego conozco a Juan, un peruano que tiene un lugar donde dan comidas y desayunos. Juan que hace unos meses andaba igual que yo me ofrece desayuno y almuerzo gratis.
Eso solucionaba mi sobrevivencia por unos días, en eso comienza la semana Santa y queda todo paralizado. Hubo momentos que sentía ganas de vender la moto y pegar la vuelta. Pero siempre venían aquellas palabras de Willi” el verdadero viaje empieza cuando se termina el dinero”. Sin dinero, iba todos los días al embarcadero en busca de un velero que me cruzara a Panamá. Estaba decidido a seguir al norte, había mucha gente que me alentaba a seguir. Los problemas con el Plástico seguían y lejos de minar mis fuerzas, me hacía más fuerte. Me estaba revolviendo sin dinero usando todas las habilidades. Ayudaba en el hostal cuando se necesitaba y ayudaba a Juan cuando este me pedía.
La mano que ha dado Belisario a sido muy importante, el junto a su novia Claudia Posadas regentean este hostal donde te dan todos los servicios. Los días pasan y empiezo a desesperarme, no soluciono el tema económico. Me contacto con Willi y le pido una mano, inmediatamente se pone en contacto con Héctor y con la gente de su grupo comienza ha enviar apoyo monetario. Ellos saben lo que es estar en el camino, e inmediatamente comienzan a mover los hilos. También responde la empresa donde trabajo, Gerardo y el Tano mandan recursos frescos. Entre el grupo de Willi aparece Pedro Volpe quien sin conocerme colabora conmigo.
Quiero agradecer tan desinteresado apoyo y el de tantos otros amigos y no amigos, Motul, Couch surfers y tantos más que hacen mi sueño realidad. El aliento, la solidaridad, te da la confianza necesaria para seguir a pesar de las distancias. Hemos recorrido casi 16000 kilómetros junto a la Cimarrona, con recursos limitados, ahora vamos por el todo o nada. En unos días estaré en Panamá cruzando Centroamérica,
Merito de gente que ha confiado en mi sueño y colabora para que lo realice.
El viaje no es mío ya, es de todos. Y a todos los que de una manera u otra se identifican y colaboran con esto les decimos: gracias!!!
Estamos en ruta y seguimos adelante, a la vuelta nos comeremos un buen y extrañado asado y nos reiremos de estos momentos.
Un abraso a todos
Ernesto.



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