Del 24 de junio al 4 de agosto de 2010

Del 24 de junio al 4 de agosto de 2010

Los días que se sucedieron en Acapulco, fueron marcados por

momentos buenos y malos. Siempre o casi siempre, a un buen

momento sucedía una mala noticia o viceversa. Esa fue la constante

de esos días.

El día que me robaron la cámara conocí a Martín Tanzarelli y por

consiguiente a su esposa Claudia (Hoy padres de Camila Cloe). Un

matrimonio Argentino – uruguayo que me dieron una gran mano en

esta ciudad. El día que recibo noticias de fondos frescos desde Perú,

mi esposa me avisa que la suegra se había caído y su salud no era

la mejor.

Fueron días de emociones fuertes. El mundial de futbol implicaba

la mayoría de los días, siguiendo desde aquí a nuestra selección.

Como siempre sufriendo hasta el ultimo minuto.

De pronto como uruguayo esa es nuestra forma de vivir las cosas.

Muchos de los días fueron espectaculares, el entorno donde me

alojaba, en la mitad de un cerro, desde el cual observaba todo a la

bahía a mis pies, con grandes charlas con Martín y Claudia donde

recordábamos nuestras tierras, en atardeceres magníficos y noches

de cenas típicas, donde discutíamos de Maradona y nunca nos

poníamos de acuerdo, de pescas y de familias en la lejanía.

La familia suya estaba en Los Ángeles, California, por lo cual

siempre hablamos de planes y posibilidades al llegar hasta allí.

La confianza que desarrollamos juntos me hacia pensar esperanzado

en la entrada en USA, y que podría resolver el tema de recursos para

el resto del viaje.

Una nueva noticia me daba energías nuevas: la posibilidad de

encontrarme con mi hijo, Sebastian en Vallarta.

Eso daba la necesaria fuerza para seguir camino.

Solucione el tema de la cubierta trasera que estaba desgastada

después de 20.042 klmts y logre arreglar la rueda donde siempre me

daba problemas. El herrero donde trabajaba Martín, logro hacer una

buena soldadura de aluminio y por lo pronto habíamos dado en la

solución para la trasmisión trasera.

Durante los días sucesivos surgió por intermedio de Oscar Ayala, de

El Mundo en Dos Ruedas, un contacto en la ciudad de Morelia.

De pronto allí podía encontrar la cubierta delantera que también se

veía maltrecha. La Cimarrona estaba preparada para seguir camino,

como siempre gracias a los amigos y en este caso a Iván Ayala, ese

peruano que junto a su familia son todo corazón.

Los últimos días fueron momentos de planear rutas y contactos para

adelante. Martín se mostraba preocupado por la frontera que había

elegido para cruzar a USA, le parecía Tijuana demasiada peligrosa.

Por lo pronto mi preocupación era llegar a Motul de Morelia y al

contacto de Oscar, para luego continuar hasta Guadalajara y llegar a

Vallarta para reencontrarme con Sebastian.

De a poco las cosas se clarificaban y podía disfrutar de mejores

momentos con quienes me alojaban: días de playa, de pesca y de

embarcarnos en la búsqueda del pez vela, el cual nunca pudimos

obtener. Lo único eran buenos ejemplares de pez sapo lo que

obteníamos. Cuando terminan las semifinales del mundial de futbol

decidí continuar rumbo a Morelia. La despedida de Martín y Claudia

fue cargada por la emoción de los días compartidos, y en la mañana

salimos a la ruta.

La ruta hacia Morelia tuve que hacerla entre la carretera libre y la

ruta de peajes, tratando siempre de esquivarlos. Como había sido la

constante no pague ningún peaje. Un camionero me había dicho el

secreto y hasta ahora me daba resultado.

Hicimos varios kilómetros cuando llegue en la noche a la Pemex de

Nueva Italia. Allí conocí a Julio Villanueva quien me recomendó que

no siguiera y que descansara allí, era un lugar seguro a las afuera de

la ciudad. Mas tarde estaba como si nos conociéramos toda la vida

con el personal: José García, Sergio y Jorge Ramírez.

Fue una noche intranquila donde me despertaba con cualquier ruido,

la experiencia del robo en Acapulco, había dejado su huella. Ahora

seria como la liebre, dormía con un ojo abierto y las orejas paradas.

En la mañana continúe camino hacia Morelia donde arribe como a

las tres horas. Recién comenzaba su día de labor la ciudad, ubique

al representante de Motul y me presente ante su gerente.

Aquí Motul estaba dedicado al segmento de lubricantes de autos,

igualmente me dieron una camiseta, refrescos y vituallas para el

camino. Desde el local me comunico con Luis García Chacon, el

amigo de Oscar. De inmediato me fue a buscar a un lugar que

coordinamos. Cuando llegue hasta allí, Luis había llegado con una

honda shadow. Después de las formalidades me llevo hasta su casa,

en un parque privado. La casa era deslumbrante, estilo colonial con

segmentos modernos.

-Esta es tu casa –me dijo

Y así fue como comenzó mi estadía en Morelia.

Luis era abogado, vivía en la casa con Fara su hija, una joven muy

delicada y dulce.

Luis era un fanático de las motos, ya había estado en Alaska y en

setiembre acompañaba a Oscar en el periplo hacia Ushuaia.

Su viaje a Alaska le había traído bastantes problemas conyugales,

pero ya los habían superado. Ahora vivía en bastante armonía con

su esposa y familiares.

Allí me quedaron grabadas imágenes del parque de sequoias en

USA, por lo cual se hacia una parada ineludible.

Luis era un excelente anfitrión, como toda la gente que lo rodeaba,

tenia un aura de buena persona y hacia todo lo posible para que mi

estadía fuera la mejor. El sábado fuimos a comer y ver el partido

Uruguay – Alemania con su esposa Mela y su suegro, Miguel Bernal.

Ya con su buena cantidad de años a cuesta, Miguel era un personaje

que engalanaba la cultura de Morelia y también de México.

Su padre había sido un músico afamado, fundador del conservatorio

de música que llevaba su nombre, afincado en la ciudad.

En honor a el, Miguel organizaba un movimiento musical anual

donde llegaban músicos de todas partes, desde sinfónicos hasta

jazz.

Era uno de los acontecimientos anuales de la ciudad y Miguel vivía

para hacer eso.

En la nochecita fuimos a conocer el casco antiguo de Morelia, la

ciudad de las mil iglesias y patrimonio de la humanidad. Se veía

un trabajo muy grande en la conservación de edificios y que la

alcaldía realmente trabajaba para su comunidad, reducto cultural de

todo México. Allí se respiraba el arte en sus calles. Fue una tarde

hermosa, esperando la iluminación de la iglesia principal a cargo de

la alcaldía, desde una cafetería donde nos rodeaba toda la vida de la

ciudad, con gente tan heterogénea.

Luis me mostró todo lo que le fue posible, con su grandeza organizo

una reunión familiar en su casa para ver la final de la copa del

Mundo.

Esa ocasión sirvió para conocer todo el resto de su familia. Había

acordado partir el lunes temprano rumbo a Guadalajara, en la

búsqueda de la cubierta delantera que en Morelia tampoco había.

En la mañana estaba partiendo hacia allí levando el calor solidario

de un amigo en el camino, esperaba encontrarme con Luis al regreso

en Uruguay y poder devolver tal ejemplo de hospitalidad.

Ya en Guadalajara me aboque a encontrar la cubierta delantera,

después de muchas vueltas di con ella.

Con la cubierta a cuesta desembarque en la Gomería Alemán

Llantas donde Carlos y Sergio me armaron la rueda gratuitamente.

Estos dos mexicanos no podían creer de donde había venido.

Luego de un rato de charla y bromas salí a buscar un alojamiento.

Ahora la Cimarrona estaba casi completa, lo que me aseguraba

el andar en carretera un poco mas tranquilo, sin estar pensando

cuando iban a reventar las cubiertas.

El cuerpo de Bomberos me negó el alojamiento por lo cual seguí

adelante buscando una estación de servicio donde dormir.

Al fin en las afueras conseguí una que me permitieron dormir.

La desventaja de dormir en las estaciones de servicio es que a las

seis tenes que estar en pie, pues entra otro turno y no te conocen y

además los ruidos de los camiones te despiertan constantemente.

Así que temprano estaba de nuevo en pie de batalla y luego de

desayunar estábamos prontos con La Cimarrona a emprender

camino. Anduve muchísimo camino, tenía la meta de llegar a

Vallarta lo más pronto posible. De esa manera el martes estaba allí.

Sebastián llegaba el jueves, por lo cual tenia un día y pico para

buscar algo donde alojarme y algo para hacer. Lo de hacer quedo

en nada, Vallarta estaba en mala temporada y vivían del turismo

esencialmente. Por lo cual estaban todos los comercios muertos.

Conseguí un hotelucho de mala muerte y me aloje con la moto. Me

dedique a conocer la ciudad y esperar que mi hijo llegara.

El jueves de mañana estaba presenciando el atraque del Mariner

of Sea. Espere que bajara Sebastián, pero pasaba el tiempo y no

aparecía. Impedido por las autoridades portuarias de ir hasta el barco

para contactarlo, logre que alguien fuera con un papel, donde anote

su nombre completo, hasta el barco. Allí lograron encontrarlo y al

rato con su pinta de latin lover apareció en el portón, donde esperaba

impaciente. Nos confundimos en un gran abraso. La alegría de

ambos era inmensa. Lo había dejado en casa junto a Raquel y su

hermana y ahora estaba ahí. Nos sentamos a charlar de ambas

aventuras un buen rato, hasta que decidimos buscar un lugar donde

comer. Como ya conocía la parte céntrica nos trasladamos hasta

allí y luego de un paseo donde nos íbamos poniendo al día de toda

nuestra vida, encontramos un lugar con wify, donde nos sentamos a

almorzar.

Fue una casualidad que en casa encontráramos a Alexa y

pudiéramos comunicarnos con ella. Fue uno de los momentos

mágicos del viaje. Mientras almorzábamos entre bromas y diretes en

la lapto estaba Ale compartiendo con nosotros todo ese momento,

como si estuviera allí. Para ella como para nosotros fue emocionante

y totalmente disfrutable el momento.

Al fin del almuerzo pasamos a ver La Cimarrona por el hotel y

acompañe a Seba de nuevo hasta el barco.

Permanecimos un buen rato hablando de planes y otras yerbas,

hasta que se despidió para regresar a su trabajo. En la empresa eran

muy exigentes y Seba no quería arriesgar su puesto. De nuevo otro

abraso apretado y lo mire alejarse hacia el Crucero, hasta que se

perdió en el camino. Me fui para el hotel con el corazón contento y

orgulloso del hijo que tenia. Lo habia visto bien y con la cabeza clara.

Luego de un rato en el hotel comencé a preparar las cosas para

seguir a la frontera con USA. Los Ángeles eran la próxima meta.

Deje todo listo para salir en la mañana.

Al otro día, luego de la aventura de esquivar peajes y a algunos

llorarles para que me dejaran pasar llegue en la tardecita a Culiacán.

La pase de largo y en las afueras me arrime a la PEMEX La báscula,

donde conocí a Héctor Carillo, quien era vigilante del lugar. Se sentó

cerca de la moto y la vigilo durante toda la noche. Mientras me subía

al techo y armaba mi cama sobre el. Fue una noche tranquila, donde

me encontraba seguro desde la altura, con una luna espectacular, de

tinte rojizo, que me cobijo hasta la mañana.

Fue la primera vez que dormía de un tirón en una estación, había

podido relajarme completamente y la brisa que soplaba me ayudo a

descansar. En el cambio de turno y luego de despedirme de Héctor

me dedique a hacer el desayuno. Un café con leche y un trozo de

pan eran suficientes para continuar camino. Puse rumbo a Guaimas

buscando acortar camino hacia Ensenada, en la Baja California

Norte. Quería conocer La Bufadora y su entorno. El desierto me

empezó a alcanzar de manera paulatina. La aventura de los peajes

me habia llevado a andar por entre los canales de riego, con tal de

no pagarlos. El costo superaba ampliamente el gasto de gasolina

diario. Al caer la tarde llegaba a Guaimas, enclavado en un paisaje

hermoso, desde su puerto se llegaba hasta Santa Rosalía en la Baja

California, por intermedio de un Ferry.

600 pesos por mi, y 1300 pesos por la moto dictaminaron que

siguiera viaje, rodeando el golfo hacia Ensenada. Le dimos duro en

la noche cruzando el desierto rumbo a San Luís, luego desviando

hacia puerto peñasco y adentrándome en el desierto cada vez mas.

La nota destacable fue el cruce de un par de coyotes por la carretera.

Otra noche en un techo de estación de servicio y en la mañana de

vuelta a enfrentar el desierto. Paso por Durango, destruido por el

temblor de abril y continúo por el desierto. Fueron momentos muy

duros para la Cimarrona, llegamos a 100 grados Fareheit en la

sombra, según testimonio de José Gutiérrez en el Choial. José era

un mexicano de Tijuana, que durante años anduvo por mal camino.

Se comió cuatro años en prisión, donde se dedico a leer y adquirir

conocimientos. Hoy en día esta en busca de un camino nuevo,

aunque las posibilidades son escasas, cuidando un rancho,

perdido en el desierto… Hablamos de todo, filosofía, política, fútbol

y…desierto.

Me aseguro que todas las personas terminan donde empezó todo.

Hasta ahora sigo reflexionando sobre esa rica charla en el desierto

inhóspito y solitario.

Después de enfriarnos un rato, comienzo la trepada de la montañas

que me separan del Pacifico. En una hora me termino poniendo

dos camperas para paliar el frío, hasta que por fin desemboco en

Ensenada. Fue algo magnifico bajar hacia la ciudad y reencontrarme

con el océano.

Pase la noche en un camping, donde me di un hermoso baño de

agua caliente que alejo el frío de mis huesos. Estaba cerquita de la

Bufadora, y esperaba despertar temprano para conocerla.

Al amanecer junto todo el bagaje y pongo marcha entre los

acantilados de la costa, llegando a la Bufadora. El mar estaba calmo

y el lugar sin gentío, por lo cual me quede largo rato contemplando el

juego del mar y las rocas…y el resoplido final. Era como una ballena

al llegar a la superficie, lanzando todo el líquido interior para respirar

de nuevo.

Al final pensé…bueno arrancandoga hacia Tijuana!

De vuelta los acantilados, hasta llegar a Tijuana, comienzo a

preguntar por donde llego a la frontera, hasta que un conductor me

dice que lo siga, que me dejaba en camino a la divisoria. Fue tan

certero que me dejo directo en los Estados Unidos. Nunca vi la salida

de México, ni su aduana. Directo a un funcionario norteamericano

que me derivo en una oficina con otro. Ambos hablaban ingles y yo

español por lo que se hizo difícil el entendimiento hasta que vino

una rubia que empezó a comprender lo que decía. Al fin me dieron

permiso hasta enero del 2011. Go to Los Ángeles!!!…Agarre la cinco

y me perdí en la freeway rápidamente rumbo a Pomona, parada

obligada para contactar a la gente de Motul. Estaba en tiempo de

cambio de aceite y eso era esencial, por encima de todo el resto.

Llegue en la noche por lo que estuve dando vueltas largo rato hasta

que un mexicano me presto un teléfono. Me empecé a contactar

con los números que Martín me había dado. Su amigo Javier estaba

lejos, Silvana no estaba en la ciudad y a los padres de el no quise

molestarlos. El mexicano me ayudo a esconderme detrás de la

estación de servicio, fuera de la vista de la patrulla y pude pegar

el ojo de a ratos pendiente de todos los movimientos que habían,

arrimado contra la pared, con las piernas extendidas.

Por la mañana me tome un café y fui hasta Motul donde

magníficamente fui recibido por Patty León, secretaria de Dave

Walman, quien era director de la compañía para toda la costa oeste.

Patty arreglo la entrega de aceite, liquido de freno y engrasador

de cadena y una camiseta, amen de que una compañera me diera

dinero para alguna comida. Había tocado sus corazones y por

primera vez en el camino sentía que era posible conseguir ayuda

para continuar el camino. Me dirijo hasta un taller de ventas de

partes automotrices Budget Auto Wrecking donde Ernesto Mendivil y

Octavio Duarte, (los dos mexicanos) me autorizan a cambiar el aceite

y algún detalle más de la Cimarrona.

En la tarde me dirijo hacia San Pedro, lugar donde era posible que

Sebastián desembarcara del crucero. En el camino me encuentro

con José Castro de Sound Centro, un salvadoreño que me ayuda y

me presta su teléfono para comunicarme con el consulado uruguayo

quien me deriva con un club de cultura uruguaya. Después de varias

llamadas y el “nos hubieras avisado quince días antes que venias…

y ahí podíamos hacer algo para ayudarte” prosigo hasta San Pedro.

Una vidrieria, también colabora para el camino. No me podía dar

trabajo pero si un poco de ayuda monetaria.

Sentado en el cordón de la vereda, observo que los dientes del plato

están demasiado filosos, por lo que me dirijo hasta un taller de motos

que había visto en la pacific avenue. Así llego a Century, pregunto a

quien me atiende (el en ingles y yo en español) mostrándole el plato

que posibilidades hay de conseguir un plato igual.

- Un momento – me dice y se dirige al fondo.

Vuelve con un hombre barbado y con los pelos tipo Eisten, pero

oscuro.

- Uruguayo?… y en una zanelita…Que grande!!!

Ese era Claudio Rosso, un argentino en los Ángeles, trabajaba de

mecánico en el lugar. Después de ponerlo al tanto de mi situación,

me propone que venga a la salida del trabajo, que en su casa tiene

algún lugar donde puedo quedarme y allí veríamos que tiene la moto.

Estoy al firme a la salida y lo sigo hasta Newoork. Claudio vive en

una casa rentada, junto a su esposa Marcela Occhione, sus hijos

Sebastián Leandro e Isabella.

Me empieza a mostrar el taller y las motos que ha conseguido por

aquí, revolviéndose en la compra, venta y reparación de motos,

desde su casa y el trabajo en Century.

Se comunica con su grupo de amigos y en los días sucesivos

voy conociendo a los miembros de Los Crotos, grupo motero al

que pertenece. Una noche llega Fernando, un uruguayo. Luego

conozco a Gonzalo “chiquito” Oderda. Un argentino con el corazón

tan grande como su físico. Claudio me lleva al taller de Osvaldo

donde me pongo a reparar el plato trasero. Osvaldo me atiende de

sobremanera, pero no podía solucionar el tema del mal estado del

plato y del piñón.

Claudio organiza un asado entre sus amigos, donde conozco al resto

del grupo, Osvaldo Quinteros, Gustavo Cesareo. Mas tarde viene el

otro Osvaldo con Su esposa y su hija. El chiquito me saca del apuro

de un principio de encaminar el carbón para el asado.

Entraña, chorizos y asado muy similar a nuestra tierra era el plato

fuerte. El tío de Claudio se arrimo también con su esposa.

El entusiasmo era enorme, el hecho de llegar hasta allí y en una

Zanella, tenia un valor mayor para los argentinos.

Pasamos una tarde espectacular, entre bromas, vino y cervezas.

Los días sucesivos sirven para poner la moto a punto para seguir

adelante, salgo en algunos paseos con ella conociendo Holiwood y el

paseo de las estrellas.

Claudio se conecta con un uruguayo Daniel Sosa y empiezan a

hacer una movida en busca de generar recursos.

Mientras sigo las visitas y voy a ver a Chiquito en su taller.

Atlantis Motor Bike en Subset Bvard, Silver Lake. El patrón, John Q

queda enloquecido con la aventura. Al final cargamos la moto en una

camioneta y paso la noche en lo de Gonzalo “chiquito”. La sorpresa

fue encontrarme con dos enormes peceras con igual de tamaños de

peces. En la casa había otro argentino, Javier Saldeña que resulto

ser amigo de la familia de Martín Tanzarelli. Javier se dedicaba a

hacer Tatuajes.

Estuvimos hasta tarde entre historias y bromas. Gonzalo había

tenido casi una historia paralela a la mía, abriéndose camino por si

mismo.

Recibo de parte de Ramón Farias una llamada poniéndose a

disposición en San Francisco, el panorama se empezaba a clarificar.

Empezaba a tener gente adelante, lo que me daba gran entusiasmo.

Todos teníamos la expectativa puesta en el domingo, en la gente

uruguaya. Daniel había mandado mails para mucha gente y toda

la familia de Claudio auguraba buenos presagios. Igualmente tenia

mis reservas, los uruguayos en el camino habian sido pocos, salvo

el grupo de Costa Rica, no había encontrado eco en otros. La

hermana de Marcela una noche me llevo a unas tiendas donde se

compra todo por un dólar, me lleno de comida para el camino y otros

accesorios. No sabía como agradecerle ese acto. Todos ellos habian

demostrado una gran onda para conmigo.

El domingo se presento Daniel Sosa e Irma, dos uruguayos de

ley y comenzamos a preparar la chorizada. Teníamos chorizos

argentinos, salvadoreños e italianos, amen de unas costillas

marinadas tipo México. Con el “chiquito” llegaron John Q y dos

amigos norteamericanos en sendas motos, además Adán Galván y

Fernando López. Osvaldo y familia y los locales Claudio y Familia.

Osvaldo se descolgó regalándome una campera de cuero, un par de

guantes para el frío y una camiseta.

Fue una tarde donde compartimos un gran momento contando

historias. Cada uno hizo su aporte al viaje lo que nos ponía rumbo

a San Francisco al otro día. Daniel e Irma estaban desilusionados,

los uruguayos eran una minoría. Trataba de hacerles comprender

que a lo largo del camino, fuera de mis amistades y alguno mas de

Uruguay, los que me habian dado la gran mano en el la ruta eran

argentinos y el resto de América. Uno nunca es profeta en su tierra.

Algo había recaudado y me permitía seguir en camino.

Esa noche empecé a juntar las cosas para seguir, dejaba un pedazo

de corazón con ellos.

Si hay algo que no tengo muy a menudo son palabras para

agradecer los actos que hace la gente para que cumpla mis sueños.

Esa gente queda grabada a fuego dentro de uno mismo y tal vez

tengamos la ocasión de retribuir algún día tales actos.

El agradecimiento en esta instancia para toda la gente maravillosa

que conocí en los Ángeles, quienes me han puesto en San Francisco

desde donde escribo esto.

San Francisco, sus momentos y su gente va para la siguiente

reseña.

Les mando un abraso antes de continuar hacia el norte.

Ernesto Urrestarasu.